El pasado miércoles 15 de octubre tuve la oportunidad de participar en la Convención Nacional de la Asociación de la Industria Maquiladora de Exportación (Index) para celebrar el 50 aniversario de su fundación, en donde coincidimos con la presidenta del Consejo Asesor de Desarrollo Económico, Altagracia Gómez; el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo; la secretaria de Desarrollo Económico de la Ciudad de México, Manola Zalbaza, y Alejandro Malagón, presidente de Concamin.
Por invitación del sector de la industria más dinámica del país que, durante 2024 generaron cerca de tres millones de empleos directos y remuneraciones a sus trabajadoras y trabajadores próximas a un billón de pesos, participé en un panel de legisladores diseñado con el objetivo de avanzar hacia la construcción de una agenda legislativa que aproveche la nueva etapa que está viviendo la región de América del Norte, a partir de la reconcentración de capitales que ha supuesto el llamado Nearshoring.
De los senadores únicamente estuvimos invitados los presidentes de las comisiones de Asuntos de la Frontera Norte; de Revisión para el T-MEC, Waldo Fernández; de Relaciones Exteriores, Alejandro Murat, y de Economía, Emmanuel Reyes, quienes haremos equipo en la coyuntura que enfrentamos en la relación binacional.
Fue un momento singular: tuvimos la oportunidad de reflexionar acerca de la contribución que estas empresas están haciendo al desarrollo nacional y en los retos que enfrentará para vincularse al Plan México y a la renegociación del TMEC que habrá de culminar el año próximo.
Dado que desde medidos de los años sesenta ha sido la base de la expansión económica de la frontera norte, de Chihuahua y de Ciudad Juárez, me parece oportuno hacer una revaloración de su impacto, a largo de los siete años que sus operaciones han estado alentadas por la emergencia y rápida consolidación de un nuevo modelo económico que, por primera vez ha cumplido con el doble objetivo de garantizar la prosperidad de los negocios y el bienestar de los trabajadores y sus familias.
Desde su origen, las plantas en Juárez ha sido un laboratorio en el que se pueden valorar con mayor precisión y nitidez sus impactos, tomaré como base lo ocurrido en mi patria chica o “matria” (como llamaba el historiador Don Luis González a los terruños) para ilustrar como las maquiladoras, bajo un nuevo régimen laboral más humanitario, en el que por primera vez en nuestra historia se comparte la riqueza generada con las y los trabajadores, están contribuyendo, como ningún otro sector productivo, a desarrollar una comunidad con mayores niveles de bienestar, donde la pobreza se está reduciendo aceleradamente.
Si nos atenemos a la información más reciente sobre el comportamiento de esta industria en el municipio de Juárez, publicada en el portal oficial del INEGI, desde el año 2008 y hasta el cierre de 2024, vamos a observar que durante este periodo de 17 años que cubre cinco años del gobierno de Calderón, y los sexenios completos de Peña Nieto y López Obrador, el aporte de esta industria a la economía de la ciudad tuvo, coincidentemente, tres momentos marcadamente diferentes.
El primero de 2008 a 2012, durante el gobierno de Calderón, en pleno afianzamiento del modelo neoliberal, estuvo caracterizado por un severo estancamiento en el cual el empleo se mantuvo por debajo de los casi doscientos mil trabajadores que había alcanzado justo al comienzo de este periodo.
Debido a ello y, como consecuencia de un salario mínimo estancado, en un nivel que sólo representaba la cuarta parte del salario pagado a principios de los años ochenta; el total de las remuneraciones reales pagadas en este sexenio también se mantuvo estancado; de modo que, en el año 2012, la masa de dinero pagada por las IMMEX, en forma de salarios y prestaciones salariales reales, fue inferior en 9.1% al retribuido a sus trabajadores cinco años antes en 2008.
Aunque, en este periodo se empezó a difundir la idea de que, si se sumaban las prestaciones y los mayores ingresos recibidos por el personal técnico administrativo y ejecutivo, el promedio de las remuneraciones estaba aumentando; la realidad es que este supuesto resulto equivocado, porque aún el promedio de las remuneraciones totales sufrió un leve deterioro, estimado en 3.9%.
En suma, durante el último gobierno panista en el que se tocaron los últimos extremos de una política laboral que castigaba el salario para garantizar la expansión de la economía y el empleo; en Ciudad Juárez los resultados fueron opuestos: no creció el empleo, se mantuvo estancado el salario mínimo, las remuneraciones promedio se redujeron y, en consecuencia, la economía de la ciudad nunca recibió el impulso que los propagandistas de ese régimen esperaban.
En el siguiente periodo (2012-2018) bajo el gobierno de Peña Nieto volvió a funcionar el modelo neoliberal basado en el principio de expandir la derrama económica sobre una región, aumentando el empleo, sin modificar de manera significativa las remuneraciones pagadas a los trabajadores.
Durante los primeros cuatro años (2013-2015) los asesores de Peña Nieto insistieron en profundizar el modelo, ya sumamente agotado. En Juárez consiguieron elevar el empleo; sin embargo, la situación ya era insostenible: una nota publicada, el 29 de septiembre en este mismo Diario, revelaba la gravedad de la situación informando que el “salario mínimo mexicano era el peor de América Latina”, pues mientras en Argentina el pago mensual ascendía a 535 dólares mensuales, el de Panamá era de 360, el de Brasil de 252; en México apenas rondaba los 138 dólares.
A partir de 2016 el gobierno realizó ajustes poco significativos al salario, sin apartarse del modelo de generar riqueza con base en fuerza de trabajo mal remunerada. Bajo este régimen laboral, ya enteramente agotado, en Juárez la derrama salarial creció en 62.4%, impulsada por un aumento de la planta de trabajadores de 33.7% y por un incremento, apenas perceptible, del salario mínimo y de las remuneraciones promedio, cercano al diez por ciento.
El aporte de la maquiladora a la derrama económica de la ciudad fue sustantivo: en seis años tuvo un aumento notable, al pasar de 27 mil millones de pesos en 2012 a 44 mil millones de pesos en 2018, descontando la inflación.
Pero todo ello había ocurrido, a costa de mantener con vida un régimen de trabajo que suponía equivocadamente que el aporte de las IMMEX a la economía dependía de sostener en la frontera con Estados Unidos, como ya se mencionó, los salarios más bajos de América Latina.
Con la llegada de López Obrador a la presidencia ese régimen de pago al trabajo, ya en agonía, pronto sucumbió, con el acuerdo de duplicar en diciembre de 2018 el salario mínimo en la Frontera, y continuar elevándolo, de sólo 88 pesos en 2018 a los 375 de 2024.
Todos los mitos, que encadenaban la prosperidad de la economía de nuestra amada Ciudad Juárez a la persistencia de salarios de hambre y al supuesto egoísmo de las IMMEX, se derrumbaron.
Durante los últimos siete años han estado al alza, haciéndole justicia al esfuerzo, experiencia, talento y creatividad de cientos de miles de trabajadoras y trabajadores; y todo ello ha ocurrido gracias a la colaboración y a la solidaridad de los dirigentes y empresarios de la Industria Maquiladora.
Veamos, rápidamente, los números: entre 2018 y 2024 el volumen del empleo se mantuvo cercano a 280 mil trabajadores; pero la masa de salarios y prestaciones pagadas, una vez descontada la inflación, creció de los 44 mil millones estimados en 2018 a casi 71 mil millones de pesos en 2024; registrándose un incremento efectivo de la derrama económica en la ciudad de 59 por ciento.
Hay otro dato importante: algunos críticos, obstinados en desenterrar el modelo neoliberal, sostuvieron que los aumentos del salario mínimo no impactarían la derrama salarial, porque la fracción de trabajadores que recibían el mínimo era inferior al 15 por ciento de las nóminas de empleados, por lo cual el resto de los trabajadores no se beneficiarían de esta nueva política.
Pero una vez más este nuevo mito se derrumbó, si consideramos que en el lapso en que gobernó AMLO las remuneraciones reales promedio, pagadas al trabajador, se elevaron en términos reales de 163 mil pesos anuales a casi 250 mil pesos, mostrando un aumento cercano al 60%.
No tenemos duda: bajo el nuevo modelo de expansión solidaria, insaturado por los gobiernos de Morena, con el generoso apoyo de la IMMEX; en ciudad Juárez ya vivimos una nueva época de prosperidad que, por primera vez en la historia, ha beneficiado por igual a las IMMEX, a los empresarios juarenses, a los gobiernos locales, pero sobre todo a las trabajadoras y trabajadores de la ciudad.
Hoy, gracias a esta expansión compartida de la economía, circula en Ciudad Juárez una masa de salarios muy superior a la que se alcanzó bajo el modelo neoliberal, el gobierno estatal recauda por concepto de impuesto sobre nómina más del doble de lo que captaba en 2018; comerciantes, industriales de la ciudad y de todo chihuahua han duplicado sus ventas al ritmo de esta expansión; pero lo más relevante es que también los trabajadores, en particular, los más vulnerables, han duplicado sus ingresos y en no pocos caso han podido triplicarlos.
En suma: hoy como nunca la contribución de la IMMEX al desarrollo de la ciudad ha llegado lejos, beneficiando por igual a toda nuestra comunidad.