El Departamento de Guerra de Estados Unidos seleccionó a Fort Bliss como una de cinco bases militares del país que participarán en un programa piloto de vanguardia para neutralizar amenazas de drones mediante tecnología de energía dirigida, según anunció la Fuerza Conjunta Interagencial 401, organismo responsable de la iniciativa.
El programa, contemplado en la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2026, busca acelerar el despliegue y evaluación de capacidades avanzadas que incluyen láseres de alta energía y sistemas de microondas de alta potencia, herramientas diseñadas para detectar, interrumpir y neutralizar drones no autorizados o de carácter adversario sin comprometer la seguridad del personal ni de la infraestructura civil circundante.
Junto a Fort Bliss, fueron seleccionadas la base Fort Huachuca, en Arizona —también ubicada en la frontera Sur—, la Base Naval de Kitsap, en Washington; la Base Aérea de Grand Forks, en Dakota del Norte; y la Base Aérea de Whiteman, en Misuri. El Pentágono subrayó que las ubicaciones fueron elegidas deliberadamente para permitir evaluaciones operativas en entornos y misiones de naturaleza diversa.
Contrarrestar la actividad de drones ilícitos y adversarios es un imperativo de la defensa territorial”, afirmó el general de brigada del Ejército Matt Ross, director de la Fuerza Conjunta Interagencial 401. “No existe una solución única para este desafío, y este programa piloto integra tecnología de punta al arsenal anti-drones más amplio del Departamento”.
Un tropiezo obligó los cambios
La selección de Fort Bliss llega meses después de un incidente que expuso las fallas de coordinación entre el Pentágono y las agencias civiles en el manejo de esta misma tecnología. En febrero de 2026, el aeropuerto internacional de El Paso se vio obligado a cerrar durante varias horas luego de que la Administración Federal de Aviación (FAA) decretara el cierre temporal del espacio aéreo sobre la ciudad, con un anuncio inicial de diez días que finalmente se levantó en menos de siete horas.
La administración Trump atribuyó públicamente el cierre a la intrusión de un dron de un cártel mexicano en espacio aéreo estadounidense. Sin embargo, múltiples reportes periodísticos revelaron que la orden de la FAA fue consecuencia de pruebas que el propio Pentágono realizaba con tecnología láser antidrones sobre un globo de fiesta que inicialmente fue confundido con una aeronave no tripulada.
El episodio evidenció una descoordinación de consecuencias: el administrador de la FAA, Bryan Bedford, tomó la decisión de cerrar el espacio aéreo sin notificar previamente a la Casa Blanca, al Departamento de Seguridad Nacional ni al Pentágono.
Legisladores de ambos partidos solicitaron un briefing clasificado sobre lo ocurrido y declararon estar “profundamente preocupados” por la forma en que se desarrollaron los hechos.
Acuerdo que allanó el camino
La crisis derivó en una respuesta institucional. El mes pasado, el Departamento de Defensa y la FAA completaron una evaluación exhaustiva de seguridad de los sistemas de láser de alta energía antidrones en Nuevo México, concluyendo que la tecnología no representa riesgos indebidos para las aeronaves de pasajeros. El acuerdo firmado por ambas agencias establece las precauciones de seguridad aplicables cuando estos sistemas se activen en zonas de tráfico aéreo civil.
“Continuaremos trabajando con nuestros socios interagenciales para asegurar que el Sistema Aéreo Nacional permanezca seguro mientras abordamos las amenazas emergentes de drones”, declaró Bedford al anunciar el acuerdo.
El general Ross, por su parte, celebró el entendimiento como un paso necesario: “El Pentágono está probando que estas capacidades de vanguardia son seguras, efectivas y están listas para proteger a todos los viajeros aéreos del uso ilícito de drones en el espacio aéreo nacional”.
Fue precisamente ese proceso de validación el que sentó las bases técnicas y legales para el programa piloto ahora anunciado. “Nuestra colaboración con la FAA y la exitosa demostración en White Sands fueron pasos decisivos”, señaló el coronel Scott McLellan, subdirector de la fuerza de tarea. “Demostramos que los sistemas de energía dirigida pueden contrarrestar amenazas de drones preservando al mismo tiempo la seguridad de los viajeros aéreos. Este programa piloto nos permite ahora traducir ese avance en una capacidad operativa en evolución para la defensa del territorio”.
Durante los próximos 180 días, el Departamento de Defensa finalizará los planes de despliegue con los comandantes de cada instalación, con el objetivo de iniciar operaciones antes de que concluya el presente año.