El cáncer de páncreas es considerado uno de los más agresivos y mortales en Estados Unidos. De acuerdo con datos de la American Cancer Society, cada año se diagnostican decenas de miles de nuevos casos, y la enfermedad causa la muerte de más de 50,000 personas en el país.
La tasa de supervivencia a cinco años sigue siendo baja, principalmente porque en la mayoría de los pacientes se detecta cuando ya se encuentra en etapas avanzadas. Su carácter silencioso es uno de sus rasgos más devastadores. Los síntomas —dolor abdominal persistente, pérdida de peso, fatiga, ictericia o problemas digestivos— suelen confundirse con otros padecimientos menos graves. Cuando finalmente se identifica, muchas veces el cáncer ya se ha extendido a otros órganos. Eso fue lo que ocurrió con Yanell.
Durante años Yanell Rocha vivió con dolores intensos en el abdomen, inflamación y malestares constantes. Visitó salas de emergencia en repetidas ocasiones. Le realizaron tomografías, ultrasonidos y radiografías. No había respuestas claras.
“El dolor era exageradamente horrible y no se quitaba ni con morfina”, recuerda la mujer de 40 años. Sin embargo, los estudios no mostraban nada concluyente.
Hoy sabe que mientras buscaba una explicación, la enfermedad avanzaba en silencio. “Recibí mi diagnóstico el 3 de febrero, y era algo increíble para mí… cuando te dicen esa noticia, no sé, tu mente vuela, te paralizas… no lo puedo creer hasta el día de hoy”, relató Yanell al compartir su historia con los medios de comunicación.
Con el diagnóstico confirmado y la metástasis en el hígado, el panorama cambió radicalmente. El tratamiento debe comenzar de inmediato. En los próximos días viajará a Houston para buscar atención especializada en el reconocido MD Anderson Cancer Center, uno de los centros oncológicos más importantes del país.
“Es un cáncer muy agresivo, y más cuando se sale de un órgano a otro”, afirma, consciente de la magnitud del desafío que enfrenta.
Madre de dos hijos —uno de 20 años y otro de apenas ocho—, Yanell asegura que su mayor temor no es la enfermedad, sino la posibilidad de dejarlos. Especialmente su hijo menor, quien, dijo, aún la necesita profundamente.
A pesar del miedo y la incertidumbre, Yanell no habla de rendirse. Habla de luchar. De estar presente. De ver crecer a su hijo menor. De acompañar al mayor en sus propios pasos hacia la vida adulta.
“La mamá es muy importante… eso me da fuerza. Tengo que luchar porque mi niño me necesita”, repite.
En medio del diagnóstico devastador, su historia también es un llamado de alerta. Insiste en la importancia de escuchar al cuerpo y buscar segundas o terceras opiniones médicas cuando algo no se siente bien. “Uno conoce su cuerpo… si un doctor no te pudo ayudar, hay que seguir buscando hasta saber qué está pasando”, aconseja.
El tratamiento oncológico, los traslados y la estancia en Houston representan un fuerte impacto económico para la familia. Por ello, sus seres queridos abrieron una campaña en la plataforma GoFundMe —https://www.gofundme.com/f/travel-and-care-for-yanells-cancer-battle— para solicitar el apoyo de la comunidad.
Mientras se prepara para iniciar quimioterapia, Yanell enfrenta uno de los momentos más duros de su vida con la fortaleza que solo una madre puede entender: la de quien no quiere irse todavía, porque sabe que aún la necesitan.
Y es que en un país donde el cáncer de páncreas sigue cobrando cientos de vidas cada semana, su historia pone rostro humano a una estadística fría. Y recuerda que detrás de cada número hay una familia, un sueño pendiente y una batalla que merece ser acompañada. (Jaime Torres/El Diario de El Paso)