Durante décadas, levantar las paredes de unas barracas militares requería siete tipos de materiales distintos y cinco cuadrillas de trabajadores. En Fort Bliss, eso ya es historia. Una máquina robótica llamada Vulcan, fabricada por la empresa ICON Construction, coloca capas de concreto de forma automatizada y puede terminar los muros completos de un edificio en apenas una semana y media, y toda la estructura en 120 días.
El jueves 26 de marzo, el Ejército cortó el listón de lo que se convirtió oficialmente en el mayor despliegue de tecnología de construcción robótica y edificios impresos en 3D en la historia del Departamento de Guerra. El proyecto forma parte de un contrato de 62.8 millones de dólares para erigir diez barracas de entrenamiento transitorio en la base militar de El Paso, las cuales albergarán a los soldados destacados para vigilar el sector fronterizo.
La urgencia del proyecto tiene un origen concreto: hasta ahora, los soldados que completaban jornadas de doce horas patrullando la frontera debían recorrer más de veinte millas de regreso a campamentos remotos y precarios, sin acceso a las instalaciones básicas que merecen.
“Después de una agotadora patrulla de 12 horas, soportaban una hora de trayecto de regreso a un campamento aislado, lejos del apoyo y las comodidades que tanto merecen”, señaló el Maj. Gen. Curtis D. Taylor, comandante de la 1.ª División Blindada de Fort Bliss.
Taylor destacó que el proceso tradicional de construcción habría tomado años y estado sujeto a una burocracia gubernamental considerable. Con la intervención del subsecretario del Ejército para Instalaciones, Energía y Medio Ambiente, Jordan Gillis, el contrato con ICON fue expeditado. “El resultado es una instalación de clase mundial construida en meses, no en años”, afirmó.
Cada edificio tendrá capacidad para 56 soldados en un diseño de dormitorio abierto. Se espera que los primeros uniformados se muden en agosto de este año, cuando comience la siguiente rotación en el Sector de El Paso. Las nuevas barracas quedarán a pasos de gimnasios, comedores, tiendas y áreas recreativas dentro de la base.
Gillis presentó el proyecto como una ruptura deliberada con el modelo de adquisiciones del pasado. “Hemos tardado demasiado en entregar barracas, ha costado demasiado y no siempre ha dado el nivel que nuestros soldados merecen”, señaló, y subrayó que el Ejército está buscando alianzas con la iniciativa privada para cumplir objetivos críticos de misión.
Jason Ballard, director ejecutivo de ICON Construction, enmarcó el proyecto en términos casi filosóficos. “Llevamos mil años construyendo de la misma manera y eso nos ha llevado hasta aquí”, dijo. “La sociedad moderna está chocando contra los límites de esas formas anticuadas”. Ballard llamó a los estudiantes de la preparatoria DaVinci de El Paso —quienes asistieron al evento como parte de su currículo— la “próxima generación” de constructores.
Con una superficie de casi 8 mil pies cuadrados por edificio, las estructuras de Fort Bliss marcan un hito no solo para el Ejército, sino para la industria de la construcción en su conjunto: la demostración más grande hasta la fecha de que los robots pueden levantar, literalmente, las paredes donde viven los soldados.