La primera llamada de emergencia sobre un detenido que intentaba hacerse daño llegó alrededor de un mes después de que Camp East Montana —un centro de detención migratoria en El Paso, Texas— comenzara a albergar inmigrantes. Eran las 2:50 p.m. del viernes 12 de septiembre.

"Tenemos a un paciente actualmente en detención que dice tener ideas suicidas, se tragó un objeto extraño, y se ha negado a recibir nuestra atención médica básica aquí", le dijo una enfermera a la operadora. En el audio, se puede escuchar a alguien gimiendo y gritando de fondo.

"En este momento no puede hablar y se está retorciendo en el piso, con un dolor agonizante, sujetándose el estómago", continuó la enfermera.

"Se le hizo una radiografía preliminar y se encontró un objeto extraño. Solo necesitamos llevarlo al hospital más cercano, para que puedan verificar si el objeto todavía está en su organismo y, posiblemente, extraerlo", agregó.

He estado reportando sobre Camp East Montana durante meses. Se ubica en un terreno militar árido, y se suponía que sería un modelo de cómo la administración Trump llevaría a cabo las deportaciones masivas. En cambio, se convirtió en un ejemplo de lo que podía salir mal. Sigue en operación pese a las denuncias de condiciones inhumanas y abuso, las cuales funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) han calificado de "categóricamente falsas". El ICE planea mantener las instalaciones operando al menos hasta el 30 de septiembre de 2027, reportó The Associated Press.

En un lapso de seis semanas, entre diciembre de 2025 y enero de 2026, tres hombres murieron en Camp East Montana, lo que lo convirtió, en ese momento, en uno de los centros de detención más letales del país.

En julio, ProPublica y The Texas Tribune publicaron mi investigación sobre la muerte, el 3 de enero, de uno de esos hombres, Geraldo Lunas Campos, un ciudadano cubano de 55 años con un historial de enfermedad mental. Murió después de un altercado con guardias por su medicamento, y un médico forense clasificó su muerte como homicidio. (La administración Trump alegó inicialmente que había sufrido una crisis médica, pero funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional dijeron después que los guardias habían usado la fuerza para evitar que se quitara la vida).

Encontramos que Lunas Campos había expresado en repetidas ocasiones preocupaciones sobre su salud mental mientras estaba detenido en Camp East Montana. Los registros muestran que el personal no lo trasladó a unas instalaciones que pudieran atenderlo mejor, pese a decir en repetidas ocasiones que estaban trabajando para lograrlo.

Quería entender mejor cómo respondían las instalaciones ante este tipo de incidentes. Obtuve, mediante solicitudes de registros públicos, grabaciones de más de 160 llamadas de emergencia, y hablé con personal, funcionarios gubernamentales familiarizados con las instalaciones, detenidos, abogados y defensores que habían pasado tiempo dentro del centro de detención.

Le pregunté al DHS sobre mi reportaje y sobre algunas de las llamadas al 911. Un vocero no comentó sobre los problemas específicos identificados en las llamadas, pero dijo que las instalaciones brindan "servicios médicos integrales, incluidos servicios de salud mental". Si el detenido requiere un nivel más alto de atención médica, se le remite a los servicios de emergencia locales según sea necesario, dijo el vocero. El funcionario también dijo que, para muchos inmigrantes detenidos, la atención médica que reciben bajo custodia es la mejor que han tenido en su vida.

Ahora quiero compartir con ustedes algunas de esas llamadas al 911. Aunque pueden ser difíciles de escuchar o de leer, ofrecen un vistazo de lo que ocurre en un lugar al que los periodistas no tienen acceso. Las llamadas y mi investigación muestran fallas en la respuesta ante emergencias de salud mental y médicas que van más allá de las que vivió un solo hombre. (Nota: en algunos casos, las grabaciones fueron editadas para eliminar largos tramos en los que nadie hablaba).

12 de octubre de 2025

Dos meses después de que Camp East Montana comenzara a albergar detenidos, algunos estaban llegando a tal grado de desesperación que pedían a amigos y familiares llamar al 911 para buscar ayuda médica en su nombre. Un hombre del norte de Texas llamó tres veces el 12 de octubre, intentando conseguirle atención de emergencia a un detenido, a quien identificó como su pareja, por cálculos renales.

"¿Por qué no está llamando el centro de detención?", preguntó la operadora.

"Porque no les importa. No les importa ninguno de los detenidos. No les van a dar tratamiento médico; no les importa... A él no le gusta ir al hospital. Así que, cuando dice que tiene un dolor de emergencia de nivel 10 de 10 y que necesita ir a la sala de emergencias, no es broma; tiene que ser algo muy, muy grave".

En una declaración a los abogados, un venezolano de 32 años, identificado con el seudónimo Xavier, quien encaja con el perfil del hombre con cálculos renales, dijo que se había ido a huelga de hambre porque no estaba recibiendo ninguna información sobre su caso ni sobre una fecha de audiencia. "Estar aquí se siente como tortura", dijo. "Siento que esta experiencia me está acabando emocional y físicamente. No siento que pueda sobrevivir otro mes en este lugar. Nos tratan como animales".

2 de noviembre de 2025

En algunas de las llamadas de emergencia, los propios proveedores médicos lamentaron qué tan poco podían hacer por sus pacientes.

Una enfermera de las instalaciones marcó al 911. Dijo que tenía a una mujer de 46 años con COVID-19, que estaba con falta de aire y cuya saturación de oxígeno estaba cayendo. "Pero el problema es que no tenemos oxígeno para ella, especialmente si empieza a desaturarse todavía más", le dijo a la operadora. "Simplemente no se ve bien".

"De acuerdo. Déjeme solicitar asistencia, ¿de acuerdo? Solo tenga paciencia", le dijo la operadora.

"Al parecer ha estado enferma los últimos días y pidió que la llevaran a la clínica, y no la habían llevado", explicó la enfermera más adelante en la llamada. "Apenas la trajeron hoy, pobrecita, así que estoy preocupada por ella".

28 de febrero de 2026

Para finales de febrero, tres personas habían muerto en Camp East Montana. El primero fue Francisco Gaspar-Andrés, un guatemalteco de 48 años que murió el 3 de diciembre de 2025, por insuficiencia hepática y renal. Después vino la muerte de Lunas Campos, el 3 de enero. Menos de dos semanas después, el ICE reportó que Víctor Manuel Díaz, un nicaragüense de 36 años que había sido detenido durante la Operación Metro Surge en Minneapolis, fue hallado sin responder y con un pedazo de tela alrededor del cuello. Su autopsia no se ha hecho pública.

Aun así, las llamadas al 911 seguían llegando.

"Ok, tenemos a un hombre que tuvo una sobredosis. Es un detenido", le dijo una enfermera a una operadora de emergencias el 28 de febrero.

No sabían mucho sobre el hombre de 60 años que acababa de llegar a Camp East Montana, ni sobre qué había consumido hacía aproximadamente una hora, dijo ella. Alguien lo había visto "tomando pastillas" y tambaleándose.

"¿Esto fue accidental o intencional?", preguntó la operadora.

"Intencional", dijo ella.