Hace un año, cuando conocí un asentamiento de aproximadamente cien familias (según dicho de los vecinos con los que nos entrevistamos) en las proximidades de donde hoy se ubica la Guardia Nacional de Anapra, sentí indignación e impotencia. Entonces, acababan de pasar las lluvias torrenciales del 26 de junio, que provocaron desastres en colonias como la Plutarco Elías Calles, Ampliación Plutarco Elías Calles, Fronteriza, Ampliación Fronteriza, 16 de Septiembre y muchas colonias más.
La gobernadora del estado recorrió calles de las zonas afectadas, mismas en las que días después, las diversas dependencias del gobierno estatal acercaron apoyos para subsanar parcialmente las pérdidas y daños sufridos.
Pero no todas las afectaciones por esas lluvias fueron igual de visibles para los juarenses, a pesar de ser igual de impactantes que los daños en las colonias citadas; la razón de que no llamaran la atención es que en el asentamiento próximo a la Guardia Nacional de Anapra, que se ha denominado Adición La Conquista, aún no residen de manera permanente las cien familias y más, a las que la dirección de Asentamientos Humanos les ha dado cartas de posesión, pero las familias que ya están asentadas ahí, se vieron imposibilitadas para salir de sus casas durante casi una semana; la razón: las lluvias provocaron una corriente que derribó parcialmente la barda de las instalaciones de la Guardia Nacional, formó un cinturón y bloqueó la salida a los residentes y la entrada a cualquier otra persona externa.
El asentamiento tiene hacia el este el periférico Camino Real, y la rodean por el sur y poniente, las faldas de la sierra de Juárez; su único acceso y salida, lo tiene hacia el noreste, pero irónicamente, hacia el norte corren las aguas de lluvia y forman en la zona un cinturón que buscan desembocar hoy, en la presa Benito Juárez; quizá en antaño, en lo que alguna vez fue el Río Grande.
Por la topografía que circunda a la colonia Adición La Conquista (así consta en las cartas expedidas por la dirección de Asentamientos Humanos), los especialistas manifiestan que la zona es una alberca natural (basta con ver fotografías e imágenes satelitales para reconocerlo); afortunadamente ese año (2026), las lluvias no dieron para más, pero según los mismos especialistas, la tromba que vivimos los juarenses en el año 2006, tiene una tasa de retorno de 20 a 25 años, lo cual quiere decir que estamos próximos a vivir nuevamente un fenómeno climatológico de esas proporciones, lo cual significa una fuerte amenaza para las familias que se están estableciendo ahí, con la anuencia irresponsable e indolente de las autoridades municipales.
Tras visitar el sitio, comentábamos quienes acudimos, que la manera en que se está lucrando con estas familias es indignante. Primero, se les intenta comprar la voluntad “dándoles” un pedazo de tierra en donde pueden construir su patrimonio. Segundo, como es obvio, la zona no cuenta con infraestructura ni servicios públicos, y se organizan reuniones con autoridades federales como la delegación del Bienestar, para prometerles la regularización de viviendas (que no existen) y la urbanización de la zona, cosa que técnica y financieramente no es viable, mínimo en los próximos 20 años. Y mientras los vecinos del lugar esperan un desarrollo que no va a llegar, se les finge empatía dándoles algunas despensas, llevándoles paliativos y apoyos temporales que no dignifican la vida de las personas.
Hace unos días, fue publicada la nota de que el funcionario municipal que alentó dichos asentamientos, busca ser candidato a diputado, precisamente por el distrito electoral federal que incluye todos estos asentamientos… ¿a quién cree que irá a buscar para pedir el voto? Sí, a los vecinos a los que tiene hoy en día colgados de una insultante vendimia de esperanza.
Tenemos múltiples ejemplos de asentamientos que hoy en día sufren la escasez de recursos, de todo tipo, pero que se haya hecho antes no significa que hoy debamos permitirlo.
Alentar estos asentamientos es una irresponsabilidad por parte de las autoridades y funcionarios municipales, y permitir que decenas de familias se asienten en sitios así, es un acto inhumano cuya única rentabilidad se dará en el año 2027, cuando los candidatos (a lo que sea) vayan a pedir el voto de toda esta gente necesitada.