Chihuahua— Productores texanos culpan a México por falta de agua y han olvidado la demanda que tiene Texas contra Nuevo México por la retención del líquido, indicó en entrevista con El Diario el exgobernador del estado de Chihuahua, Patricio Martínez García, quien aseguró que según el tratado México no tiene la obligación de pagar el agua y lo que se ha entregado ha sido por buena voluntad de nuestro país o por negociación.

El Diario: En los últimos días se anunció un nuevo acuerdo en materia de agua entre México y Estados Unidos. Se habla de un “pago” de 432 millones de metros cúbicos anuales. ¿Qué significa realmente ese acuerdo?

Patricio Martínez García: No tenemos conocimiento de los detalles técnicos del acuerdo. Lo único que se nos informó es que se cerró un entendimiento, pero no sabemos en qué consiste. Lo que sí puedo decir, con el tratado en la mano, es lo siguiente: el Tratado de 1944 no obliga a México a pagar agua a Estados Unidos. Eso no existe en el texto.

El tratado establece que, de seis ríos mexicanos, un tercio del escurrimiento que llegue al cauce principal del río Bravo se acumula en las presas internacionales como agua para Estados Unidos. Pero también dice, textualmente, que los Estados Unidos no adquirirán ningún derecho sobre las aguas de esos afluentes. Si no hay escurrimiento porque hay sequía, no hay nada que repartir.

ED: Los granjeros texanos argumentan que no tienen agua porque México no ha cumplido. ¿Eso es correcto?

PMG: No. Los granjeros texanos no tienen agua en las presas internacionales, pero no es porque no les haya llegado agua de México. Es porque no les ha llegado agua del Alto Río Bravo ni de otros afluentes norteamericanos. La presa Elephant Butte tiene alrededor de 10 por ciento de almacenamiento; las presas del río Pecos también están en niveles muy bajos. Eso indica una sequía generalizada en toda la cuenca.

Las presas internacionales están al 20 ó 25 por ciento, pero no porque México haya incumplido, sino porque no ha llovido. Entonces, de ninguna manera es procedente la protesta de los granjerosx.

ED: Se insiste mucho en que México “debe” agua. ¿De dónde sale esa idea?

PMG: De una distorsión que se ha repetido durante años. El tratado nunca habla de deuda. Habla de un promedio estimado de 431.7 millones de metros cúbicos que se calculó que llegarían de los ríos mexicanos. Si no llegaron por falta de lluvias, eso no significa que México los deba. Es un déficit natural, no una deuda jurídica.

Además, el propio tratado prevé los casos de sequía extraordinaria. En esos casos, el déficit se puede reponer en ciclos posteriores, cuando haya agua. No dice en ninguna parte que México tenga que abrir compuertas de presas para completar volúmenes.

La sequía vivida desde

Chihuahua

ED: Usted fue gobernador en una de las etapas más críticas de sequía. ¿Cómo se afrontó entonces una situación similar?

PMG: Nos tocó una sequía más grave que la actual, por lo menos para Chihuahua. Entre 1999 y 2001 los niveles de las presas estaban más bajos que ahora. La Boquilla llegó a su nivel más bajo en 40 años. No hubo lluvias suficientes; la precipitación anual rondaba los 250 milímetros, lo cual prácticamente no genera escurrimientos porque el agua se evapora.

Para que tenga una idea de la magnitud: hicimos un concierto de niños tocando violín en el vaso seco de La Boquilla, con la cortina de la presa como fondo. Así estaba la sequía.

ED: ¿Y aún así hubo presión para entregar agua?

PMG: Sí. Se planteó abrir la presa El Granero. Si se liberaban 150 millones de metros cúbicos, 50 se contabilizaban para Estados Unidos y 100 para México, para Tamaulipas. Yo me opuse rotundamente. Era el único caudal que tenía el estado. Nos dejaban sin absolutamente nada.

Verificamos estadísticas oficiales: no había agua. Entonces se cerró la presa. Después, cuando pasó la temporada crítica, se hicieron acuerdos para ayudar, pero no por obligación, sino por cooperación.

Diálogo político y

solución temporal

ED: ¿Hubo diálogo con Texas en aquel momento?

PMG: Sí. Hubo diálogo directo con el gobernador Rick Perry y también con George Bush, cuando era gobernador de Texas. Les expliqué personalmente la situación de sequía extrema en Chihuahua, con datos verificables. Entendieron que no había escurrimientos y que no había agua que entregar.

Ese diálogo evitó que la crisis escalara. Fue conciliación, no imposición.

ED: Estas crisis se repiten. ¿Qué se requiere para evitar que sigan ocurriendo?

PMG: Se requiere una solución de fondo. El río Bravo es un río pequeño para una cuenca donde viven 20 millones de personas. No fue concebido para el nivel de consumo actual. A eso súmele el cambio climático: menos lluvias y más usuarios.

Llegamos los humanos, llenamos los desiertos de ciudades fronterizas y exigimos más agua. El resultado son crisis cada vez más agudas.

La solución pasa por una planeación binacional seria: invertir en eficiencia, en riego tecnificado, en reciclaje total del agua, en tratamiento y reúso, en restauración ecológica. Esto requiere inversiones enormes, probablemente del orden de 100 mil millones de dólares entre los dos países.

Un reclamo mal dirigido

ED: Finalmente, ¿qué debería hacer México frente a los reclamos de Texas?

PMG: Convencerlos de que México no les debe agua. Informar con precisión. Además, hay que recordar que Texas tiene una demanda judicial contra Nuevo México por la retención de agua del Bravo. ¿Qué pasó con eso? ¿Por qué no se habla?

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