“Y aunque oficialmente no hay partidos en esta elección, los rumores ya están corriendo: que si tal candidato ya fue palomeado por el gobernador, que si tal otro es el favorito de Palacio Nacional”
A partir del domingo pasado, México y Chihuahua entran en territorio desconocido: las campañas para elegir jueces y magistrados han comenzado. No es broma. Por primera vez en la historia del país, vamos a votar por quienes impartirán justicia. El experimento, cortesía de la reforma judicial aprobada el 15 de septiembre del año pasado, ya está en marcha. En 58 días, elegiremos a 305 personas para el Poder Judicial Estatal, y a 44 para el Federal. Y como todo experimento, este también podría salir mal.
Tan solo en Chihuahua, son 856 los aspirantes que competirán por una toga. Entre ellos hay quienes actualmente ocupan el cargo, y otros tantos que vienen de otros espacios, sin experiencia judicial, pero con muchas ganas de "servir al pueblo", como si fueran candidatos a la alcaldía. Porque eso es lo que ahora se espera de ellos: carisma, narrativa y buena presencia en redes. Algo así como juzgadores influencers.
Hay reglas, claro. Nada de mítines masivos o espectaculares, tampoco radio ni televisión. Todo tiene que ir por redes sociales o medios impresos, biodegradables, eso sí, para no contaminar mientras se politiza la justicia. Las campañas, según el guion, deben ser sobrias. Pero todos sabemos cómo termina esto: promesas vacías, spots mal grabados, y la eterna duda de si la justicia está en manos de profesionales o de aspirantes a youtubers.
Y aunque oficialmente no hay partidos en esta elección, los rumores ya están corriendo: que si tal candidato ya fue palomeado por el gobernador, que si tal otro es el favorito de Palacio Nacional. La pregunta que vale la pena hacer es ¿Qué tan independientes serán los nuevos juzgadores si su campaña depende del respaldo de quienes, después, podrían ser juzgados por ellos?
El peligro es claro, juzgadores que dejen de juzgar para empezar a hacer política, preocupados más por su imagen que por sus sentencias. Tribunales convertidos en plataformas electorales. Y nosotros, ciudadanos, confundidos entre votar por el que promete justicia pronta y expedita o por el que hace mejores TikToks.
La reforma pretendía acercar el Poder Judicial al pueblo. Pero, por ahora, lo único que tenemos es incertidumbre. Una elección sin claridad, sin garantías reales de imparcialidad, pero con mucho espectáculo. Como si el Estado de Derecho se pudiera elegir por popularidad.
En las próximas semanas, prepárese para ver a su juez favorito bailando en reels, hablando de justicia social con frases de Benito Juárez, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero y probablemente alguno que otro atrevido que utilice a Paulo Coelho, o contando chistes jurídicos para ganar likes. ¿Tendremos una mejor justicia? Ojalá. Pero de que nos vamos a divertir, nos vamos a divertir.