En días anteriores, la noticia que México había reprobado varios rubros de la prueba PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, por sus siglas en inglés) acaparo los titulares de varios medios de comunicación.
Dicha prueba con presencia en más de 90 países coordinada por organismos internacionales, así como nuestra Secretaría de Educación Pública evalúa a jóvenes de 15 años en principalmente tres áreas: matemáticas, lectura y ciencias.
México casi las reprobó todas. Naturalmente esto ha encendido las alarmas, pero también ha incitado una duda ¿Quién tiene la culpa?
En Juárez, así como en México muchos culpan al gobierno federal en turno, la 4T, también se culpa al estado chihuahuense, otros culpan a los maestros, a la falta de infraestructura, se culpa a las secuelas del covid-19, los aparatos tecnológicos como celulares y tabletas, y redes sociales como Tiktok e Instagram.
Es tiempo de cacería de brujas y cualquiera es candidato para culparle de tan mediocres resultados, pero ahora más que nunca debemos pensar detenidamente lo que está pasando, porque este problema si tenemos un mínimo de conciencia, debe resolverse a cualquier costo.
Como ya vienen los tiempos electorales, la responsabilidad de la pésima educación que se ha gestionado recientemente es una lucha entre federación y estado, los guindas contra los azules. Desgraciadamente ambos tienen la culpa.
A nivel federal el modelo de la nueva escuela mexicana, aunque humanista, no es ideal. Son importantes los valores comunitarios, pero de ninguna manera están peleados con matemáticas básicas y lectura, a los cuales se les ha restado importancia. Tampoco es posible reprobar a ningún niño en aras de la exclusión, y esto crea precedentes peligrosos.
Hay que reconocer que el sistema de educación falló.
Por otra parte, para el gobierno chihuahuense sería más útil que en vez de pelearse con la federación por libros de texto con ideología primero atienda el problema de ocupación en el sistema educativo estatal.
Aunque hay maestros que quieren trabajar y necesidad de ellos en muchas aulas de la ciudad, irónicamente no hay plazas para ocuparse o al menos no para quien las busca justamente. Eso por su cuenta sí lo pueden solucionar, con transparencia y efectividad. Además, tener coherencia: si tanto se preocupó el gobierno por la educación de la niñez chihuahuense, demuéstrenlo con lo más básico, un maestro.
Otro aspecto importante es la falta de infraestructura y por tanto responsabilizamos al gobierno. Es correcto en una parte, pero los padres de familia también comparten culpa. Aunque el derecho constitucional a la educación es laico, gratuito e inclusivo también conlleva responsabilidades que hemos olvidado: al leer gratuidad no se quiere poner ni un peso, debemos reconocer las fallas de nuestro sistema y hacer lo posible por remediarlo, pero claro, es más cómodo aceptar una educación e instalaciones mediocres que buscar invertir en la educación de nuestros niños y responsabilizarnos como padres.
Culpar al covid-19 o la tecnología son excusas baratas, ambos son fenómenos mundiales que, aunque le pasaron a todo el mundo no todos se escudan en ello para justificar la mediocridad. Muchos países salieron adelante a pesar de estos escenarios. Además, el satanizar por ejemplo a la tecnología hace que perdamos oportunidades de desarrollo. No es malo que se utilicen los aparatos, el problema es el cómo los emplean.
Debemos ser más objetivos en la planeación educativa, pero sobre todo el rumbo que queremos tomar. Hay que recordar que la escuela no es solo aprender de la vida, es estarse preparando para ella.
Con todo esto no me sorprende que México haya reprobado la prueba PISA. El sistema educativo está fallido y debemos rescatarlo, aunque muchos quieran normalizar la mediocridad. Nadie esta pidiendo super genios en cada aula de la ciudad -aunque sería algo bueno-; solo se pide un mínimo en áreas de conocimiento clave para cualquier ser humano, una simple cuenta matemática, una mínima comprensión lectora para el día a día, tanto para el más noble oficio como para la más compleja profesión. De no hacerlo iremos perdiendo criterio poco a poco: muchos juarenses que obedecen, pocos que se preguntan el porqué.