Ya pasaron las elecciones. Los problemas del país no son ahora asunto de Andrés Manuel López Obrador. Aunque debieran serlo. Él está más feliz porque su partido ganó. Lo que le ocurra a México, a partir del 2 de junio pasado, tendrá otros responsables.
Habrá de ocuparse de temas que tienen que ver con su “yo” y con el “la culpa la tienen los conservadores”. El problema es que ya no puede derivarlo a los otros, sino a los suyos. Aunque los “suyos” deben estarse preguntando… ¿y ahora qué hago?
¿Qué hacer con un país preocupado, con los mercados financieros bajo presión por los resultados electorales?; debido a que Morena obtuvo la victoria en la elección por la Presidencia, algo que se había descontado, pero también en el Congreso, de una manera sorpresiva, la Bolsa Mexicana de Valores perfila una tercer semana consecutiva en caída.
Este no es un tema menor: si a la mayor parte de los simples mortales mexicanos ese tema no nos debe preocupar, en realidad es un asunto de primer orden, porque tiene que ver con inversiones y, por consecuencia, con la generación de divisas y, obvio, de empleos.
Dejemos ese asunto en segundo plano. Si bien los mercados financieros están reaccionando de manera preocupante ante la insistencia del gobierno mexicano de seguir adelante con la reforma para que el poder judicial sea renovado mediante un proceso electoral, el relevo presidencial, aunque más cauto, continúa con esa misma línea política.
Eso no puede sorprender a nadie: ya se había adelantado que el segundo piso de la 4T seguirá en construcción y que, lejos de acuerdos con las minorías, habrá una aplanadora que no dejará respirar a la oposición. Grave situación frente a un país que, a querer o no, tendrá algunas similitudes de otras naciones que están reaccionando ante iniciativas presidenciales no muy populares.
Pero decía párrafos arriba: dejemos a un lado el tema financiero y el electoral, literalmente. Enfoquemos esta preocupación en algo que sí le afecta directa e inmediatamente al pueblo en general: la sequía. Porque no estamos hablando de falta de agua en los distritos de riego, ni hacemos referencia a los sistemas hídricos por bombeo…
Hablamos del agua potable directamente inyectada a la población, amén de los bajos niveles en la mayoría de las presas del país, empezando por los estados con mayor sequía como Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Durango, Tamaulipas, San Luis Potosí o Nuevo León.
De acuerdo a las mediciones oficiales, son estos estados de la República los más afectados por la falta de agua y, de acuerdo a la Comisión Nacional del Agua, más del 65 por ciento de la población mexicana presenta algún grado de sequía.
No hay agua. Ese es un tema que debe subirse a la discusión parlamentaria, oficial, presidencial y no estar buscando, como prioridad, cómo desmembrar al poder judicial o de qué manera vengarse de los opositores que ya dejaron de serlo, para convertirse en un bloque que busca ser escuchado.
Un dato aterrador: en Ciudad Juárez, el jueves pasado, las autoridades educativas anunciaron la suspensión de clases de miles de alumnos del nivel básico, ante las temperaturas que ya superan los 40 grados centígrados y no hay agua suficiente para las necesidades básicas
Peor: ante este fenómeno climático atípico, las constantes fallas en el servicio de energía eléctrica entorpecen el funcionamiento de los aparatos de clima artificial para garantizar un desempeño escolar adecuado. Las clases deben suspenderse irremediablemente.
Según datos de la Secretaría estatal de Educación en Chihuahua, en Ciudad Juárez hay 293 mil alumnos del nivel básico que asisten a la escuela de lunes a viernes y si se suman los niveles de media superior y superior, más de 450 mil estudiantes están en riesgo de, incluso, golpes de calor.
Los pronósticos advierten temperaturas de más de 43 grados en las próximas semanas, por lo que el periodo escolar debió adelantarse, ante la falta de agua , suficiente para las necesidades básicas escolares, no se diga el suministro en todas las colonias del estado de Chihuahua.
Por eso, insisto: más allá de reformas para descalabrar al poder judicial, mucho más allá de una embestida contra aquello que se considere “prioridad”, hay algo que no puede dejarse de lado y que las nuevas autoridades -porque las que ya se van dejan un irresponsable vacío-, deben atender como un asunto de estado: la sequía.
Aclaro: la sequía no se acabará por decreto, o porque sea un tema parlamentario. Las consecuencias es lo que sí está en manos de las autoridades, sobre todo cuando hablamos de fallas en la energía eléctrica y el evitar, por ejemplo, que la poca agua en México sea enviada a Estados Unidos cuando aquí es de vital importancia. Por eso este tema es de primer orden para las autoridades ¿Lo atenderán? Al tiempo.