Más de tres décadas después de un brutal triple homicidio que conmocionó a esta ciudad fronteriza, las familias de las víctimas salieron de un tribunal el miércoles en estado de shock tras escuchar un veredicto que nunca esperaron: no culpable.
Un jurado compuesto por nueve mujeres y tres hombres absolvió a Arturo Ortega García, de 74 años, de dos cargos de asesinato capital en relación con los apuñalamientos fatales de Concepción “Connie” Villa, de 28 años, su novio Francisco Santoni, de 59, y el hijo de ambos, Dante Santoni, de apenas 3 años, ocurridos el 11 de agosto de 1994.
“Impactante”, declaró Federico Villa, hermano de “Connie”, momentos después del veredicto.
Y agregó: “Estuve presente durante todo el juicio. He servido en jurados antes. Es impactante. Impactante que fuera unánime entre los 12 jurados. Había evidencia física, forense. ADN, huellas dactilares, testimonio de expertos. Es impactante”.
El fallo representa un desenlace devastador para los familiares de las víctimas, quienes esperaron casi 30 años para que el caso finalmente llegara a juicio, solo para ver cómo el acusado salía libre del tribunal.
Estremeció a El Paso
Los eventos que condujeron al veredicto del miércoles se remontan a aquella noche de agosto de 1994, cuando la familia fue hallada sin vida en su hogar del 1800 de Garden Gate Way, detrás de la escuela preparatoria Montwood, en lo que las autoridades describieron entonces como un crimen particularmente brutal y calculado.
Según los fiscales estatales Rebecca Tarango y Talisa Gutiérrez, Villa fue asesinada primero en la recámara principal de la casa después de la medianoche. El acusado supuestamente entró luego a la habitación del pequeño Dante y lo apuñaló repetidamente mientras yacía en su cama. Cuando Santoni regresó a casa, fue sorprendido en el pasillo por el intruso, quien lo atacó con saña. Su cuerpo fue encontrado en la misma habitación que el de Villa.
La Policía determinó que el asesino removió ropa y otros artículos del clóset principal y los llevó al Dodge Colt 1994 de la familia en el garaje. Prendas de vestir y joyería fueron robadas de la residencia, según reportó en su momento el diario El Paso Times.
El automóvil familiar fue localizado poco después de los asesinatos en el área de Union Plaza, en el Centro de El Paso, en la intersección de las calles Durango y Paisano.
Décadas de silencio, seguidas por un arresto
El caso permaneció abierto sin sospechosos identificados durante casi dos décadas, convirtiéndose en uno de los crímenes sin resolver más notorios de la ciudad. Fue solo en 2015 cuando las autoridades del Departamento de Policía de El Paso emitieron una orden de arresto contra Ortega García, después de que “avances tecnológicos” permitieron su identificación como sospechoso en los homicidios.
En 2020, las autoridades estadounidenses recibieron información de funcionarios mexicanos indicando que Ortega García había sido arrestado en la Ciudad de México, aunque no se revelaron detalles sobre los cargos que enfrentaba en ese país. Permaneció encarcelado en México hasta que fue extraditado a El Paso y arrestado por el Grupo Especial de Fugitivos Lone Star de los Alguaciles de Estados Unidos en noviembre de 2022.
El 4 de noviembre de 2022 —28 años después de los apuñalamientos— Ortega García fue fichado en la cárcel del Condado de El Paso bajo dos cargos de asesinato capital, con una fianza establecida en cinco millones de dólares. Permaneció detenido desde entonces hasta su absolución.
El caso de la Fiscalía: un sicario contratado
Durante el juicio, los fiscales presentaron una teoría del caso que retrataba a Ortega García como un sicario profesional contratado para eliminar a Santoni en medio de disputas financieras relacionadas con compañías binacionales competidoras de la industria de autopartes.
Santoni, quien trabajaba como gerente de un negocio internacional de repuestos automotrices, supuestamente se había convertido en objetivo de una empresa rival. Los fiscales argumentaron que Ortega García utilizó guantes en un intento de no dejar huellas dactilares en la escena.
“Es muy limpia”, dijo Tarango refiriéndose a la escena del crimen en sus argumentos finales. “Uno esperaría ver mucha más sangre de la que había. Es muy limpia. Esto es algo quirúrgico. Esto fue muy planeado. Este fue un homicidio muy deliberado”.
La evidencia clave presentada en el juicio consistió en pruebas de ADN y huellas dactilares encontradas en un guante dejado en la escena del crimen. Para los fiscales, estas pruebas vinculaban directamente a Ortega García con los asesinatos.
Si hubiera sido declarado culpable, Ortega García habría recibido automáticamente una sentencia de cadena perpetua, ya que el Estado no buscaba la pena de muerte.
La defensa: evidencia poco confiable
Los abogados defensores Leonard Morales y Louis López centraron su estrategia en cuestionar la confiabilidad de la evidencia recolectada hace más de 30 años. Su enfoque resultó efectivo: descansaron su caso el martes 13 de enero sin llamar a ningún testigo, confiando en que habían sembrado suficientes dudas sobre las pruebas de la Fiscalía.
En sus argumentos finales, Morales subrayó las limitaciones del caso del Estado. “No hay testigos oculares, no hay video”, señaló ante el jurado. “Solo hay evidencia poco confiable. ¿Pueden dos piezas de evidencia poco confiable sostenerse por sí mismas? No, no pueden”.
Los abogados argumentaron que los expertos del Estado no lograron demostrar de manera convincente cómo determinaron que la evidencia apuntaba a su cliente. Particularmente, destacaron que los expertos en ADN solo pudieron afirmar que era “probable” y “posible” que el ADN perteneciera a Ortega García, no una certeza absoluta.
“No pueden encarcelar a un hombre por el resto de su vida sin probar su trabajo”, agregó Morales.
El jurado deliberó durante más de cinco horas después de escuchar dos días de testimonio presentado por los fiscales estatales antes de emitir su veredicto de absolución.
Reacciones divididas
“Obviamente, mi cliente, el señor García, está muy complacido con el veredicto”, declaró Morales tras el juicio. “Está feliz después de haber estado bajo custodia durante aproximadamente cuatro años desde que fue detenido inicialmente bajo esta orden de extradición”.
Morales añadió que Ortega García, quien es ciudadano mexicano, ahora regresará a México para reunirse con su esposa y familia.
Por su parte, el fiscal de Distrito de El Paso, James Montoya, emitió una declaración mesurada reconociendo la decepción pero respetando la decisión del jurado. “Si bien estamos decepcionados con el veredicto, respetamos la decisión del jurado”, indicó Montoya. “Casos fríos como este son notoriamente difíciles de investigar y procesar, pero confío en que nuestro equipo hizo el mejor trabajo posible para aportar claridad a la evidencia que se recolectó hace más de 30 años”.
“También quiero expresar mis más profundas condolencias a las familias Santoni y Villa, quienes han esperado muchos, muchos años por su día en la Corte”, añadió el fiscal.
Familias sin respuestas
Para Federico Villa y los demás familiares de las víctimas, el veredicto plantea preguntas inquietantes sobre la capacidad del sistema de justicia para resolver crímenes antiguos, incluso cuando parece existir evidencia forense.
El caso ilustra los desafíos únicos que presentan los llamados “casos fríos”: el deterioro de la evidencia con el paso del tiempo, la pérdida de testigos potenciales, los cambios en las tecnologías forenses y las expectativas más rigurosas de los jurados modernos sobre la certeza científica.
También subraya una realidad dolorosa para muchas familias de víctimas: que esperar justicia durante décadas no garantiza el resultado que anhelan.
Mientras Ortega García se prepara para regresar a México como hombre libre, las familias Villa y Santoni quedan con la tarea de procesar un desenlace que jamás imaginaron posible cuando finalmente vieron al acusado sentado en el banquillo de los acusados, tres décadas después de perder a sus seres queridos.
Para ellos, el caso puede haberse cerrado legalmente, pero las heridas permanecen abiertas, y las preguntas sobre lo que realmente sucedió aquella noche de agosto de 1994 probablemente nunca tendrán una respuesta definitiva.
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