El mensaje fue claro, contundente y cargado de dolor: “Ya basta”. Autoridades municipales, estatales y policiales se unieron en una rueda de prensa para advertir sobre el peligro latente que representan los conductores ebrios y otras conductas viales irresponsables, que continúan poniendo en riesgo a toda la comunidad.

El alcalde Renard Johnson, acompañado por el jefe del Departamento de Policía de El Paso (EPPD), Peter Pasillas; el teniente Esparza, responsable del grupo de trabajo contra la conducción bajo los efectos del alcohol; y el fiscal de Distrito, James Montoya, subrayó que una sola muerte causada por un conductor intoxicado es inaceptable.

“Conducir bajo los efectos del alcohol sigue siendo un problema crítico de seguridad pública en El Paso. Una sola vida perdida es demasiado”, expresó el alcalde, al tiempo que reafirmó que la seguridad pública es una de las prioridades centrales de su administración.

En conferencia de prensa efectuada en las instalaciones del cuartel principal de la Policía local, las autoridades destacaron que el trabajo conjunto ha generado resultados.

En los últimos tres años, las muertes por accidentes de tránsito han disminuido un 24%, al pasar de 82 fallecimientos en 2023 a 68 en 2024 y 62 el año pasado.

Sin embargo, los arrestos por conducir bajo los efectos del alcohol (DWI) aumentaron un 6% en ese mismo período, con más de 5,000 conductores ebrios detenidos por EPPD.

Para Johnson, las cifras no cuentan toda la historia. “Estas estadísticas no pueden abrazar a un niño que está de luto ni consolar a una familia que espera a alguien que nunca volverá a cruzar la puerta”, dijo con tono reflexivo. “Cuando un conductor ebrio cobra una vida, la noticia dura un día, pero el dolor dura para siempre”.

Durante su intervención, el alcalde recordó tragedias recientes que conmocionaron a El Paso. Entre ellas, la muerte de Dahlia Olivas, de 28 años, querida maestra de inglés en Triumph High School, y su prometido Rick Ballard, de 29, quienes fallecieron cuando un presunto conductor ebrio impactó su vehículo en el Este de la ciudad.

“Dahlia dedicó su vida a sus estudiantes. Rick acababa de proponerle matrimonio. En lugar de planear una boda, sus familias tuvieron que planear un funeral”, lamentó Johnson.

También mencionó el caso de Miguel Ángel Romero, de 17 años, estudiante de Horizon High School, quien murió atropellado en un cruce peatonal. “Miguel apenas comenzaba a escribir su historia. Su futuro estaba por delante”, subrayó.

El jefe de Policía, Peter Pasillas, afirmó que el problema va más allá de los números. “Esto es literalmente una masacre en las calles”, dijo. “Afecta a las familias, a los oficiales que acuden a las escenas, a los bomberos y a quienes tienen que tocar una puerta para dar la peor noticia”.

La campaña ‘Ya basta’

Como parte de la iniciativa “Ya basta”, EPPD intensificó la vigilancia vial desde el 1 de enero, implementando un nuevo esquema de reportes y una campaña de ‘tolerancia cero’ durante los primeros 45 días del año. En sólo dos semanas, se emitieron más de 1,400 multas, casi 800 por infracciones peligrosas como pasarse semáforos en rojo, ignorar señales de alto y exceso de velocidad.

Pasillas enfatizó que la estrategia no se limita al alcohol: “No sólo vamos contra los conductores ebrios, sino contra cualquier conducta vial que ponga vidas en riesgo”.

Por su parte, el fiscal James Montoya respaldó la labor policial y fue más allá al plantear la necesidad de cambios legislativos. Explicó que en Texas conducir ebrio no se considera delito grave hasta el tercer arresto, a diferencia de otros estados donde lo es desde el segundo caso.

“Debemos analizar si nuestras leyes reflejan realmente el sentir de la comunidad y la gravedad de este problema”, señaló Montoya, al poner como ejemplo a Oklahoma, donde un nivel de alcohol en sangre de 0.15 ya constituye un delito grave.

El fiscal también destacó que una persona arrestada por conducir bajo los efectos del alcohol puede haber cometido el delito entre 70 y 80 veces antes de ser detenida por primera vez, y adelantó que su oficina evalúa incrementar multas, ampliar el uso de dispositivos de bloqueo de encendido y promover más juicios para escuchar a la comunidad. “No es delito salir a beber; el delito es beber y ponerse al volante”, recalcó.

Responsabilidad compartida

Las autoridades coincidieron en que la prevención no depende sólo de arrestos o castigos, sino de la participación activa de la comunidad, y dejaron claro que salvar vidas es una responsabilidad compartida.

“Si bebes, no conduzcas”, insistió el alcalde Johnson. “Planifica antes de salir, usa transporte compartido, llama a un amigo, designa a un conductor sobrio. No seas la persona que provoque esa llamada que ninguna familia olvida”.

Y remató: “El Paso no tolerará la conducción bajo los efectos del alcohol ni otras faltas viales peligrosas. Todos los elementos de seguridad estarán listos para detectar y prevenir tragedias”.

“Tenemos el deber de cuidarnos unos a otros”, concluyó Montoya. “Las decisiones tienen consecuencias, y necesitamos empezar a tomar decisiones diferentes… antes de que sea demasiado tarde”.

Javier Sambrano, portavoz del EPPD, resaltó que aunque las estadísticas muestran avances, el riesgo de tragedias persiste, por lo que pidió a la comunidad asumir su responsabilidad, debido a que el consumo de alcohol y la conducción siguen cobrando vidas en El Paso.