El Estadio Sun Bowl de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) no fue el mismo durante el fin de semana. Decenas de miles de seguidores del grupo de K-pop BTS llegaron desde todos los rincones de EU y México para presenciar dos conciertos consecutivos —el sábado 2 y el domingo 3 de mayo— que transformaron esta ciudad fronteriza en una fiesta multitudinaria y en la sede improvisada del llamado Ejército (Army) del grupo surcoreano.

La devoción del ARMY, como se conoce a la fandom de BTS, se hizo evidente desde los días previos a los conciertos. Fanáticas procedentes de Houston, Dallas y Austin —algunas tras varios cientos de millas de carretera— organizaron encuentros masivos antes de entrar al estadio. Uno de los más concurridos fue el llamado cup sleeve event que Andrea Contreras, llegada desde Houston, montó en la cafetería Weirdoughs Bakery and Cafe, frente al campus de la UTEP.

El formato, tradición arraigada en la cultura K-pop, reunió a sus seguidoras para intercambiar obsequios, comprar mercancía y celebrar en comunidad. “Creo que es realmente importante dentro del fandom y nos une mucho, especialmente justo antes del concierto”, dijo Contreras.

Naomi Ramírez, que viajó desde Dallas, resumió con precisión el espíritu de esa comunidad: “La cultura K-pop es como una gran familia. Nos gusta estar ahí las unas para las otras. Puedes conocer personas de todo el mundo y quererlas muchísimo”.

Entre los asistentes había madre e hija que acudían por primera vez juntas, así como primas veteranas que sumaban entre ellas siete conciertos de BTS. Bethany McCleland, llegada desde Arkansas, confesó que esperaba escuchar Airplane Pt. 2, favorita compartida con su madre. Audrey y Grace Murray, de Houston, lo vivieron como una revancha: tenían entradas para 2020 y el concierto fue cancelado por la pandemia. “Esta era nuestra redención”, dijeron.

La noche del sábado no estuvo exenta de contratiempos. Pese a que las puertas debían abrir a las 5:30 de la tarde y el concierto estaba programado para las 8, largas filas se extendieron más allá de un kilómetro alrededor del estadio hasta bien entrada la noche.

Amanda González, quien llevaba más de dos horas en la fila a las 8 de la noche, resumió la frustración de muchos: “La fila tenía más de una milla de largo. La gente no pagó para esto”. Publicaciones en redes sociales y una transmisión en vivo del programa local ARC El Paso documentaron la espera. Para el domingo, la oficina de Eventos Especiales de la UTEP publicó instrucciones detalladas para agilizar el ingreso, recordando a los asistentes los accesos disponibles según el tipo de boleto.

Más allá del estadio, el centro de El Paso también vibró durante el fin de semana con un festival de música paralelo que, al igual que los conciertos, se prolongó hasta cerca de las 11 de la noche del sábado. Mesa Street, la arteria que conecta el campus con el centro, quedó colapsada por la marea humana, y las autoridades pidieron a los conductores evitar la zona para no quedar atrapados en los embotellamientos.

Cuando Kristen Evans y Jenna Ramírez —primas de Austin y Dallas, respectivamente, con cinco y dos conciertos de BTS en su haber— intentaron explicar por qué este grupo despierta tanta lealtad, la respuesta fue casi unánime entre los asistentes: “Cada concierto es diferente. Te llena de positividad y buena energía. Personalmente, llegaron a mi vida en un momento en que necesitaba eso”.

El Paso, ciudad acostumbrada a vivir entre dos mundos, añadió este fin de semana una nueva frontera a su historia: la que separa a quienes vieron a BTS en el Sun Bowl de quienes no pudieron estar.