Ciudad de México— Estados Unidos concedió a México una prórroga adicional para realizar cambios en su política comercial y evitar así un nuevo incremento arancelario que estaba previsto para entrar en vigor este sábado 1 de noviembre, informó el lunes la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

“No hay ninguna situación, por lo pronto, en donde pudiera haber el 1 de noviembre algún arancel especial”, declaró la mandataria durante su conferencia de prensa matutina, donde detalló que mantuvo una comunicación telefónica “muy breve” con el presidente estadounidense Donald Trump durante el fin de semana.

Según explicó Sheinbaum, la conversación con Trump tuvo lugar el sábado y se centró exclusivamente en temas comerciales.

Específicamente, hablaron de las 54 barreras no arancelarias que la administración estadounidense considera perjudiciales para su economía.

“A mí me interesaba que no llegara el 1 de noviembre sin que nos hubiéramos comunicado y que estuviéramos de acuerdo en que nuestros equipos seguían trabajando”, expresó la presidenta mexicana, quien añadió que ambos mandatarios acordaron darse “unas semanas más para poder cerrar el tema”.

Los dos líderes pactaron volver a comunicarse en algunas semanas para evaluar si el acuerdo sobre estas barreras comerciales está listo para su conclusión.

Antecedentes de la amenaza

En julio pasado, el presidente Trump amenazó con imponer aranceles del 30 por ciento a todos los productos procedentes de México. Sin embargo, posteriormente concedió al país vecino un aplazamiento de 90 días para negociar con Estados Unidos. Ese período de gracia expiraba precisamente este sábado.

La amenaza más reciente de Trump incluía la imposición de gravámenes a partir del 1 de noviembre, específicamente a los vehículos de carga pesada, medida que ahora queda suspendida con la nueva extensión acordada.

Las exigencias de Washington

La Casa Blanca ha solicitado a México que elimine lo que denomina 54 barreras al comercio que no son aranceles, incluyendo disputas sobre propiedad intelectual y otros obstáculos regulatorios que, según Washington, dificultan el intercambio comercial entre ambas naciones.

Esta demanda se suma a las presiones cada vez mayores de Estados Unidos para que México presente resultados concretos en su lucha contra los cárteles del narcotráfico, un tema que ha adquirido mayor relevancia en las negociaciones bilaterales.

Aranceles ya vigentes

Actualmente, Trump ya ha impuesto un arancel del 25 por ciento a las importaciones mexicanas que no estén contempladas en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), además de gravámenes del 50 por ciento al acero y aluminio. Estos impuestos son considerados de los más preocupantes para el país latinoamericano.

Desde la implementación de estos aranceles, las empresas mexicanas han realizado cambios significativos en sus procesos productivos para que sus productos cumplan con los requisitos del acuerdo de libre comercio y así evitar los gravámenes. Las autoridades mexicanas han señalado que casi el 90 por ciento de las exportaciones del país a Estados Unidos están dentro del marco del T-MEC y, por tanto, no están sujetas a estos impuestos.

Incertidumbre persistente

A pesar del acuerdo alcanzado, la presidenta Sheinbaum no descartó posibles sorpresas dada la naturaleza impredecible de las decisiones de Trump. “Siempre hay lo que pueda ocurrir con el presidente Trump”, advirtió la mandataria.

Tampoco está claro si los aranceles del 30 por ciento amenazados por Trump constituirían un aumento de cinco puntos porcentuales sobre los aranceles existentes del 25 por ciento, o si se trataría de un conjunto totalmente nuevo de gravámenes adicionales.

Gestiones intensificadas

Mientras tanto, el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, se encuentra esta semana en Corea del Sur participando en la reunión del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), donde planea reunirse con su homólogo estadounidense para cerrar las negociaciones o, al menos, lograr un nuevo retraso en la imposición de más aranceles a México.

Desde mediados de octubre, el gobierno de Sheinbaum ha acelerado las gestiones diplomáticas con Estados Unidos en un contexto regional cada vez más complejo y desafiante.

Contexto regional complicado

Las negociaciones entre México y Estados Unidos se desarrollan en medio de un escenario hemisférico particularmente tenso. Por un lado, se ha registrado un agravamiento de las tensiones de la Casa Blanca con Venezuela y Colombia en temas de seguridad, incluyendo ataques a embarcaciones por parte de la administración Trump y los movimientos de un buque de guerra estadounidense en el Caribe, lo que ha generado temor sobre futuras acciones militares estadounidenses contra el crimen organizado en otros países de la región.

Por otro lado, Trump anunció recientemente la ruptura de “todas las negociaciones comerciales” con Canadá, justo cuando está por iniciarse la revisión del T-MEC, programada para 2026. Este tratado de libre comercio es considerado clave para la economía de las tres naciones y su defensa ha sido una de las prioridades tanto del Gobierno mexicano como del canadiense ante las constantes arremetidas arancelarias de Washington.

Relación estratégica México-EU

México y Estados Unidos son los mayores socios comerciales entre sí, con un intercambio bilateral que supera los 800 mil millones de dólares anuales. A diferencia de Canadá, con quien Trump ha adoptado un enfoque cada vez más beligerante y confrontativo, México ha logrado forjar una relación de colaboración con la administración Trump.

Esta dinámica se ha conseguido en parte porque el Gobierno mexicano ha realizado concesiones importantes en materia de seguridad y migración para mitigar las exigencias de Trump, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera Sur y la implementación de programas para contener el flujo migratorio hacia Estados Unidos.

Negociación continua

Las llamadas presidenciales para ganar tiempo se han convertido en uno de los ejes fundamentales de la complicada negociación entre ambos países, permitiendo a México mantener abiertos los canales de diálogo mientras trabaja en atender las demandas estadounidenses.

La estrategia de la presidenta Sheinbaum ha consistido en mantener una comunicación directa y constante con Trump, evitando que las amenazas arancelarias se materialicen mientras los equipos técnicos de ambos países continúan trabajando en resolver los puntos de fricción comercial.

El nuevo plazo concedido por Washington representa un respiro para la economía mexicana, aunque mantiene la presión sobre el gobierno de Sheinbaum para demostrar avances concretos en las próximas semanas y evitar un impacto devastador en el comercio bilateral que podría afectar a millones de empleos en ambos lados de la frontera.

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