Después de 31 años de uno de los crímenes más brutales en la historia reciente de El Paso, las familias de Francisco Santoni, Concepción “Connie” Villa y el pequeño Dante Santoni finalmente verán a un presunto responsable sentarse en el banquillo de los acusados.
El lunes 12 de enero está programado que arranque el juicio contra Arturo Ortega García, bajo cargos por el homicidio de la pareja y su hijo de 3 años, cometido en su hogar en agosto de 1994.
El caso, que permaneció sin resolver durante más de dos décadas, fue reabierto en 2015 gracias a avances tecnológicos en análisis de ADN que finalmente identificaron a Ortega García como el principal sospechoso. Su arresto no ocurrió sino hasta noviembre de 2022, después de ser extraditado desde México, donde había estado encarcelado dos años bajo cargos no relacionados.
“Hemos esperado décadas por este día y esperamos ver que se haga justicia y obtener un cierre para nuestra familia, así como para la familia Villa”, dijo Ana Donlan, hija de Francisco Santoni de su primer matrimonio, tras confirmarse que un jurado fue seleccionado el viernes 9 de enero.
Conmocionó a El Paso
En la madrugada del 11 de agosto de 1994, los residentes del vecindario tranquilo en la cuadra 1800 de Garden Gate Way, detrás de la escuela secundaria Montwood, despertaron a una pesadilla.
Francisco Santoni, de 59 años, María Concepción Villa, de 28, y el hijo de ambos, Dante, de apenas 3 años, fueron apuñalados más de 10 veces cada uno dentro de su propia casa.
La hermana de Villa descubrió los cuerpos de la familia asesinada durante una visita de verificación, según el El Paso Herald-Post. Las autoridades dijeron que la mujer se preocupó después de que Villa, una exitosa agente de viajes, no se presentó al trabajo.
Francisco Santoni y Villa fueron encontrados muertos en el piso de su habitación, según informó el periódico. Santoni estaba completamente vestido, pero Villa llevaba ropa de dormir. Dante, que había celebrado su cumpleaños días antes de los asesinatos, fue encontrado boca abajo en su cama en una habitación separada.
En septiembre de 1994, el mes posterior a los asesinatos, funcionarios policiales dijeron al El Paso Times que creían que Villa probablemente fue asesinada primero, luego su hijo pequeño fue asesinado mientras dormía. Teorizaron que Santoni luego llegó a casa y sorprendió al intruso.
Un vecino dijo a los detectives que vio a Santoni afuera de la casa, ubicada en un tranquilo callejón sin salida detrás de Montwood High School, poco después de la medianoche en la mañana en que se encontraron los cuerpos. Fue la última vez que se vio vivo a Santoni, quien era dueño de un negocio internacional de autopartes.
Según un informe de archivo del El Paso Times, la hermana de Villa llegó a la casa de la pareja buscándola alrededor de las 10:45 a.m. del 11 de agosto de 1994, cuando ella no se presentó a trabajar en una agencia de viajes. La casa estaba saqueada, y Santoni y Villa fueron encontrados en el piso de la habitación principal.
El Dodge Colt verde de Villa, que fue robado junto con algo de ropa y joyas, fue encontrado cuatro días después a unas 22 millas de la casa de la familia. El auto había sido abandonado a unos pocos miles de pies de la frontera entre El Paso y la ciudad de Juárez, México.
El caso se enfría
“Durante la investigación (inicial), la policía recuperó evidencia que no desarrolló pistas viables en ese momento, y el caso quedó sin resolver”, dijeron funcionarios de la policía de El Paso en un comunicado.
Para los hijos de Santoni de su primer matrimonio —Ana Donlan, María LaNore y un tercer hermano— los años que siguieron estuvieron marcados por el dolor y la frustración de no tener respuestas.
La ciencia alcanza al crimen
“En 2015, con avances tecnológicos, el caso fue reabierto cuando García fue identificado, y se presentó una orden de arresto cuando se desconocía su paradero”, dijeron funcionarios de la policía de El Paso.
La ciencia forense había avanzado exponencialmente en las dos décadas transcurridas. Como resultado, las muestras de la escena del crimen que alguna vez se consideraron inadecuadas para las pruebas ahora pueden producir perfiles de ADN.
En la audiencia de acusación del martes, el fiscal asistente del distrito William Dixon dijo que la evidencia de ADN recolectada debajo de las uñas de Villa coincidía con Ortega García.
La extradición sin pena capital
En 2020, las autoridades se enteraron de que García había sido encarcelado en la Ciudad de México. García fue finalmente extraditado a Texas en noviembre de 2022.
Pero su regreso vino con una condición crucial: no podría enfrentar la pena de muerte. Bajo el Tratado de Extradición entre Estados Unidos y México, ambos países pueden negarse a extraditar a un fugitivo cuando el delito es punible con la muerte según las leyes de la parte solicitante. El tratado no prohíbe completamente la extradición en casos de pena capital. Más bien, el Tratado establece que en estos casos, la solicitud de extradición puede ser concedida si el país que busca la extradición proporciona garantías de que la pena de muerte no será impuesta o, si es impuesta, no será ejecutada.
México, Canadá y los países de la Unión Europea, por ejemplo, no extraditan a Estados Unidos a una persona acusada de un delito capital sin garantías de que no se buscará la pena de muerte.
Para las familias de las víctimas, esta restricción legal representa una concesión dolorosa en un estado como Texas donde históricamente se ha aplicado la pena capital para casos de asesinato múltiple.
Las vidas interrumpidas
Francisco Santoni tenía 59 años cuando murió, un hombre que había construido una vida en El Paso y que había formado una nueva familia después de su primer matrimonio. Sus hijos mayores —Ana, María y su hermano— tuvieron que procesar no solo la muerte violenta de su padre, sino también la pérdida de su medio hermano pequeño, Dante, un niño que apenas comenzaba su vida.
Concepción “Connie” Villa tenía 28 años, más de tres décadas menos que su pareja. Era una exitosa agente de viajes y madre de Dante. Su muerte, junto con la de su hijo, devastó a la familia Villa.
El pequeño Dante Santoni no llegó a cumplir 4 años. Había celebrado su cumpleaños días antes de los asesinatos. Su vida fue cortada antes de que pudiera formar recuerdos duraderos, asistir a la escuela o experimentar las cosas que todos los niños merecen experimentar.
Hoy lunes, más de 11,000 días después de los asesinatos, Arturo Ortega García se sentará frente a un jurado de sus pares en un tribunal de El Paso. El jurado fue seleccionado el viernes 9 de enero, y García enfrenta cargos de asesinato capital.
Los fiscales presentarán su caso, que presumiblemente se centrará en gran medida en la evidencia de ADN que vincula a García con la escena del crimen, específicamente el ADN encontrado debajo de las uñas de Villa que, según la fiscalía, coincide con el perfil genético del acusado.
Un momento de reflexión
El caso Santoni-Villa ilustra tanto las posibilidades como las limitaciones del sistema de justicia penal estadounidense. Por un lado, demuestra que los avances tecnológicos pueden revivir casos que parecían irresolubles, ofreciendo esperanza a familias que han vivido durante años sin respuestas.
Los avances en genealogía forense y otras tecnologías de vanguardia permiten que los crímenes olvidados ahora puedan ser reexaminados con mucha mayor precisión, desbloqueando nuevas pistas que de otro modo permanecerían ocultas con el apoyo de bases de datos de ADN especializadas.
Por otro lado, expone las frustraciones de un sistema legal que, por diseño, es deliberado y permite múltiples salvaguardias procesales. Los retrasos que han atormentado a las familias Santoni y Villa son el resultado directo de protecciones constitucionales destinadas a garantizar juicios justos.
También plantea preguntas sobre la pena de muerte y la cooperación internacional.
El hecho de que García no pueda enfrentar la pena capital debido al tratado de extradición con México refleja tensiones más amplias sobre el castigo, los derechos humanos y la soberanía legal en un mundo globalizado.
Familia que nunca dejó de luchar
A lo largo de estos 30 años, Ana Donlan y sus hermanos nunca abandonaron la esperanza de ver justicia para su padre, Connie y Dante. Han mantenido contacto con los investigadores, han presionado para que el caso permaneciera activo y ahora, finalmente, verán desarrollarse un juicio.
El lunes, cuando comience el juicio, los asientos del tribunal probablemente estarán llenos de miembros de ambas familias, reporteros y residentes de El Paso que recuerdan el horror de agosto de 1994. Será el comienzo de lo que podría ser un proceso largo y emocionalmente agotador, mientras abogados, testigos y evidencia reconstruyen los eventos de aquella noche fatal.
Pero para las familias que han esperado más de la mitad de sus vidas por este momento, el simple hecho de que el juicio comience representa una victoria en sí misma: la confirmación de que, incluso después de tres décadas, la búsqueda de justicia no ha sido olvidada.