Los seres humanos carecemos sobre ideas coherentes del tiempo. El tiempo es la única riqueza real que tenemos y nos pasamos la vida inventando actividades para matar el tiempo.

Somos tan efímeros como las personas mismas, porque nuestra voluntad de perdurar se diluye en la volatilidad del propio carácter humano, tan cambiante y esquivo. No hay profesión más complicada que aquella que implica una relación perdurable como el género humano y sus cambiantes intereses. Los puestos de trabajo son efímeros “son pasajeros” tanto en el gobierno como el sector privado.

En ocasiones se cree que los puestos de trabajo son eternos, sobre todo en el ámbito gubernamental; pero la realidad es que son efímeros. Lamentablemente, el ser humano sigue creyendo que las posiciones de poder son única y exclusivamente para ejercer el poder, dejando a un lado la transcendencia, tanto personal, como de las personas que nos rodean.

En los próximos meses seremos nuevamente testigos de ajustes en negociaciones políticas en los tres niveles de gobierno, incluida Ciudad Juárez, en lo que se refiere a cambios en los gabinetes, concesiones con proveedores e incluso el cambio de poder entre grupos del mismo partido.

Es aquí donde tiene lugar la siguiente interrogante: ¿Los puestos son temporales o para siempre? La historia nos da lecciones que en diferentes momentos y circunstancias de la vida las personas que ostentan un cargo o poder han caído en lo que se le conoce como “síndrome de Hubris”, un trastorno que llevado al extremo puede ser tan peligroso como el conocido complejo de Otelo, pero que en este caso se caracteriza por un ego desmedido y un gran desprecio a las opiniones de los demás.

El síndrome de Hubris, también conocido como síndrome de Hybris o enfermedad del poder, es un trastorno que se desarrolla en aquellas personas que experimentan un cambio de personalidad cuando se encuentran en un puesto de poder. Este alto cargo comienza a experimentar un orgullo y ego extremo, ganando una confianza excesiva en sí mismo y adquiriendo formas despectivas de comportamiento hacia los demás.

La palabra hubirs o hybris proviene del griego y su significado es el de orgullo, presunción o arrogancia. Este síndrome fue detallado por primera vez por el expolítico David Owen y también por el psiquiatra Jonathan Davidson para utilizarlo como un cuadro diagnóstico con el que clasificar el poder desmedido de algunos políticos.

Si nos ponemos a analizar este concepto, podemos traer a la mente algunos casos específicos de nuestro entorno, donde algunas personas se encuentran siendo víctimas de este síndrome. La mayoría de los funcionarios públicos han sido víctimas de este síndrome de poder, creyendo que el encargo que tienen encomendado para un periodo en específico será para siempre y, aún y cuando sean buenos perfiles técnicos termina ganándoles más el ego y soberbia.

Grandes proyectos y acciones de gobierno pudieron llevarse a cabo en las administraciones que van terminando (municipal y federal), pero debido a que los funcionarios cayeron en este trastorno no se pudieron llevar a cabo.

Como ciudadanos juarenses y a nivel personal, debemos tener presente que los puestos gubernamentales y en el sector privado son pasajeros, lo único que dejaremos en el trayecto será las aportaciones que hagamos, así como los valores promovidos desde nuestro radio de acción.

Por el bien de México y Ciudad Juárez es bueno que les deseemos el bien a nuestros gobernantes, esperemos que se rodeen de los mejores perfiles para las diferentes áreas de su administración y que los funcionarios que integren no caigan en esta enfermedad de poder.