Esta semana el Banco de la Reserva Federal concretó la exigencia de la realidad económica, aplazada una y muchas veces por presiones meramente políticas.
Nada más y nada menos subió a cuatro por ciento la tasa de interés de referencia como consecuencia de la creciente inflación que decisiones como la guerra con Irán le infligen a mercados y consumidores. Sus efectos son variados y para fines prácticos, devastadores para la economía.
Quién iba a pensar que el presidente de Estados Unidos prometió acabar con la inflación de “Sleepy Biden” pero terminó por hacer precisamente lo contrario. Hoy, se cuentan por millones los arrepentidos de votar por Trump, por “bluffer Trump”.
Es tan complicada la situación de millones de personas en EU que localmente se pueden ver algunos “patriotas MAGA” comprando en centros comerciales de esta frontera. Y vienen a Juárez porque es más que evidente que de aquel lado no les alcanza.
En El Paso, podemos ver gasolina a 4.20 dólares el galón. El diésel, que el martes andaba por ahí de los 5.94, ayer rebasó los 6.10. dólares. Más adentro de Texas se encuentran precios de hasta 6.30.
Lo anterior es fiel reflejo de la guerra con Irán. Millones de norteamericanos en todo el territorio de EU sufren en carne propia los aumentos a las tasas de interés en tarjetas, autos y vivienda; ello sin mencionar precisamente el alto costo de los combustibles y, por si fuera poco, el encarecimiento de fertilizantes para los alimentos en el campo.
Ahora mismo, la deuda de tarjetas de crédito en ese país es de 1.3 billones de dólares, equivalente al PIB de Holanda, -país pequeño pero muy rico, que brinda contexto al dato-. Este compromiso para los norteamericanos se sigue encareciendo gracias a las malas decisiones de su gobierno. Un aumento en tasas, es obviamente perjudicial.
Sin embargo, los efectos nocivos alcanzan a ciudades como Juárez, donde las condiciones de empleo han decaído debido a la baja en el consumo en Estados Unidos; las empresas manufactureras son una extensión del sector industrial de ese país y responden a dichas condiciones económicas.
La decisión de la administración Trump de ir de la mano con Israel para lanzar una inexplicable operación militar contra Irán, no fue consensuada ni con el Congreso norteamericano, menos con los ciudadanos que como consecuencia de ello, pagan ahora tasas más altas y un combustible que no para de subir. Y nadie sabe en realidad porqué su presidente sostiene unilateralmente esa guerra que todos pagan menos él.
Al arrancar el 2026, la principal tasa de interés, que es la de los bonos a 10 años, se ubicaba apenas por encima del 4.17 por ciento, y el fin de semana que recién concluyó superaba 5.004 por ciento; este nivel es el mismo que se alcanzó previo a la crisis de las hipotecas en 2007.
El aumento está directamente relacionado con la trayectoria que lleva la inflación; y ésta, 100 por ciento conectada a los aumentos en el precio del petróleo y sus derivados.
Antes de continuar, es necesario saber que un solo punto en el aumento a la tasa “madre” del mercado, tiene un enorme costo en el pago de intereses de la deuda soberana de EU que ya supera los 40 billones de dólares; allá les dicen trillones.
Baste decir que, solo en intereses, EU pagará este año un billón 130 mil millones de dólares, cifra que supera al gasto militar ubicado alrededor de 970 mil millones de dólares.
La tasa a 10 años también influye en el costo de hipotecas, autos, tarjetas de crédito y préstamos empresariales, encareciendo los pagos mínimos mensuales de cada uno.
Regresando con el tema del petróleo, hay que recordar que antes de la guerra contra Irán, el precio del barril tipo Brent, era de 60 dólares con 75 centavos, el dos de enero.
El 18 de septiembre rondaba los 104 dólares, pero durante el año ha tenido picos de hasta 114 dólares conforme se han presentado incidencias como el cierre del estrecho de Ormuz, esa famosa franja de mar por donde cruza una quinta parte del crudo y derivados del mundo.
Luego entonces, Estados Unidos pierde por partida doble: paga miles de millones más en intereses, y también combustibles más caros.
Todo ello sin mencionar el costo de financiar las acciones hostiles, cuya factura suma más de 38 mil millones de dólares hasta el primero de agosto de este año que corre.
Se puede decir que si el problema se quedase en Estados Unidos sería algo de pena ajena o con preferencia a verlo de “lejitos”. Ahí es donde muchos se equivocan, el efecto de tasas altas y petróleo igual de caro se esparce como pólvora en el mundo, como plaga devoradora.
Japón, por ejemplo, que lleva décadas dedicado a financiar inversiones alrededor del mundo con yenes convertidos a dólares, a tasas de casi cero, está sufriendo enormemente para contener una debacle.
Los nipones tienen una enorme deuda nacional, que al igual que Estados Unidos, le cuesta mucho poder financiar y pagar intereses. Su moneda está constantemente sujeta a especuladores.
La inflación los está carcomiendo, y ya tuvieron qué subir su tasa de interés de referencia. La tasa que manejan los mercados de deuda también ha subido.
Para poder hacerle frente a esto, Estados Unidos y el Banco de Japón, llevan ya dos intervenciones con cañonazos multimillonarios de dólares para apuntalar el yen en el año, pero hasta ahora todo han sido curitas frente a heridas profundas y de gran magnitud.Si Japón se ve comprometido a tal punto de que se les caiga su moneda, no van a tener más opción que deshacerse de los bonos de deuda norteamericana que tienen en sus manos, y con ello ocasionar una bajada en su precio; como efecto inmediato subirían más las tasas de interés, ya de por sí altas.
Obviamente que todo dependería de la velocidad y monto que Japón decidiera vender, pero ocasionaría un temblor financiero, sin lugar a ni una sola duda.
Es la consecuencia de la inflación, principalmente.México tampoco es ajeno. El alto endeudamiento que sufre el país, aunado a aumentos de tasas en bonos en el resto del mundo, están creando desestabilidad al tipo de cambio.
Nuestro país, por esa razón sufre también una minusvalía en sus exportaciones que ya le pegó duro al empleo en todo el territorio, no solo en Ciudad Juárez.
Esta frontera trae una tendencia de pérdida de plazas en el ámbito maquilador desde 2023, pero este año se ha agravado a raíz de las condiciones que viven millones de consumidores en Norteamérica por la guerra.Por otra parte, tras el anuncio de que la Reserva Federal iba a subir su tasa de referencia para contener la inflación, el tipo de cambio volvió a sufrir hasta ubicarse alrededor de 17.25 pesos por dólar. Esta inestabilidad no es buena para los negocios.
Japón y México, son solo dos ejemplos de países que resienten en sus economías la decisión unilateral de Donald Trump por tratar de reventar a Irán de la mano de quien se cree el Moisés hebrero, Netanyahu.
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La administración Trump se lleva una medalla en hacerle la vida difícil a su población, y por increíble que parezca, le hinca más el diente a su base de votantes agrícolas.No todo queda en tasas y petróleo, ya que los fertilizantes que se producen en el Medio Oriente han estado subiendo de precio, pegando duro golpe a agricultores alrededor del mundo.
Ha intentado Trump culpar a Zelensky, el presidente ucraniano y sus constantes bombardeos a las refinerías rusas, pero el aumento del diésel ya venía en subida desde antes, agravado luego con el cuello de botella en Ormuz.
Suponiendo que la gasolina no subiera, como lo ha hecho hasta ahora rebasando los cuatro dólares el galón, pero si lo hiciera el diésel, aun así, supone un golpe inflacionario porque las mercancías se mueven en camiones que usan ese carburante.
En el tema de los fertilizantes, los productos nitrogenados como urea y amoniaco han aumentado de precio entre 16 y 20 por ciento el último año, propinando triple golpe.
Esos aumentos en los fertilizantes, aunados a los del diésel, golpean duro a agricultores, pero quien paga el precio final, son los consumidores. Ahí se ve el triple golpe.
Es evidente que, si el conflicto se alarga, las consecuencias y efectos, como ya se mostró aquí, seguirán siendo perjudiciales para la vida de todo mortal que habita el planeta.
Furia Épica y León Rugiente llevan en el nombre la altivez, soberbia y arrogancia de la administración Trump y su cómplice israelí. En los hechos, acarrearon ya una cadena de efectos nocivos que amenazan al resto de la humanidad.
Solo por el emperramiento de uno, o de dos.