Otra vez, el empresariado de Ciudad Juárez nos viene a decir qué es lo que realmente necesitamos. Porque claro, uno transita por las calles llenas de baches, esquiva charcos de aguas negras, soporta apagones de luz, la sufre con el transporte público y se dice a sí mismo: “¡Caray, lo que esta ciudad necesita es un centro de convenciones!”

Y no es un mero capricho. Lo plantean como si se tratara de una deuda histórica con la ciudadanía. “Un lugar digno para eventos masivos”, se repite como mantra, como si nuestra dignidad como juarenses dependiera de tener un gran salón alfombrado con luces LED y aire acondicionado. Eso sí, que no falte el valet parking y las rentas elevadas para que los de siempre hagan negocio con lo que se paga con dinero público.

Esta narrativa suena familiar. Se repite cada vez que un grupo de poderosos necesita que se le financie su próximo proyecto privado. Lo vimos con el estadio Benito Juárez, ese mismo que se construyó con recursos públicos pero que hoy es casa exclusiva del negocio privado llamado Bravos FC. ¿Y quién puede entrar sin pagar? Nadie. ¿Quién ve ganancias del estadio? Tampoco nadie. También está la Plaza de la Mexicanidad, que era pública hasta que empezó a generar ingresos. Ahora se renta para eventos, conciertos, festivales, todo con precios que excluyen al ciudadano promedio. Pero eso sí, los terrenos y el mantenimiento, ésos siguen siendo responsabilidad del erario público.

Y ahora nos quieren vender otro sueño. Un centro de convenciones que, en realidad, suena más a un centro de ganancias, pero para unos cuantos. Me queda claro que el concepto de "necesidad" es flexible. ¿Quién define qué es urgente para la ciudad? Porque si se hace una consulta popular, real, abierta y sin manipulación, estoy casi seguro de que el centro de convenciones quedaría al final de la lista. Muy detrás del agua potable, la pavimentación de calles, la seguridad, el alumbrado, o el transporte público digno, entre otros.

Lo que molesta no es el proyecto en sí, sino el descaro con el que se pretende imponer. Dicen que es una inversión para atraer turismo de negocios. Cuando Juárez es una ciudad que aparece en los rankings internacionales por su inseguridad, en los nacionales por infraestructura decadente y servicios colapsados, y dicen que la solución es un espacio para convenciones.

Y aquí la pregunta clave: si se construye en parte con dinero público, ¿será de acceso público? ¿Podremos los ciudadanos hacer uso gratuito o al menos con tarifas accesibles para eventos? ¿O se convertirá en otra fortaleza del privilegio, donde los únicos bienvenidos serán quienes pueden pagar cientos o miles de pesos por una entrada?

Ya conocemos el modus operandi: se utiliza el discurso del desarrollo y el progreso para justificar transferencias millonarias del fondo público al bolsillo privado. Lo llaman inversión, pero para el ciudadano común sólo significa desvío de recursos, exclusión y, eventualmente, olvido.

Así que, cuando escuche otra vez que Juárez “necesita” un centro de convenciones, pregúntese de dónde vendrá ese clamor. ¿Es una demanda ciudadana auténtica? ¿O es simplemente el eco de un lobby empresarial bien engrasado? Porque en esta ciudad, donde hay miles de necesidades urgentes, pareciera que las únicas que se atienden son las que coinciden con los negocios de siempre.

¿Un centro de convenciones? Tal vez sí, algún día. Pero primero: drenaje, agua, calles dignas, seguridad y transporte. Después hablamos de alfombras rojas.