¿Quién no ha oído o leído acerca de él? Lo conocen como alguien que viajó y que describió lo que vio en sus viajes. Pero en sus trabajos descriptivos, Carl Lumholtz, autor del libro de viajes “México Desconocido”, puso más que la pura descripción, y en su lenguaje asoma la admiración hacia las culturas y costumbres que estudió.
Lumholtz fue el primero que puso a la Sierra Madre Occidental, y a los rarámuris, tepehuanes y huicholes, en el primer plano del conocimiento universal, para empezar. “Un océano de montañas”, así le llamó Lumholtz a la Sierra Madre, la cual mide 1,400 kilómetros de longitud y que fue recorrida a lomo de mula por el explorador noruego en tres expediciones diferentes, entre 1890 y 1897.
Su “México Desconocido” es considerado como “un llamamiento precursor y apasionado a la tolerancia étnica y en favor de los derechos de los indígenas”.en la búsqueda de las “razas bárbaras y salvajes”, como las describía el lenguaje racista de sus días, Carl Lumholtz se encontró a sí mismo, y con el contacto con los pueblos de la sierra, su arrogancia europeizante y superiorizante habría de ver mermada. Más humilde al cabo de su viaje, Lumholtz, sin embargo, no dejó de ser nunca un ser esencialmente aislado.
ÉL MISMO SE SENSIBILIZÓ
El joven Carl logró convencer a familias más adineradas de su tiempo, como los Carnegie y los Vanderbilt, para que aportaran fondos para una expedición, la que finalmente conformó e inició el 9 de septiembre de 1890 en Bisbee, Arizona, con punto de internación a México en Agua Prieta, Sonora. Tras una inicial incursión por el río Aros, Lumholtz se internó en la parte norte del estado de Chihuahua, por la región de los llanos de Casas Grandes y luego se dirigió al sur, a la zona Tarahumara, donde tocó los puntos de El Yepo, Choguita, Norogachi, Guachochi, Baborigame.
Se asombró del juego de la bola tarahumara, se admiró de la nobleza de los indígenas: “Se advierte en su apariencia cierta actitud de nobleza y reserva que no había desaparecido al contacto con los blancos y mestizos. El omnipotente peso no tiene devotos entre tales indios (se refiere a los tarahumaras), pues nada necesitan de lo que el dinero puede proporcionar, y más les cautiva la persuasión, la benevolencia o la justicia, que el oro”. Lumholtz pasó 18 meses completos refugiado en las escarpadas tierras altas de Chihuahua, registrando la lengua y los cantos sagrados tarahumaras, bebiendo tesgüino y descubriendo las cosas ocultas de la cultura de esta etnia. En una fiesta, Lumholtz observa a una joven que corteja a un hombre: “Trata de llamar la atención del mozo bailando delante de él zafiamente y sin cambiar de lugar; pero es tan vergonzosa que continuamente se mueve de espaldas hacia él. Puede también sentársele cerca, tirarle de la frazada y cantarle con dulce voz alguna canción amorosa: “Se-ma-te rehoy i-rú, Se-ma-te-re-hoy i-va (Hermoso hombre, por cierto, hermoso hombre, por cierto)”.
LOS DE LOS PIES LIGEROS
Se habla tanto en la actualidad acerca de la prodigiosa habilidad y resistencia de los rarámuris para correr distancias, que pocas veces se va a la raíz de esta cualidad de la etnia. Lumholtz registró, hace más de 130 años, y de manera sistemática y detallada, la forma en que se desarrollaban las competencias de las carreras entre las familias y los pueblos. Puso énfasis en el carácter no sólo tradicional de la carrera, de la carrera de bola, como la llamamos hoy, sino en la importancia que revestía este deporte para la vida y la convivencia, para la cohesión social de estas gentes que, luego de ser expulsadas de las ancestrales llanuras y las fértiles entresierras por los invasores europeos, se vieron obligadas a replegarse, a refugiarse en las soledades de la gran Sierra Madre, la inhóspita tierra de las barrancas a la que tuvieron que adaptarse, aclimatarse y en donde tuvieron que adquirir las habilidades necesarias para sobrevivir, para vivir bien y para lograr que, a la distancia de más de 400 años, los tarahumaras, los rarámuris, conserven su cultura, su idiosincrasia, su vestimenta, su lengua. Su orgullo.
La carrera de bola fue uno de los factores que los mantuvo firmes y cohesionados como etnia y como cultura claramente diferenciada.
LA CARRERA DE BOLA
Va como ejemplo, la carrera, que así la relata Carl Lumholtz:
Se efectúa siempre la carrera entre los individuos de dos localidades representadas en número de cuatro a 20 corredores. Ambos partidos llevan algún distintivo, como por ejemplo, los de un grupo, bandas rojas en la cabeza, y los otros, blancas. Es particularidad del juego el ir empujando al correr cada uno de los partidos una pequeña pelota, como de pulgada y media de diámetro, hecha de raíz de encino. El que corre más adelante la golpea con los dedos del pie derecho, haciéndola rodar como 100 metros. El que la arroja y todos los demás de su grupo la van siguiendo, sin dejar de correr; y el primero que la alcanza, la echa a rodar de nuevo, sin que se la toque nunca con la mano...
No hay pista especialmente dedicada para las carreras, pero … Siempre que es posible, se prefiere las cimas planas de los cerros poco altos que se extienden formando círculo; pero cuando no disponen de un lugar semejante, van y vuelven sobre una cima, partiendo siempre de alguna pequeña explanada o de otro punto conveniente, próximo al ceo, donde se reúne la gente para el objeto. Los jefes de uno y otro partido, arreglan entrambos el tiempo y el lugar, así como el número y extensión de las vueltas. Puede medir un circuito desde tres hasta 12 millas, conviniéndose en recorrer hasta 20 circuitos cuando son cortos.
En ese tono ricamente descriptivo, y gracias a su gran capacidad para percibir la realidad que contemplaba, Lumholtz construyó su obra maestra que registra lo que nunca antes que él, nadie se tomó la molestia de registrar.
SU OBRA PIONERA SENTÓ PRECEDENTE
La obra “El Explorador del Noroeste de Chihuauhua: Carl Lumholtz (1890-1898). Arqueología y Etnografía de la Sierra” consigna:
En 1893 el Diario Oficial publicó la estadística de los 11 millones 395,712 que integraban la población nacional, en la cual los indígenas representaban el 38%, razón por la cual el gobierno porfirista los consideraba un “problema”, pues obstaculizaba en el proyecto capitalista que se impulsaba desde la producción de bienes y la explotación de recursos naturales. Sin embargo, el objetivo de Lumholtz además de arqueológico era etnográfico, buscaba registrar y entender a los habitantes de los lugares que exploró.
La citada monografía de Casa Chihuahua registra también que “Entre 1891 y 1898 realizó cuatro expediciones a México, la primera acompañado de un grupo de ocho científicos, entre geógrafos, laboratoristas, arqueólogos, botánicos, zoólogos y geólogos, hasta terminar explorando solo y en periodos tan prolongados como tres años; tiempo en que logró recopilar numerosas piezas arqueológicas, restos óseos, especies botánicas y zoológicas, además de amplios registros fotográficos (más de 2,500 tomas) y sonoros (60 cilindros de cera con grabaciones de canciones tarahumaras)”.
Escribió su ensayo, producto de recorridos amplios y minuciosos por la Sierra Madre, “México Desconocido”, en Nueva York, 1903, y dijo: “Leif Erikson, el Hombre del Norte, fue en el siglo undécimo, el primer europeo que pisó el suelo americano. Acaso no parezca impropio, por lo mismo, que el instinto aventurero de los vikingos haya impulsado a un descendiente de aquel primer descubridor hacia una pacífica conquista por los campos de la ciencia en la Sierra Madre de México. He descrito lo que vi, imparcial y fielmente, lo mejor que he podido, y espero que mi libro infunda en cuantos lo lean el profundo afecto que siento por el magnífico país que sirvió de cuna a la civilización en el hemisferio occidental”.
Las palabras de Carl Lumholtz revelan su vocación: “Me agrada la sociedad con el hombre; pero ¡cuánta serenidad y calma inspira... la comunión con la naturaleza!”.
A ciento y tantos años de su odisea, la remembranza del viaje de Lumholtz pone en el escenario de nuevo los viejos y nuevos problemas del desarrollo, los viejos y nuevos problemas de la relación del Estado con las etnias, y los viejos y nuevos problemas de una actitud racista disfrazada de indigenismo. Pero esa es otra historia, diferente historia.