Nuestros ilustres maestros de ciencias sociales nos enseñaron lo que era un nómada, se me hizo un término interesante, me hacía pensar que toda la gente que nos movíamos de casa, de barrio, de pueblo, pertenecíamos a la sección “nómada” Y me convertí en una. De muy pequeña tuve que mudarme con mi familia de una casa a otra, de colonia Barrio Alto, a la colonia Altavista, y después a Infonavit Casas Grandes donde viví la mayor parte de mi vida, hasta trasladarme a San Ángel ahí por la calle Plutarco Elías Calles. En esos movimientos tuve oportunidad de conocer a muchos amigos, vecinos, compañeros, sobre todo porque mi madre tenía esa capacidad y ese don de querer y hacerse querer por todo el mundo.

Entre sus amistades, siempre estaban los dueños de las tienditas de abarrotes y los pequeños mercaditos de barrio que se apostaban en las esquinas con una báscula grande y colgante de aluminio, donde pesaban una pequeña variedad de frutas y verduras que envolvían en alcatraces de papel periódico. Ahí acudíamos día a día por las mañanas, caminando de la mano para conseguir los productos básicos, mercancía modesta que se necesitaban en casa. Esas benditas tienditas de la esquina, a donde me mandaban  a comprar cuatro litros de leche diarios, junto con dos barritas de chocolate abuelita, esas, donde la tarjeta de crédito era un cartoncito rectangular donde se anotaba a puño y letra del dueño la cantidad deudora que había de pagarse el fin se semana, en la quincena, al mes o cuando fuera posible, pero que hacía posible que muchas familias tuviéramos la oportunidad de tener cuadritos  de concentrado de pollo, sopa de letras, de estrellitas y fideos y un poco de arroz, dos tomates frescos, una cebolla, pero y por supuesto una coca cola para sobrevivir a las tempestades, (antes no comprábamos agua purificada, la tomábamos directamente de la llave en jarros y pocillos de barro o peltre azul) eran y son la salvación de quienes sobreviven a la economía de la mayoría de las familias juarenses, convirtiéndose en proveedores de la canasta básica.

Todos conocemos una o varios de estos icónicos lugares, todo está compacto dentro de local que sirve de tienda, trastienda, casa y bodega, todo está “amontonado” pero bien clasificado, las hieleras con las sodas, jugos de frutas, leche, salchichón chimex, huevo y queso de diversas marcas (yo prefiero el clavel que tiene muchos agujeritos). Las vitrinas de mica o vidrio adornar y protegen el pan blanco, las esponjas y donas de chocolate, que tomamos con unas pinzas de aluminio dentadas para que no se caigan las piezas y no se contaminen, (porque una vez en el piso, ya los besó el diablo y ya no nos lo podemos comer). Luego son empacados en una bolsa de papel kraft del numero seis para que llegue fresco y esponjado a casa.

En la parte más alta de la colonia Altavista, había un negocito de estos, cuyos dueños eran corteses y amables, característica que no es muy propia de los que ejercen esta actividad, por cierto. Ahí como en muchos de estos lugres, había dos frascos de vidrio con “cueritos” de cerdo en vinagre que sacaban de la profundidad con las pinzas iguales a las del pan, le quitaban todo el migajón al sabroso bolillo y lo rellenaban con queso de puerco o salchichón, queso blanco, los sabrosos cueritos y un chile serrano convirtiéndose en un manjar para paladares muy selectos y muy necesitados después de una larga jornada escolar.  

Estos establecimientos han sido atendidos tradicionalmente por familias detrás de un mostrador han sido providenciales, estratégicamente distribuidos y bendecidamente surtidos por los diferentes integrantes que ejercen diferentes funciones dentro del negocio, igual podemos ver al papá, a la mamá, a los hijos, sobrinos y yernos cargando el hielo y picándolo para colocarlo en las hieleras comerciales.

También se venden chicles, dulces en todas sus benditas variedades, cerveza, cigarros sueltos o en cajetilla, veladoras con la imagen de la Virgen de Guadalupe y San Judas Tadeo, cerillos, focos, fusibles; muy temprano atienden el desfile de surtidores de Bimbo, Marinela, Sabritas, Barcel (productos básicos en la alacena del mexicano, podemos vivir sin jabón Zote, pero jamás sin unos Sabritones).

Latas de chiles en escabeche, de elote, atún, sardinas, salsas, mermelada, mayonesa, tostadas con chile y chamoy, son clasificados en los anaqueles o repisas para ofrecer al cliente calidad y rapidez en el servicio.

La característica frecuente de las tiendas de colonia es que permiten una relación entre el tendero con la comunidad que atiende, transmitiendo una sensación de cercanía y de confianza con los vecinos consumidores de los lugares donde se encuentran.

Los nombres son muy populares como para hacerlos más acogedores: abarrotes “La Lupita”, “El gordo”, El capricho, “El sol del día”.

Conocí una tierna y sin igual tiendita en la colonia Hidalgo: La flor de mayo, donde los dueños atendían con amor y si por casualidad no tenían lo que necesitabas en el momento, salían por la puerta de atrás hasta que lo conseguían y te lo presentaban en el mostrador en pocos minutos. Entre vender y servir era la prioridad y la satisfacción.

Visitar el “Mercadito” enfrente del parque de la familia de San Lorenzo, es disfrutar de la variedad y tradición de una tienda de abarrotes, así como el “Súper Eréndira” donde con higiene y calidez se distinguen las virtudes de una tiendita de colonia, también amablemente atendida por sus dueños.

Benditas y eternas sean siempre las tiendas del cartoncito crediticio, las de nombres populares y hasta graciosos o poéticos, las que están pintadas por fuera con el logotipo típico y el color rojo de los refrescos que promueven, aunque claro, también existe, la Pepsi, la Manzanita sol, Sprite, pero esa es otra historia.

Que siempre existan, porque fueron y serán la base económica de familias juarense de donde surgieron profesionistas y personas de bien, en donde con trabajo honesto y esfuerzo forjan la historia de los pequeños comercios que mueven a la ciudad y que la mayoría de las veces también son el apoyo de la gente desprotegida, de algunas personas que no tienen que comer.