Aunque México y Venezuela han tenido una historia compartida que inicia con su propio surgimiento como países independientes; para ello vale la pena recordar que nuestra nación alcanzó la independencia en 1821 y, pocos años después, en 1830, la consiguió el hermano país sudamericano. 

Pero la relación ha tenido una consolidación que va más allá de haber compartido una historia, durante las décadas de los 60´s y 70´s las dos naciones coincidieron en el establecimiento de políticas progresistas y de no intervención, y con ello se logró una hermandad que fue benéfica para ambos países que comparten la vocación petrolera. 

De hecho, fue hasta 2005 que se tensaron las relaciones diplomáticas entre México y Venezuela, precisamente durante los gobiernos de Vicente Fox y Hugo Chávez. Vale la pena detallar los puntos que originaron esta crisis para contextualizar adecuadamente el análisis y las condiciones en que se encuentra esa relación actualmente. 

El conflicto se gestó durante la IV Cumbre de las Américas, celebrada en Mar del Plata, Argentina, en noviembre de 2005. En esta cumbre, los líderes de los países del continente americano discutieron la propuesta del ALCA, una iniciativa promovida principalmente por Estados Unidos para crear una zona de libre comercio desde Alaska hasta la Patagonia, pero que no incluía a Cuba. 

La postura de México era la de apoyar esa integración que permitiera la liberalización comercial del continente para enfrentar el reto que representaba la Unión Europea. Por otro lado, Venezuela se oponía firmemente al ALCA, argumentando que beneficiaría desproporcionadamente a Estados Unidos y perjudicaría a las economías más débiles de América Latina. Chávez, junto con otros líderes de la región como Néstor Kirchner de Argentina y Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil, defendía alternativas que promovieran la integración regional sin la intervención directa de Estados Unidos.

El conflicto escaló a raíz de las posturas de México y Venezuela en la Cumbre, las declaraciones de Fox que criticaban a los países que se oponían a la integración bajo el supuesto que esa postura significaba un obstáculo para el desarrollo económico de sus países. Aunque el presidente mexicano no pronunció nombres, todos en la cumbre percibieron que estas palabras estaban dedicadas a los presidentes venezolano, argentino y brasileño.

La respuesta de Chávez fue al más puro estilo del finado mandatario, con una frase que se volvió icónica llamando al presidente mexicano “Cachorro del Imperio”, pero no se detuvo ahí, utilizó su programa “Aló Presidente” para seguir reforzando su postura y criticando la de México. 

El intercambio de declaraciones entre ambos presidentes siguió intensificándose en los siguientes días, Chávez acusando a Fox de haber traicionado los intereses de América Latina y Fox demandando respeto y lamentando las ofensas personales.  Todo esto llevó a que México declarara persona non grata al embajador de Venezuela en México y la respuesta por parte de Chávez estuvo en el mismo nivel al declarar persona non grata al embajador de México en Venezuela. 

El conflicto del 2005 pudo aligerarse conforme pasaron los meses, pero debe quedarnos claro que las diferencias ideológicas suelen ser un problema cuando se escalan y con ello, se pueden afectar las relaciones con países que históricamente han sido hermanados por haber compartido vivencias, cultura y condición. 

Actualmente, Venezuela está viviendo una situación interna compleja a raíz de la elección presidencial. Países en todo el continente han pedido que se esclarezcan los resultados, incluso Estados Unidos ha declarado que reconoce el triunfo del candidato opositor, en una clara intervención que va más allá de las condiciones para las que operan las relaciones diplomáticas.

 La postura de México ha sido más prudente al pedir que, antes de pronunciarse en el reconocimiento de un ganador indiscutible, se termine el proceso por todas las vías legales conducentes; sin intervenir más allá de eso. Esto regresa a México a la senda marcada por la Doctrina Estrada de no intervención y la autodeterminación de los pueblos, pero sobre todo incluye un tercer punto de esa doctrina, “México no reconoce formalmente o desconoce gobiernos extranjeros”, para ello no emite juicios de legitimidad. 

Ya hemos visto que las diferencias ideológicas pueden conducir a conflictos innecesarios, por eso es importante que comprendamos el contexto general y, más allá de nuestros deseos, nos apeguemos a la doctrina diplomática que ha dado buenos resultados.