Tucson, Arizona— Cuando Stuart Sepúlveda llega a la parroquia católica romana de San Francisco de Sales en Tucson, Arizona, para la misa, a la que asiste casi todas las mañanas, pasa junto a una vitrina en honor a los soldados locales e invita a los feligreses a rezar por su seguridad. Cientos de tarjetas pequeñas registran sus nombres: Robles, Arenas, Grajeda. Un retrato del Papa León XIV cuelga al otro lado del vestíbulo.

Sepúlveda, de 81 años, es un veterano de Vietnam cuyo patriotismo y catolicismo están profundamente entrelazados. Votó por el presidente Donald Trump en tres ocasiones, pero nunca se había sentido tan traicionado por un presidente estadounidense como cuando Trump calificó a León de “blando con el crimen” y “terrible para la política exterior”.

“Me perturbó mucho escucharlos chocar como lo hicieron”, dijo Sepúlveda, de pie frente a la iglesia una mañana de esta semana. Ahora se replantea si votará por los republicanos este año.

El Partido Republicano lucha por mantener el apoyo de los votantes hispanos que ayudaron a catapultar a Trump de regreso a la Casa Blanca en 2024.

Sin embargo, mientras muchos líderes del partido han reconocido la urgente necesidad de frenar el retroceso entre los latinos, el presidente ha enfurecido incluso a algunos de sus seguidores más firmes al enfrentarse al Papa.

El Domingo de Pascua, León, el primer pontífice nacido en Estados Unidos, habló de la necesidad de “abandonar todo deseo de conflicto, dominación y poder, e implorar al Señor que conceda su paz a un mundo devastado por las guerras”.

En cuestión de días, Trump, quien ha llevado a Estados Unidos a una guerra con Irán, dijo que el Papa estaba “complaciendo a la izquierda radical” y publicó una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparece representado como una figura similar a Jesús. Trump eliminó después la imagen, alegando que creía que lo representaba como un médico.

“Simplemente no es lo que debe hacer un presidente”, dijo Sepúlveda. “El Papa habla en nombre de su pueblo. Está más allá de la política”.

Trump obtuvo el 55% de los votos católicos en las elecciones de 2024, frente al 43% que votó por la ex vicepresidenta Kamala Harris, según el Pew Research Center. Las ganancias más significativas provinieron de los católicos hispanos. Si bien Joe Biden ganó sus votos por un margen de 35 puntos en 2020, la ventaja demócrata se redujo a 17 puntos en 2024. Ahora, apenas el 18% de los católicos hispanos dijo apoyar la mayor parte o la totalidad de la agenda de Trump, según una encuesta de Pew publicada a principios de este año.

Si la disputa del presidente con el Papa aleja a más latinos del Partido Republicano, podría afectar las contiendas de mitad de período en todo el país, incluidas las del Sur de Florida y el Sur de Texas, donde los republicanos han logrado victorias importantes en distritos de mayoría hispana en los últimos años.

En el 6.º Distrito Congresional de Arizona, que se extiende desde el Norte de Tucson hasta la frontera con México, los votantes aún sopesaban las consecuencias esta semana.

El distrito está dividido de manera casi equitativa entre republicanos, demócratas e independientes. Casi un tercio del distrito es hispano, y hay una población significativa de miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, así como una gran comunidad católica con profundas raíces en la región. También cuenta con uno de los mayores números de veteranos militares de todos los distritos congresionales del país.

“El presidente busca llamar la atención con todo”, dijo María Ramos, de 60 años, quien asiste regularmente a la misa de los días de semana en San Francisco. Independiente registrada, habitualmente vota por los demócratas, pero a menudo se abstiene si considera que un candidato es demasiado liberal. “Cree que puede poner a Dios en su lugar. Se está entrometiendo en países que no controla: quiere controlar el mundo”.

“No es sólo una falta de respeto muy grave, es un pecado mortal”, dijo, moviendo la cabeza. Una palabra le viene a la mente una y otra vez, dijo: asco.

Como tantos otros en el Sur de Arizona, Ramos tiene varios familiares que sirven en el Ejército, un camino que vieron como una forma de servir al país y de acceder a una clase media estable. Muchos de ellos, dijo, votaron por Trump para la presidencia.

El distrito de Tucson es considerado hoy uno de los más competidos del país. El republicano Juan Ciscomani ganó el distrito por un estrecho margen en 2022, en parte por enfatizar su historia como inmigrante mexicano y padre dedicado de seis hijos. También es cristiano evangélico, un grupo que ha impulsado gran parte del crecimiento entre los votantes hispanos republicanos en los últimos años.

Ciscomani declinó una solicitud de entrevista, pero cuando un locutor de radio local le preguntó qué pensaba de los comentarios de Trump “como hombre de fe”, evitó criticar al presidente y dijo: “Pueden confiar en que no verán ningún meme así salir de mi cuenta”.

JoAnna Mendoza, la demócrata que desafía a Ciscomani este otoño, ha hecho de su carrera de 20 años en la Marina y los Marines de Estados Unidos un elemento central de su campaña. Aunque rara vez habla de sus antecedentes religiosos y ya no se considera católica practicante, dijo que brevemente consideró hacerse monja de adolescente. Criticó a Ciscomani por no condenar los comentarios del presidente.

“No puedes hacer de la fe una parte central de tu campaña y luego permitir que esto quede así”, dijo en una entrevista.

En todo Tucson, los católicos latinos, independientemente de sus preferencias de voto anteriores, fueron igualmente rápidos en condenar los comentarios del presidente.

Cuando Cecilia Taisipic, de 71 años, se enteró, dijo que se estremeció de vergüenza por su voto a favor de Trump en 2024.

“Pensé que haría mejor al país, pero al parecer es lo contrario”, dijo al salir de la misa en San Francisco esta semana. Está tan hastiada de la política, dijo, que probablemente no vote en absoluto este año. “Cuando se trata de mi fe, no me gusta que nadie la cuestione. Ahora no quiero escuchar nada en las noticias. Sólo quiero rezar”.

Matilde Robinson Bours, de 63 años, imparte una clase semanal de estudio bíblico en español en la parroquia de Santo Tomás Apóstol y, como casi todas las mujeres de su clase, emigró de México hace décadas. Ha votado por los republicanos en casi todas las elecciones desde que se naturalizó ciudadana. Aunque nunca le ha agradado Trump, dijo, sus comentarios sobre el Papa la enfurecieron más que cualquier otra cosa que haya dicho o hecho en el pasado.

“Esto superó todo, toda norma social y política. Esto es algo personal para todos los católicos”, dijo. “La arrogancia y el ego son repugnantes. ¿Creer que él es Dios? El Papa tiene todo el derecho y la responsabilidad de hablar sobre la paz”.

Sin embargo, Robinson Bours dijo que nada le impedirá volver a apoyar a los republicanos este año. Le ha alegrado que sus hijos adultos hayan dejado de apoyar a los demócratas en las últimas elecciones.

“Casi todos los que conozco piensan como yo”, dijo.

Patricia Martínez, de 86 años, quien lleva años asistiendo al mismo estudio bíblico que Robinson Bours, movió la cabeza en señal de desacuerdo. Dijo que no puede imaginarse votando por un republicano que apoye a Trump.

“Esto es diferente: esto demuestra que está fuera de sí”, dijo Martínez. “Debemos tener un respeto básico y enseñárselo a la gente en este país”.

Patrick Robles, de 24 años, originario de Tucson, pasó años alejado de la Iglesia Católica Romana, pero retomó su fe más recientemente. “La locura del mundo me llevó a buscar algunas respuestas”, dijo. Ahora asiste a misa en la Catedral de San Agustín en el centro de Tucson, a pocas cuadras de la oficina donde trabaja como asistente de la representante Adelita Grijalva, demócrata.

Robles dijo que ve la batalla de Trump con el Papa tanto como un agravio personal como una oportunidad política.

“El presidente básicamente está intentando trazar una línea entre los católicos y lo que percibimos como patriotismo”, dijo. “Creo que podemos ser ambas cosas”.

La semana pasada, le envió un mensaje de texto a uno de sus tíos que ha apoyado a Trump en todas las elecciones, preguntándole qué pensaba.

“Me temo que necesitamos intervención divina”, respondió el tío.