Opinión
Sábado 18 Oct 2025, 06:10
OPINIÓN
Ayudó la blindada a los estatales en el retén
Al fin los policías estatales no resultaron víctimas y abatieron a cuatro integrantes de un grupo delictivo que los atacó en el ejido Flores Magón, cerca del entronque de la Carretera Panamericana Chihuahua-Juárez
La Columna de El Diario
-Ayudó la blindada a los estatales en el retén
-Impuesto al pecado castiga más a la frontera
-Radicaliza Sheinbaum su discurso
-Presión a maquilas para que se hagan mexicanas
Al fin los policías estatales no resultaron víctimas y abatieron a cuatro integrantes de un grupo delictivo que los atacó en el ejido Flores Magón, cerca del entronque de la Carretera Panamericana Chihuahua-Juárez.
Hasta ahora la corporación del estado venía convertida en víctima de agresores miembros tanto del Cártel de Sinaloa como de La Línea. Hace un mes en la región de Guadalupe y Calvo, con saldo de una decena de policías desarmados, tableados y humillados; y hace una semana en el municipio de Moris, donde fueron acribillados y asesinados tres elementos, una mujer entre ellos.
Sin duda esta vez debieron tomar los estatales medidas preventivas extremas. Andaban en un operativo encabezado por vehículos blindados tras recibir múltiples amenazas y el derribo de cámaras de vigilancia centinela en varios poblados cercanos al enfrentamiento.
Fue en un retén instalado por miembros de La Línea donde se registró primero el ataque contra los uniformados y después la reacción de estos, con el saldo mencionado.
Sin duda vendrá mayor presión delictiva y la necesaria mayor coordinación entre corporaciones de seguridad tanto para reforzar los operativos de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal en casi todos los puntos de la entidad, particularmente en los apartados poblados serranos, como para proteger en general a la sociedad, víctima de extorsiones y robos.
Ese retén y varios más en la zona habían sido justo denunciados por pobladores, víctimas de cuotas.
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Ni porque más de una tercera parte de los diputados federales morenistas de Chihuahua son de Juárez, ninguno alzó la voz para, cuando menos, analizar un poco más a fondo el incremento del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), el clásico castigo fiscal al pecado.
En el papel, el alza luce como una jugada de responsabilidad fiscal y salud pública, porque representa más impuestos a los refrescos, cigarros, apuestas y hasta a los videojuegos violentos. Pero en la frontera norte esa medida suena más a penalización al ciudadano que a estrategia.
En la vida real, el impacto se siente en la tiendita de la esquina, en los changarros que dependen del flujo diario de refrescos y cigarros, y en la frontera donde cada peso de diferencia con Estados Unidos define si se compra de un lado o del otro.
En Ciudad Juárez, por ejemplo, un litro de Coca Cola ya costaba más que en El Paso. Con el aumento la brecha se ensancha más. Y eso empuja al consumidor a cruzar la línea, mientras erosiona la base comercial local, en un momento donde el comercio fronterizo no se recupera del golpe inflacionario y la desaceleración industrial.
El discurso de justicia tributaria y de salud pública es irreal. El IEPS es un impuesto plano que castiga más al que menos gana. En la frontera, donde el costo de vida se mide en dólares, este tipo de medidas no solo son impopulares, son insensatas.
Además, el diferencial fiscal con Texas vuelve a hacerse abismo. Mientras allá los impuestos al consumo se moderan para mantener competitividad, en México se ensayan aumentos que asfixian a los pequeños negocios. No hay que ser economista para anticipar el efecto: más compras del otro lado, más informalidad, más contrabando hormiga y menos recaudación neta para el fisco mexicano. Así de simple.
Así, mientras en la frontera los salarios apenas alcanzan, el IEPS vuelve a ser herramienta del centralismo para ordeñar al norte productivo. No se trata de quién fuma o quién toma refresco; se trata de quién paga los costos de las decisiones tomadas desde el centro.
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Pues Marcelo Ebrard deberá buscarse otros asesores. Lanzó su “Plan México”, en el que plantea que en ciudades como Juárez las maquiladoras incrementen la integración de insumos nacionales hasta en un 15 por ciento.
Se oye muy nice, muy apantallador, si no fuera porque es totalmente "fake". La realidad es que todos los días se acumulan trabas para que las plantas compren más insumos locales; y eso viene no solo del SAT, sino también de la nueva ley aduanera recién aprobada.
Quieren obligar a cosas imposibles, como si los empresarios o inversionistas fueran niños de kínder. Ahora bien, si el gobierno realmente busca presionar para que las maquilas se conviertan en empresas nacionales -sin el programa IMMEX-, pues que lo diga de frente y no ande con simulaciones. Pero antes tendría que responder algo básico:
¿Por qué las maquiladoras no quieren convertirse en empresas mexicanas? Muy simple: en Estados Unidos pagan un 21 por ciento de ISR; en México, la tasa es del 30 por ciento, además del reparto obligatorio de utilidades y un 10 por ciento sobre las ganancias a inversionistas conocido como impuesto al dividendo. Así, cualquiera lo piensa dos veces.
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Será porque el radicalismo en el lenguaje se impone cada vez más en el mundo, y ahí están los ejemplos de Trump, de Maduro, de Milei, de Netanyahu-, o por los reclamos a gritos destemplados en Poza Rica, pero la Presidenta Sheinbaum ha endurecido drásticamente su discurso contra la oposición en los últimos días.
En La Mañanera del jueves se dejó ir, sin piedad ni contemplaciones, contra las dirigencias del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano.
Lo hace en el contexto de que, aunque Morena saque adelante la reforma electoral, que se supone estaría lista en enero, se le ha complicado sacar adelante las nuevas Leyes de Telecomunicaciones, la de Aduanas, y no se diga la del Amparo. Porque, aunque era evidente que se iba a imponer la aplanadora guinda, la oposición plantó cara, con objeciones sólidas, a cada una de ellas.
Y porque en todo debate político así son las reglas del juego. Si hoy Morena fuera oposición, y vaya que lo ha sido, seria incluso más estridente en sus posturas.
Cuestionada sobre el intento de reconformación de las alianzas opositoras entre el PAN y Movimiento Ciudadano, puso en entredicho la calidad moral de sus dirigentes. Sobre el albiazul aseguró que lo dirige “el cártel inmobiliario”, justo el slogan de su campaña en 2024. Y a los de Movimiento Ciudadano los tildó prácticamente de hipócritas, cuando aseguró que se disfrazan de “supuestos progresistas”, pero al final del día representan al viejo régimen.
Así que para la Presidenta de millones de mexicanas y mexicanos no hay más que de dos sopas: o el movimiento de transformación o el regreso a la corrupción.
Si es un discurso para su base de simpatizantes, que es abrumadoramente mayoritaria, no se le vería ninguna utilidad práctica, sería como quemar la pólvora en diablitos.
Si va directo a sus adversarios, no se ve tampoco entonces por donde pueda caminar la civilidad política del país.
Porque no es un discurso de una Jefa de Estado, sino de la líder de un movimiento político.