Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) demuestra que tan solo seis semanas de entrenamiento de boxeo pueden reducir significativamente la presión arterial y mejorar la función vascular en adultos jóvenes con hipertensión arterial (etapa 1).

“La hipertensión es un factor principal en el desarrollo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares y muerte prematura, y muchos adultos jóvenes que se encuentran en las primeras etapas de la enfermedad desconocen que la padecen”, afirmó Álvaro Gurovich, Ph.D., profesor y director del Departamento de Fisioterapia y Ciencias del Movimiento de UTEP, y autor principal del estudio. “Estos hallazgos podrían transformar la manera en que los profesionales de la salud abordan uno de los factores de riesgo cardiovascular más prevalentes del mundo”.

El estudio, publicado en la revista especializada Sports, es el primer ensayo controlado aleatorizado que evalúa los efectos del entrenamiento de boxeo en la salud cardiovascular y vascular en esta población, según informó el equipo de investigación.

Veinticuatro participantes, todos con una edad aproximada de 25 años, fueron asignados aleatoriamente a un grupo de entrenamiento de boxeo o a un grupo de control. Durante seis semanas, el grupo de boxeo realizó tres sesiones semanales, cada una consistente en 10 asaltos de tres minutos de ejercicio con un saco de boxeo o con manoplas, intercalados con períodos de descanso de un minuto. El grupo de control realizó ejercicios de flexibilidad y equilibrio con la misma frecuencia.

Al finalizar las seis semanas de entrenamiento, los participantes del grupo de boxeo experimentaron una disminución promedio de su presión arterial sistólica de 16 milímetros de mercurio (mmHg) y de su presión arterial diastólica de 10 mmHg; reducciones comparables o superiores a las que se suelen lograr con medicamentos, según indicó el equipo. La presión arterial sistólica central, una medida considerada más predictiva del riesgo cardiovascular que las mediciones estándar con manguito, también disminuyó significativamente.

La presión arterial sistólica mide la presión arterial cuando el corazón se contrae para bombear sangre, mientras que la presión diastólica la mide cuando el corazón descansa entre latidos. Se considera que las personas con una presión sistólica inferior a 120 mmHg y una presión diastólica inferior a 80 mmHg tienen presión arterial normal. La hipertensión de etapa 1 se refiere a lecturas de 130 a 139 mmHg de presión sistólica y de 80 a 89 mmHg de presión diastólica.

“Esta investigación ejemplifica el tipo de ciencia aplicada y centrada en el paciente que define a nuestra facultad”, afirmó Scott Kruse, Ph.D., decano de la Facultad de Ciencias de la Salud de UTEP. “El Dr. Gurovich y sus colegas han generado evidencia con relevancia clínica real, demostrando que una forma de ejercicio accesible y atractiva puede marcar la diferencia en una afección que afecta a millones de personas”.

Más allá de la presión arterial, el grupo de boxeo mostró mejoras significativas en la función endotelial, es decir, la capacidad de las paredes de los vasos sanguíneos para regular el flujo sanguíneo, tanto en brazos como en piernas.

“Lo que estamos demostrando es que el entrenamiento de boxeo no es solo un ejercicio divertido; puede cambiar el funcionamiento de los vasos sanguíneos”, afirmó Gurovich. “Tras solo seis semanas, los vasos sanguíneos de nuestros participantes eran más flexibles, más reactivos y transportaban más sangre. Esto se traduce directamente en un menor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular. Para los jóvenes que ya tienen predisposición a la hipertensión, esta podría ser una alternativa eficaz y sostenible a un tratamiento farmacológico de por vida”s.

Los autores también señalaron que futuros estudios deberían examinar si estos beneficios se extienden a poblaciones de mayor edad y a personas que practican boxeo fuera de un programa de entrenamiento controlado como el utilizado en el estudio.

El estudio fue dirigido por el Dr. Francisco Morales-Acuña, Ph.D., quien en el momento del estudio era estudiante de doctorado en el Laboratorio de Fisiología Clínica Aplicada (CAPh) del Departamento de Fisioterapia y Ciencias del Movimiento de la UTEP, y se llevó a cabo en colaboración con investigadores de la Universidad de Santiago de Chile y la Universidad Andrés Bello, también en Chile.

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