“Se les vino la noche, llegó el día. Esto es algo que el venezolano esperó por más de una década”, expresó Juan Martínez, propietario de Arepa’s Stand, durante una celebración que reunió a decenas de venezolanos en El Paso el sábado.

La comunidad venezolana en esta ciudad fronteriza salió a las calles para festejar lo que calificaron como un acontecimiento histórico: la exitosa incursión militar estadounidense denominada “Resolución Absoluta”, que derivó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, a quien acusan de encabezar una estructura criminal ligada al narcotráfico y al terrorismo.

La celebración tuvo lugar frente al negocio de comidas de Martínez, ubicado en el 3241 Zaragoza Rd., donde un grupo de venezolanos se congregó con banderas, camisetas tricolores, música tradicional y expresiones de júbilo.

Martínez, acompañado de su esposa Dalihennys Rincón, compartió su sentir durante la manifestación pacífica y ordenada.

“Desde el 28 de julio de 2024 pensábamos que habíamos ganado y nos robaron esa victoria, pero hoy, gracias a Estados Unidos, a la presión internacional y al trabajo incansable de una mujer de hierro como María Corina Machado y del presidente Edmundo González, esto es una realidad”, expresó.

El comerciante afirmó que la operación representó el mayor despliegue militar en el Caribe en la historia del continente, con el objetivo de liberar a un país que, dijo, permaneció “secuestrado por más de 25 años”.

Visiblemente emocionado, Martínez señaló que nunca pensó que un venezolano pudiera sentir alivio ante una acción militar en su propio país, pero sostuvo que el contexto lo explica.

“Jamás un venezolano se alegraría por la desgracia de otro, pero hoy salimos felices en Madrid, en Suiza, en Estados Unidos. En cada rincón del planeta hay un venezolano celebrando”, dijo.

El costo del régimen

Martínez describió las consecuencias que, a su juicio, dejó el gobierno de Maduro: pobreza, miseria y un éxodo sin precedentes.

“Un país rico fue llevado a la miseria. Millones tuvieron que cruzar hasta siete países, caminar por el Darién, una de las selvas más peligrosas del continente, para buscar seguridad y libertad. Destruyeron un país”, afirmó.

La pareja relató que se enteró de la operación durante la madrugada, luego de recibir mensajes de familiares en Venezuela que decían simplemente: “Llegó el momento”. Desde entonces, siguieron la información a través de redes sociales y medios de comunicación, sin poder dormir.

“Yo tenía que trabajar a las 3:30 de la mañana. Dormí apenas 20 minutos y desde entonces no he pegado el ojo”, comentó Martínez, quien junto a su esposa atiende diariamente el puesto de comida.

Respuesta a críticas

Martínez también respondió a las críticas de quienes se oponen a la incursión militar, argumentando que Venezuela ya había perdido demasiado.

“Venezuela ha estado invadida durante 25 años por intereses extranjeros: rusos, iraníes, chinos, cubanos. ¿Y con qué beneficio? Hospitales sin insumos, escuelas vacías, apagones constantes. ¿Qué más podía perder el venezolano? Sólo puede ganar”, expresó.

El comerciante dijo confiar en que una transición encabezada por María Corina Machado y Edmundo González permita reactivar el aparato productivo, la industria petrolera y devolverle dignidad al país.

“Hoy hay gente que no tiene qué comer, que no tiene luz desde hace 15 horas, y aun así dice que está feliz. Eso parece increíble, pero es real”, afirmó.

Emociones encontradas

Por su parte, Dalihennys Rincón describió la jornada como una mezcla intensa de emociones: “No hemos dormido desde la madrugada. Es una mezcla entre alegría y ganas de llorar. Es indescriptible”, dijo.

La pareja llegó a Estados Unidos en 2015 huyendo de la represión política. Relataron que pensar diferente en Venezuela podía significar cárcel o muerte. En El Paso, dijeron, lograron reinventarse y construir un negocio, pese a contar con estudios universitarios en Educación Social.

Voces de esperanza

Otro de los asistentes, Juan Luis Martínez, quien llegó a Estados Unidos desde Chile bajo el programa de ‘parole humanitario’, afirmó que la noticia era “una crónica de una muerte anunciada”.

“Todos los venezolanos en la diáspora estamos felices. Son más de 25 años de un país secuestrado por un modelo económico caduco que llevó al país más rico de Latinoamérica a la miseria”, señaló.

Reconoció que vienen momentos difíciles, pero necesarios. “Primero hay que aprender a gatear y luego a caminar. Hay esperanza, y esa es la última que se pierde”, dijo, agradeciendo al presidente Donald Trump, a las Fuerzas Armadas estadounidenses y a los líderes de la oposición democrática venezolana.

Finalmente, Gerardo Bustos y Yaraví Gamboa, padres de tres hijos –Lorenzo, Loriana y Adriana–, coincidieron en que el momento simboliza libertad.

“Felicidad y libertad. Eso significa. Son demasiados años cautivos en una pesadilla”, expresaron, mientras portaban banderas venezolanas.

Aunque admitieron que existe incertidumbre sobre lo que sigue, afirmaron que mantienen la fe. “Dios está guiando todo”, dijeron los nativos de Ciudad Ojeda, en el estado de Zulia.

Para todos los presentes, el deseo es el mismo: volver algún día a una Venezuela libre, reencontrarse con sus familias y cerrar un ciclo de exilio que, aseguran, nunca fue una elección, sino una necesidad para sobrevivir.