El sol apenas despuntaba sobre el horizonte de El Paso la mañana del 22 de agosto cuando un evento trágico sacudió a la comunidad.

A las 6:35 am, en el campus de la Franklin High School, un policía del Distrito Escolar Independiente de El Paso (EPISD) disparó y mató a Julio César Cordero, un ex agente del FBI retirado que, según un informe de muerte bajo custodia, estaba armado con una “gran roca” y había roto varias ventanas antes de ser abatido. Cordero, de 56 años, fue descrito como un agente condecorado que dedicó su vida a la justicia, pero en sus últimos años luchó contra problemas de salud mental que lo llevaron a este trágico desenlace.

La muerte de Cordero ha dejado a la comunidad sumida en preguntas e incertidumbres.

La investigación está siendo liderada por los Texas Rangers, con la colaboración del Departamento de Policía de El Paso, en busca de respuestas sobre los eventos que culminaron en su fallecimiento.

Julio César Cordero había sido una figura destacada en la historia de la ley y el orden en El Paso. Ingresó al FBI en 1996 y se retiró en 2019 tras una carrera marcada por la valentía y el compromiso. Fue el principal investigador de la Operación Poisoned Pawns, una de las más grandes investigaciones de corrupción pública en la historia de la ciudad. Sin embargo, tras su retiro, Cordero comenzó a mostrar signos de deterioro en su salud mental.

Según declaraciones de su hermano en entrevistas a medios de comunicación, Cordero había estado lidiando con episodios maniacos, paranoia y síntomas de trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés).

“Tomaba medicamento, se recuperaba y luego lo dejaba, y el ciclo continuaba”, explicó su hermano. Los problemas de salud mental de Cordero se intensificaron hasta convertirse en una lucha constante que, al parecer, lo llevó al fatal incidente en la escuela.

La Franklin High School, escenario de la tragedia, es el lugar donde asiste su hijo, uno de los cuatro descendientes que deja huérfanos Cordero. Es en esta misma escuela donde, la mañana del 22 de agosto, los oficiales del EPISD respondieron a una llamada al 911 que alertaba de un hombre rompiendo ventanas. Cuando el oficial llegó al lugar, según el informe, se encontró con Cordero, quien no cumplió con las órdenes verbales y, tras un intento fallido de detenerlo con “métodos menos letales”, levantó una gran roca y se movió hacia el agente. El oficial, al sentirse amenazado, disparó.

La falta de detalles sobre los “métodos menos letales” utilizados y la proximidad entre Cordero y el agente en el momento del disparo han alimentado las preguntas de una comunidad que aún trata de entender lo sucedido. Además, el informe no especifica cuántas veces fue disparado Cordero ni el tamaño exacto de la “gran roca” que supuestamente llevaba.

El Distrito Escolar Independiente de El Paso estableció su propio departamento de Policía en 1989, con oficiales armados que poseen los mismos poderes de arresto que la Policía de la Ciudad, encargados de proteger a los estudiantes, maestros y personal en las escuelas y otras instalaciones del distrito. Sin embargo, el hecho de que un incidente tan trágico haya ocurrido en el campus de una escuela ha dejado a muchos preguntándose si se podrían haber tomado medidas diferentes para evitar este desenlace fatal.

Más allá de los eventos de ese día, los que conocieron a Julio César Cordero lo recuerdan por su dedicación a la comunidad. “Dedicó su vida a servir y proteger a su comunidad, personificando una integridad y valentía inquebrantables”, rezaba su obituario. “Su compromiso con la aplicación de la ley le valió elogios y el respeto de sus colegas y del público por igual”.

Cordero también fue un padre amoroso y un hombre de familia. Su mayor alegría, decía su obituario, provenía de su familia. Ahora, su familia, amigos y comunidad se preparan para despedirlo. Las visitas al funeral se llevarán a cabo el jueves 12 de septiembre de 4 pm a 8 pm, con un servicio de oración a las 6 pm en Sunset Funeral Home East, en 750 N. Carolina Drive. La misa fúnebre se celebrará el viernes a las 10:30 am en la Catedral de San Patricio, en 1118 N. Mesa Street.

Mientras la investigación sigue su curso, la comunidad de El Paso lamenta la pérdida de un hombre que, a pesar de sus batallas personales, había dado tanto por su ciudad. Las preguntas sobre su muerte aún no tienen respuesta, pero la memoria de Julio César Cordero como un héroe caído persiste en los corazones de quienes lo conocieron.

 

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