La tribu Tigua del Condado de El Paso ha elegido a Johnny Hisa como su nuevo cacique, el máximo cargo de liderazgo tradicional y cultural, en una votación realizada el 31 de diciembre que también renovó varios puestos clave del gobierno tribal.

Hisa, de 79 años, asume el liderazgo de Ysleta del Sur Pueblo tras el fallecimiento en agosto del cacique José G. Sierra Sr., quien ocupó el cargo durante años. El nuevo líder tomó posesión el martes 6 de enero junto con otros funcionarios tribales electos, incluido el gobernador tribal E. Michael Silvas, quien fue reelegido.

“El liderazgo del cacique Hisa se define por el servicio, la humildad y la preservación cultural”, declaró Silvas en un comunicado. “En un momento en que muchas tradiciones se han desvanecido, su papel se centra en la continuidad: enseñar, guiar y proteger lo que ha sostenido al Pueblo durante generaciones”.

Nacido en la reservación en 1946, Hisa ha dedicado su vida a la preservación de las prácticas ceremoniales y culturales de la tribu. A lo largo de los años ha ocupado prácticamente todos los puestos importantes dentro de la estructura tribal, incluyendo danzante tradicional, mayordomo, capitán, gobernador, teniente gobernador y alguacil.

Según el comunicado oficial, Hisa es ampliamente conocido como un líder discreto que prioriza la protección de las prácticas ceremoniales, la mentoría de líderes tradicionales y la transmisión de las costumbres ancestrales a las futuras generaciones, sin buscar reconocimiento público.

Historia de resistencia

Ysleta del Sur Pueblo, parte de la nación Tigua, es una de las comunidades indígenas más antiguas de Texas. Sus miembros son descendientes de los indios Pueblo que huyeron de Nuevo México durante la Rebelión Pueblo de 1680 contra los colonizadores españoles, estableciéndose en lo que hoy es el área de Ysleta en El Paso.

La tribu fue reconocida federalmente en 1968, después de siglos de luchar por mantener su identidad cultural y territorial. En la actualidad, cuenta con más de 4,200 miembros en todo el país, aunque menos de 300 viven en la reservación.

Durante décadas, la tribu ha estado envuelta en una compleja batalla legal por el derecho a operar un casino en territorio tribal. En 1993, abrió el Speaking Rock Casino, que se convirtió en un importante motor económico para la comunidad. Sin embargo, el Estado de Texas cuestionó la legalidad de las operaciones de juego, argumentando que una ley federal de 1987 específica para la tribu prohibía la mayoría de las formas de juego.

Después de años de litigios, un tribunal federal ordenó el cierre del casino en 2002, un golpe devastador para la economía tribal. La tribu ha continuado operando algunas formas limitadas de entretenimiento y ha luchado por expandir sus operaciones de juego, una batalla que se ha prolongado durante más de dos décadas y ha llegado hasta la Corte Suprema de Estados Unidos.

El conflicto ha puesto de relieve las complejidades de la soberanía tribal en Texas, uno de los pocos estados que no ha llegado a acuerdos compactos de juego con sus tribus reconocidas federalmente.

Nuevos funcionarios, antigua misión

Además de Hisa, la tribu eligió a varios funcionarios que asumieron sus cargos el 6 de enero, incluyendo al teniente gobernador Adam Torres, al capitán de guerra Omar Villanueva, y al alguacil Raul Willie Almanzar III, junto con cuatro concejales y cuatro capitanes.

“Nuestro liderazgo sigue comprometido con mejorar la calidad de vida de nuestra gente mientras preservamos y fortalecemos la identidad cultural que define quiénes somos”, afirmó Silvas. “Continuaremos honrando a nuestros ancianos, quienes han moldeado nuestro pasado, e invertiremos en nuestros niños, quienes representan nuestro futuro”.

El gobernador tribal también expresó su intención de fortalecer las alianzas con las autoridades de la Ciudad, el Condado y otros socios regionales para apoyar el crecimiento y bienestar de la comunidad.

La elección de Hisa representa un momento de transición crucial para la tribu Tigua, que busca equilibrar la preservación de tradiciones centenarias con las necesidades económicas y sociales de una comunidad moderna que lucha por mantener su soberanía y prosperidad en el siglo XXI.

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