No existe precedente. Ningún Gobierno estadounidense ha emprendido una revisión formal de este calibre sobre la red consular de un país aliado y vecino.
Que el Departamento de Estado de Donald Trump haya anunciado el escrutinio de los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos –la red más extensa que cualquier nación mantiene en suelo norteamericano– representa un salto cualitativo en la escalada de tensiones bilaterales, y no sólo una más de las fricciones cotidianas que han caracterizado la relación entre Washington y Ciudad de México en los últimos meses.
La revisión, adelantada primero por CBS News y confirmada posteriormente por el Departamento de Estado, no tiene plazos definidos ni criterios públicos. Pero la amenaza implícita es concreta: la posible clausura de algunas de estas oficinas, que prestan servicios esenciales –documentación, asesoría jurídica, protección consular– a millones de mexicanos y mexicoamericanos distribuidos desde California hasta Florida.
“El departamento está revisando constantemente todos los aspectos de las relaciones exteriores estadounidenses para garantizar que estén en consonancia con la agenda de política exterior ‘Estados Unidos Primero’”, declaró Dylan Johnson, portavoz del Departamento de Estado.
La semilla de esta revisión no brotó en los despachos del Departamento de Estado, sino en las páginas de Breitbart News. Peter Schweizer, autor de derecha cercano al entorno de Trump y colaborador habitual de ese medio, publicó en 2024 el libro The Invisible Coup, en el que acusa al Gobierno mexicano de utilizar su red consular para influir políticamente en comunidades de migrantes, alentar la migración masiva y obstaculizar la asimilación de los inmigrantes mediante la distribución de libros de texto en español en escuelas estadounidenses.
Entre sus señalamientos, Schweizer afirma también que funcionarios consulares han aplaudido las protestas contra las políticas migratorias de Washington y han brindado asistencia a personas señaladas en redadas.
Esas acusaciones circularon durante meses en medios conservadores antes de que tuvieran eco en la política oficial. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México las rechazó en su momento, señalando que los consulados actúan dentro del marco del derecho internacional.
Esta semana, la Embajada de México en Washington respondió directamente a Schweizer: los consulados ayudan a los mexicanos en asuntos que van desde mantener su documentación al día hasta apoyar a víctimas de delitos. “No hay nada político en el trabajo consular”, afirmó la representación diplomática.
Sheinbaum: ‘Completamente falso’
La presidenta Claudia Sheinbaum salió al paso de las acusaciones con una defensa sin matices desde el Palacio Nacional. En su conferencia mañanera del viernes, la mandataria rechazó punto por punto las imputaciones y reafirmó el papel estrictamente consular de esas oficinas.
“Esta idea de que los consulados mexicanos están haciendo política en los Estados Unidos es completamente falsa. No estamos de acuerdo, además, no es así”, afirmó.
Sheinbaum explicó que los consulados cumplen las mismas funciones que cualquier representación diplomática en el mundo: trámites oficiales, asesoría jurídica y protección a connacionales en situaciones de vulnerabilidad.
“Cuando hay un asunto de una redada o alguna situación que vive algún mexicano, pues tiene la obligación de darles protección, de darles un abogado, de apoyar”, dijo. Respecto a la posible revisión estadounidense, afirmó no tener información oficial al respecto y descartó que haya razón para ella: “Son muy respetuosos de la política de los Estados Unidos”.
La presidenta también salió en defensa de los propios migrantes, rechazando la narrativa que los vincula con actividades criminales. “Son personas emprendedoras, trabajadoras, que no sólo ayudan a las familias mexicanas, sino que fortalecen la economía de los Estados Unidos”, afirmó.
Y añadió un dato que busca humanizar el debate: la mayoría de los mexicanos sin documentos en Estados Unidos llevan más de diez años viviendo e integrándose a sus comunidades.
“Nosotros no tenemos por qué incluirnos en la política de los Estados Unidos desde México”, remató.
Una relación que se deteriora
La revisión consular no ocurre en el vacío. Se inscribe en un deterioro sostenido de la relación bilateral que en las últimas semanas ha alcanzado nuevos puntos de tensión.
El mes pasado, dos agentes de la CIA murieron en un accidente automovilístico durante una operación conjunta en el Norte de Chihuahua destinada a desmantelar laboratorios de drogas. La revelación de su presencia en suelo mexicano sin autorización federal conocida incomodó a Sheinbaum, quien exigió explicaciones a Washington.
Y la semana pasada, fiscales estadounidenses acusaron públicamente al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya –aliado del partido gobernante– de vínculos con el crimen organizado; la presidenta se ha negado a ordenar su arresto, argumentando que Estados Unidos no ha presentado evidencias suficientes.
Trump ha ordenado una postura más agresiva hacia América Latina, involucrándose en las elecciones de Argentina y Honduras y autorizando la captura por parte de Estados Unidos del presidente venezolano Nicolás Maduro. Las sanciones y un bloqueo petrolero contra Cuba han llevado a grupos humanitarios a condenar las acciones de Estados Unidos contra la nación insular.
El Center for Economic and Policy Research publicó un informe la semana pasada en el que concluyó que las sanciones estadounidenses contra Cuba desde la primera Administración Trump fueron “probablemente la causa principal” de un aumento del 148 por ciento en la tasa de mortalidad infantil de la isla.
En ese contexto, la revisión de los consulados es leída en México no como un ejercicio administrativo de rutina, sino como un instrumento de presión diplomática. El antecedente más cercano que ofrece Washington data de 2020, cuando ordenó el cierre del Consulado chino en Houston por acusaciones de espionaje, y de 2017, cuando clausuró el Consulado ruso en San Francisco.
Que México sea ahora objeto de un tratamiento comparable al que se ha dado a potencias adversarias no pasa desapercibido en Ciudad de México.
Para millones de mexicanos en Estados Unidos, sin embargo, la discusión no es geopolítica: es práctica. Los consulados son, en muchos casos, el único vínculo institucional que tienen con su país de origen y la única red de protección disponible ante detenciones, abusos o trámites que el sistema estadounidense no les facilita. Su cierre no sería sólo un golpe diplomático. Sería, para ellos, quedarse solos.
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