Midland, Texas— Torres de perforación se alzaban en racimos inactivos a lo largo de la carretera principal que atraviesa Odessa, Texas. El cantinero de un popular bar de la zona petrolera se quejaba de una desaceleración notable. Trabajadores con camisas manchadas provenientes de los campos petroleros cercanos hacían muecas ante el elevado precio del diésel.

“No me siento bien con 5.39 dólares el galón ($1.42 el litro)”, dijo Wesley Stacey, empleado de una empresa de renta de tubería de perforación, mientras llenaba su camioneta y tres bidones rojos de combustible el jueves por la mañana.

Un repunte en los precios del petróleo, en medio de la guerra en el Medio Oriente, ha sacudido los mercados mundiales y elevado el costo de la gasolina. Pero en la Cuenca Pérmica, el corazón de la región petrolera de Texas, pocos creen que los tiempos de bonanza vayan a regresar pronto.

Stacey, de 37 años, dijo que amigos suyos –incluidos algunos que se marcharon en años recientes por los bajos precios del petróleo y la escasez de empleos– le han preguntado si ahora es un buen momento para buscar trabajo en la Pérmica de nuevo. Él les dice que lo piensen dos veces.

“Les digo: 'No regresen todavía'”, comentó. “Nadie sabe qué va a pasar”.

En entrevistas realizadas la semana pasada en las ciudades petroleras gemelas de Odessa y Midland, funcionarios locales, ejecutivos de empresas y trabajadores de los campos petroleros coincidieron en que el repentino aumento de precios, el proceso lento y costoso de perforar nuevos pozos, y la promesa de la Administración Trump de bajar los precios del petróleo en el futuro han frenado cualquier conversación sobre incrementar la producción. Por ahora, la cautela le gana la partida a la expansión.

El viernes, un conteo de plataformas de perforación ampliamente seguido, elaborado por Baker Hughes, empresa global de servicios para la industria petrolera, mostró que el número de plataformas activas en Texas había disminuido en una durante la semana anterior.

“Nadie hace nada por capricho”, dijo Kirk Edwards, presidente de Latigo Petroleum, una empresa con sede en Odessa que opera pozos de petróleo y gas natural en Texas y Oklahoma. “Planear, perforar y completar un pozo, y luego ponerlo en línea, lleva meses”.

Sin embargo, el precio del petróleo –que se fija en un mercado global– puede fluctuar rápidamente, y ha subido de forma pronunciada desde que Estados Unidos e Israel iniciaron bombardeos contra Irán el mes pasado. Irán respondió con ataques a la infraestructura de petróleo y gas en torno al Golfo Pérsico y contra buques que transitan el Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente el 20 por ciento del petróleo mundial.

Antes de que comenzara la guerra, la Cuenca Pérmica se estaba ajustando a un período de bajos precios globales del crudo. Decenas de plataformas fueron retiradas de operación y miles de personas perdieron sus empleos, señaló Edwards.

“El año pasado fue un año terrible para la Cuenca Pérmica”, dijo. “Todo el mundo nos pide 'perfora, bebé, perfora', pero la gente no está aquí ahora mismo”.

Frente a su oficina en Odessa, una bomba de extracción subía y bajaba junto a un desarrollo habitacional y no lejos de un par de hoteles La Quinta construidos para alojar a los trabajadores que llegan en avión desde distintos puntos del país por semanas o meses a la vez.

La economía local gira en torno a la industria del petróleo y el gas. A lo largo de la Interestatal 20, que une Midland con Odessa, abundan las empresas que sostienen los campos petroleros: rentas de equipo, proveedores de refacciones, parques para vehículos recreativos, hoteles de estancia prolongada y los densos campamentos temporales conocidos como “man camps”, que albergan a trabajadores itinerantes.

Más evidentes que cualquier señal de bonanza eran las cicatrices dejadas por las caídas recientes del mercado: un puñado de plataformas apiladas que no se habían utilizado desde la pandemia, y un letrero de un comedor en un lote vacío que alguna vez fue un extenso campamento de trabajadores.

Los líderes de la Ciudad han monitoreado de cerca el precio del petróleo en busca de señales de mayor actividad. Hasta ahora hay poco qué mostrar, dijo Cal Hendrick, alcalde de Odessa.

“Francamente, no hemos visto incremento en nada, excepto en la bomba de gasolina”, señaló. “Todo el mundo está en actitud de esperar y ver. ¿Va a ser un tropiezo, un problema de corto plazo, de 30 días? ¿O es un asunto de seis meses, un año, cinco años, 10 años?”

Los trabajadores que han pasado algún tiempo en la Cuenca Pérmica ya han vivido varios ciclos de auge y caída.

Iván Maldonado, de 29 años, mecánico de diésel que llegó a Midland desde el Valle del Río Grande hace siete años, dijo que los precios más altos del petróleo estimulan las contrataciones y generan cierta sensación de seguridad laboral, pero añadió que el repunte actual podría no durar lo suficiente para lograr ninguna de las dos cosas. “Hay mucha gente que cree que es temporal”, dijo, parado junto a su camión de trabajo mientras el marcador de la bomba de gasolina seguía subiendo.

A pesar de encontrarse sobre vastas reservas de crudo, las gasolineras en la Cuenca Pérmica suelen tener precios más altos que en otras partes de Texas, porque el petróleo debe refinarse en otro lugar y traerse de regreso. Aun así, Maldonado le envió un mensaje de texto a un amigo con incredulidad tras ver cuánto le costó llenar el tanque de su camión apenas a la mitad: 140 dólares.

En otro punto del árido paisaje urbano, en J&W Services, los trabajadores conducían montacargas entre filas de estantes al aire libre repletos de refacciones para los campos petroleros. La empresa de Midland, que fabrica, renta y da mantenimiento a productos para la perforación y la exploración, trabaja tanto con grandes compañías petroleras que cotizan en Bolsa como con empresas privadas, explicó James Power, director de operaciones del negocio. Ninguna de ellas estaba aumentando su producción.

Como resultado, J&W Services se mantiene fiel a sus pronósticos y planes elaborados antes del conflicto en Medio Oriente.

“Los ciclos de auge y caída, intentar aprovechar las alzas sin saber realmente cuándo llegará el fondo, esos días ya quedaron atrás”, dijo Power desde su oficina. “Tanta gente salió quemada en el pasado”.

En The Bar, en el Centro de Midland, los logotipos de empresas petroleras tapizaban el techo, un oso disecado de proporciones imponentes mostraba sus dientes en una esquina, y un letrero luminoso con letras cursivas cerca de la barra capturaba el espíritu de la clientela: “Perfora, bebé, perfora”.

Pero el jueves durante la hora feliz, la atención estaba puesta en el basquetbol universitario que pasaban por televisión, no en ningún nuevo prospecto petrolero. Un cliente habitual de 40 años, bebiendo una cerveza y un “mind eraser” –vodka, Kahlúa y agua con gas–, dijo haber vivido tres caídas desde que comenzó a trabajar en los campos petroleros en 2006.

El parroquiano, que sólo dio su nombre de pila, Rob, dijo que atesoraba el consejo que recibió de un veterano de la industria cuando recién empezaba en la Cuenca Pérmica: ahorra tu dinero.