Así como en Juárez puede estallar la olla de la división al interior de Morena por la disputa de la candidatura a la alcaldía, el PAN tiene lo suyo, pero en su respectivo bastión electoral, la ciudad de Chihuahua e involucrados señores tiburones políticos de nivel estatal y nacional.
Las decisiones que sean tomadas en ambas zonas geográficas necesariamente tendrán un impacto en el estado; nada menos, en el resultado electoral por la gubernatura. A Marco Bonilla le mantiene muy preocupado la situación, pero carece de margen de maniobra para intervenir. Por fortuna aún sabe quién manda.
El alcalde del municipio de Chihuahua es en los hechos el candidato del PAN a gobernador; no hay más, salvo evento extraordinario que le impidiera llegar a la postulación constitucional. Desplazó facilito a los competidores internos antes de llegar a la meta… hacia la nominación; falta la buena, la constitucional.
Ahí es donde aparece desde ahora la gran complicación, en la llegada a la jefatura del despacho principal de Palacio de Gobierno y los varios factores requeridos para conseguirlo que, por el momento, no puede más que mirar de lejecitos.
Uno de esos elementos fue desmenuzado aquí la semana pasada, lograr en Ciudad Juárez más de 200 mil votos de los arriba de 400 mil esperados para Morena, y obtener el estado con el colchón gordo, mullido, que representa Chihuahua para Acción Nacional. Dijimos que solo Daniela Álvarez, la presidenta del PAN en el estado, pudiera conseguir ese objetivo como candidata a la alcaldía en esta frontera.
El otro gran factor se ubica precisamente en la ciudad de Chihuahua. En el equipo de Bonilla han considerado que, si el candidato a la alcaldía es el actual secretario General de Gobierno, Santiago de la Peña, nomás él sería ganador pues obtendría el PAN la victoria por la presidencia municipal con escasa diferencia y perderían el gobierno del estado.
El funcionario estatal ha hecho esfuerzos sobrehumanos por agenciarse la nominación, pero no trae bonos positivos en el interior del panismo y tampoco en el priismo, del que es originario. Goza de las confianzas y respaldo de la gobernadora, Maru Campos, y de un buen conglomerado social en la ciudad, pero no el suficiente que garantice ganar con las grandes diferencias que ganó la jefa… o el mismo Bonilla.
Es tanta la confianza de triunfo entre el panismo que son muchos los candidatos a la candidatura, y todos permanecen inmersos en una disputa de pronósticos reservados. Ese es el peligro amenazante.
El principal oponente de Santiago es el exfiscal General del Estado, César Jáuregui Moreno, quien se perfilaba cómodo hacia la nominación hasta que se le atravesó su jefe ministerial, Arturo Zuany, con la resonancia internacional del caso CIAgate.
Al exfiscal lo han pretendido asustar con el petate del muerto y retirarlo de la nominación por las buenas… y por las malas. Ha caído sobre su nicotinada humanidad un Everest de guerra sucia, no los morenos, ni del PT, ni de opositores al PAN, sino del propio interior azul. Ni los priistas aliados le han atizado con tanta enjundia como en casa; de hecho, los tricolores lo reclaman como su abanderado en caso de la inminente alianza.
Le han advertido a Jáuregui que sería un peligro para el PAN como candidato pues en cualquier momento los agentes de Ernestina Godoy, o los agentes de Omar García Harfuch, o los militares, le caerían con orden de aprehensión, lo detendrían y adiós Chihuahua para el blanquiazul; adiós alcaldía, adiós estado, adiós todo. Por eso lo quieren retirar antes de avanzar hacia la nominación. Innegablemente es el más fuerte.
Colmilludo lobo en terrenos políticos y ahora policiacos, Jáuregui sostiene que no pasa ni pasará nada y qué seguirá de frente con, sin, y a pesar de quien sea. Le preocupa que su partido gane, no ser detenido.
Es arriba de lo notorio su actitud. Todos los días sostiene reuniones con grupos pequeños, medianos y grandes. No hay día sin actividad. Igual que sus opositores internos, ha colocado espectaculares por todos los rumbos de la ciudad. Se nota la abundancia de efectivo entre los suspirantes.
Aunque el resto de los precandidatos, y la precandidata, son fuertes, son sólidos y muestran con presencia e inversión, muchísima inversión, sus ganas por agenciarse la candidatura, los distintos ejercicios estadísticos indican que ni en bolita le ganarían. De ahí que el exfiscal siga de frente y sin quitarse.
Para Palacio de Gobierno, si no es Santiago debe ser la diputada federal, María Angélica Granados, Manque, y muy retirado, el efectivo líder de la mayoría panista en el Congreso del Estado, Alfredo Chávez; también en el mismo rango, lejecitos, el director de la Junta Municipal de Agua, Alan “El Cabrito” Falomir.
Ninguno de ellos es enemigo de Jáuregui; al contrario, reconocen su talento, su liderazgo al frente del equipo de la gobernadora, Maru Campos, (mientras estuvo en ese liderazgo), su olfato y conocimiento para resolver problemas. Pero hoy pelean en buena lid contra él porque saben perfectamente cómo andan las cosas entre él y la gobernadora. No andan mal pero tampoco bien como antes.
También participa en el ejercicio el ingenuo exsecretario de Desarrollo Humano, Rafael Loera, cuya última gracia en Juárez fue aceptar el nombramiento del energúmeno, Rafael Butchart, como coordinador del Parque Central, ahora publicista gratuito del carísimo table ¿acaso los hay baratos?, Eclipse.
Loera, un político panista demasiado verde, pudo haber llegado más lejos que la Secretaría de Desarrollo Humano, más lejos que la buscada ahora candidatura a la alcaldía, pero muy pronto le ocurrió lo que ocurre a políticos de esa naturaleza, se olvidó que su guía era la gobernadora, y no solo la marginó de sus decisiones sino mostró lo que en Palacio llaman malagradecimiento. Le acompañará en el futuro ese manchón en su CV.
Recientemente fue despedido de su cargo por esa razón. Antes de ello disputaba la postulación por la candidatura a la alcaldía pero ahora ha redoblado el paso sin más solvencia que su afiebrada convicción ganadora.
Parece que pretende generar la impresión de que es portador del petate del muerto (no con el que andan amenazando a Jáuregui) y con ello busca asustar a quienes tomarán la respectiva decisión. Su única acción inteligente será sumar su solitario voto a quien obtenga la designación.
Aunque parece lejos la campaña constitucional por la alcaldía, por las 67 alcaldías del estado, las circunstancias particulares que rodean a Chihuahua y Juárez obligan a decisiones de nominación tempranas.
Cualquiera que ingrese a la ciudad de Chihuahua por cualquier rumbo, del sur, del norte, por el aeropuerto, por la Central Camionera, creerá que en la capital hay elecciones adelantadas o extraordinarias por la presidencia municipal debido a la cantidad impresionante de lonas y espectaculares de los mencionados(a).
De ese tamaño es el ánimo pero también la animosidad entre todos ellos, solucionable en algunos casos, muy peligrosa, amenazante para el objetivo de la gubernatura, al menos en el caso Jáuregui. Entre más tarde la decisión, mayor peligro de divisionismo.
Morena se relame los bigotes… y la barba.