“… no debemos olvidar que vivimos en un contexto de una fuerte crisis ambiental, entendida como una crisis de la civilización que afecta a los cimientos de nuestro modelo de relación con el medio”. Martí Boada
Con el inicio de la temporada primaveral llega también la esperanza de que el verde inunde nuestras casas y calles: la gente optimista corre a los viveros cargando con lo que más le gusta de lo que encuentra… más, aún con todo ese entusiasmo y con el ánimo de que este año será diferente, se olvida de que es muy probable que al menos la mitad de lo que lleva a casa pronto se convertirá en motivo de desilusión al verlo marchitar. Nos olvidamos de que vivimos en un desierto.
Martí Boada, geógrafo y doctor en Ciencias Ambientales de nacionalidad española acreedor de varios premios internacionales, afirma que el sistema urbano es el gran reto del futuro si es que deseamos que sea sostenible, como lo declara desde su nombre nuestro Plan de Desarrollo Urbano Sostenible, lo cual, agrega, debe ser así para considerase progresista y comprometido con un futuro socialmente solidario y ambientalmente seguro, pero hay un “pero”: el nivel de sostenibilidad depende del grado de desarrollo en el sistema urbano. Esto es, que no solo se trata de bautizar los planes y documentos con el apellido “sostenible”, sino que el contenido y las acciones deben justificarlo.
En cuanto a la importancia de las áreas verdes en las ciudades, hemos olvidado que ya sea cuando relacionamos el número de árboles o los metros que le corresponden a cada habitante, estamos hablando de indicadores básicos para medir la calidad de vida de las personas, y eso sí no tiene nada que ver con que vivamos en un desierto. En Ciudad Juárez tenemos una carencia ambiental a nivel de crisis porque no es posible que aspiremos a una mejor ciudad si no hacemos lo necesario para empujarla, y empujarla bien.
A qué me refiero: de acuerdo con el IMIP, en 2016 el registro era de 5.88 mientras que ya para 2023 alcanzaba los 6.8 metros cuadrados por habitante, parece que algo se estuvo haciendo bien en ese periodo, aunque la Organización Mundial de la Salud recomienda 16 como lo ideal y 9 como mínimo. Fíjese Usted: no solo nuestra ciudad se vería más bonita con más áreas verdes sino que además con la vegetación se reduciría la contaminación atmosférica, se regularía la humedad y la temperatura -en el invierno no llegaría el frío tan de tajo y en el verano la vegetación bajaría la temperatura- se reduciría y controlaría la erosión del suelo, se establecería un filtro acústico y una barrera para la reducción del viento y hasta se dice que tiene un efecto antibiótico porque los microorganismos patógenos suspendidos en el aire: se dice que en área edificada y concurrida la concentración de estos microorganismos puede alcanzar los cuatro millones de unidades por metro cúbico mientras que en zonas arboladas gracias al follaje se reduce a treinta mil.
Si es innegable el favor que nos hacen las áreas verdes en cuestión ambiental, no lo es menos en términos de su beneficio social ya que el espacio público y en especial las áreas verdes son el lugar que permite el encuentro entre los ciudadanos.
En ese sentido, si bien todos sabemos de sus bondades, también sabemos lo problemático que es mantener viva la vegetación. De hecho a algunos ¡hasta los ocotillos se nos secan! De aquí la importancia de la reciente publicación del Instituto Municipal de Investigación y Planeación “Paleta vegetal de Ciudad Juárez” en donde se nos invita a cuidar la fauna y a sostener el ciclo del agua. En este libro encontraremos cuáles son las especies endémicas, las nativas y las de fácil adaptación a nuestro clima con la finalidad de promover la elección de vegetación apropiada y concientizarnos de su riqueza.
Por eso esta publicación es de gran valor nuestra ciudad: para “empujar bien” a nuestra ciudad nos da una serie de consideraciones a tomar en cuenta cuando deseamos plantar un árbol o simplemente un cubresuelos. Refiere a especies nativas y endémicas como el palo verde, el sauce, el encino rojo, mezquite, yuca y por supuesto ¡el ocotillo!. Entre las de fácil adaptación menciona al cenizo, la palmera enana, fresno y lavanda, también entre otras tantas, y frutales como la higuera, durazno, ciruelo de flor, membrillo y manzano.
¿Cómo ve? No estamos condenados a estar rodeados sólo tierra cuando podemos tener vegetación bonita y de poco consumo de agua. No lo dude, cuando pensemos en plantemos un árbol, hagámoslo por nuestro propio bien y el de nuestro planeta.
Descargue la versión electrónica del libro “Paleta vegetal de Ciudad Juárez” en https://www.imip.org.mx/imip/node/347