- La derrota mayor es para el rey Trump
-Agarra vuelo Bonilla mientras va a terapia -Cúpula sindical del IMSS intenta apagar los fuegos -Banxico en una encrucijada devaluatoria Ocurrió lo previsible, no fueron derrotados los republicanos, fue arrasada la obstinada terquedad de Donald Trump por golpear sin misericordia a los latinos y personas de muchas otras razas aun tratándose de ciudadanos estadunidenses.No perdieron los del partido rojo, fue castigado severamente su líder el presidente que sin más opinión que la propia, sin más justificación que los secretos de su ambición económica personal insaciable, mantiene la guerra contra Irán.
Esa intervención en el país musulmán que Trump estimó no pasaría de una semana, que lo podría “aniquilar en una noche”, “máximo tres semanas”, o “tres meses”, ha durado más de ocho meses.
No facturaron los estadunidenses a Trump esa ligereza verbal, ni sus recurrentes dobles discursos, ni sus simplonadas, lo hundieron porque esa guerra si bien y afortunadamente no ha sido significativa en cantidad de fatalidades, sí ha representado una pérdida económica incuantificable para el pueblo norteamericano.
Los precios de combustibles a más del doble en ese período de la guerra, la inflación acertadamente llamada galopante, sin duda convencieron a los ciudadanos que Trump no merece ningún otro beneficio de la duda, aunque lo hayan pagado en las urnas los candidatos republicanos a senadores, a representantes…a gobernadores.
Fiel a su estilo payaso y fanfarrón, tratará el presidente hoy de minimizar la derrota, y no dudemos aviente la culpa a los abanderados rojos o siga con sus amenazas de siempre para todos lados, incluidos los de casa.
No lo entenderá porque su enfermedad no es simple resfrío que pueda sanar con una lección popular como la ejercida anoche por los votantes en favor de sus opositores. Seguirán sus agresiones a periodistas, a magistrados, a jueces…a todo el que le lleve las contras o simplemente le critique. Continuará impune hasta en comentarios degradantes: “el increíblemente hermoso trasero” de Nicky Minaj.
Los demócratas tendrán ahora todo qué agradecerle, y aprestarse a cumplir con la responsabilidad recibida, sin creer que pueden hacer tonterías contra sus gobernados con el poder de la pluma…con la firma de órdenes ejecutivas, el plato preferido del king, Donald Jhon Trump.
*** Nomás de cuatro a seis semanas de recuperación, casi nada, le costó una gripe mal atendida al virtual candidato a gobernador del PAN, Marco Bonilla, quien fue obligado a bajar el ritmo para lograr la recuperación plena de la parálisis de Bell que sufrió.La cadena de complicaciones comenzó hace unas tres semanas, luego de lo que, pensó, sería “un resfriadito” pasajero, pero le derivó en una infección de oído y terminó con la inflamación viral del nervio facial que, esa sí, la hizo dejar de automedicarse, una práctica tan común debido a la accesibilidad de medicamentos de venta sin receta.
El episodio obligó al alcalde con licencia de la capital a suspender temporalmente una parte de sus actividades. La preocupación inicial fue mayor, pues antes de establecer el diagnóstico tuvieron que practicarle estudios para descartar alguna lesión cerebral u otro problema de salud.
A favor de Bonilla Mendoza jugó su buena condición física y la ausencia de enfermedades crónico-degenerativas, como diabetes o hipertensión. Sin embargo, la parálisis facial seguramente representó una llamada de atención sobre la importancia de no descuidar la salud, incluso cuando la agenda política impone otro ritmo.
Hasta donde sabemos, los médicos han establecido un periodo de tratamiento y rehabilitación que exigirá disciplina. La recuperación no será inmediata y dependerá de que cumpla puntualmente con las terapias antes de retomar progresivamente sus actividades habituales.
Como suele ocurrir cuando un personaje público enfrenta un problema de salud, tampoco faltaron las especulaciones y teorías de todo tipo alrededor de su condición. Por fortuna, la realidad es que se trata de un padecimiento que, de acuerdo con los reportes médicos, tiene un pronóstico favorable.
Por lo pronto, Bonilla tendrá que ajustar los tiempos de su proyecto político, soltar el acelerador y concentrarse en la recuperación. La carrera por la gubernatura puede esperar unas semanas; la rehabilitación, definitivamente, no.
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El Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) mantuvo el intento de apagar los fuegos de las protestas, con un respaldo unánime de liderazgos sindicales de todo el país expresado en un desplegado publicado ayer en la Ciudad de México.El llamado a la unidad en torno al cuestionado líder nacional, Rafael Olivos Hernández, claramente fue un desesperado intento de control de daños maquillado de lealtad obligada por estatutos.
Pero mientras el manifiesto exige paz interna y disciplina ciega, la realidad en las clínicas del país, y de forma punzante en el caso de las ciudades de Chihuahua y Ciudad Juárez, dice lo contrario.
Las movilizaciones, que a veces parecen menores porque los empleados no han descuidado sus horarios de trabajo y ya enfrentan estrategias hechas para dividirlos, no nacieron por “campañas de desinformación”, como acusa la cúpula sindical.
Nacieron de la desesperación del personal de salud por cosas tan claras como que no hay gasas, no hay jeringas ni medicamentos básicos para atender con dignidad a los pacientes, pero tampoco hay la suficiente legitimidad de la dirigencia sindical.
La raíz del conflicto, lo hemos dicho varias veces, destapa una profunda crisis de representatividad. La base trabajadora rechaza el tibio incremento salarial que la dirigencia pactó a sus espaldas, llevándola a pedir un aumento real del 10 por ciento y a recolectar decenas de miles de firmas para destituir a Olivos.
En lugar de escuchar el reclamo legítimo de quienes sostienen el sistema de salud en condiciones precarias, los comisiones nacionales y seccionales firman pactos de unidad vertical para blindar sus privilegios
Intentar silenciar con burocracia una protesta que ya escaló a 18 estados de la república no solo es inútil, no es la mejor estrategia. Más bien demuestra la enorme distancia que separa a los líderes que firman desplegados desde la comodidad de sus privilegios y a los médicos y enfermeros que ponen la cara frente a las reales, no inventadas, deficiencias del IMSS.
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El Banco de México tiene que afianzar su autonomía y acrecentar su credibilidad ante el complicado escenario que enfrenta.Por un lado, existe la posibilidad de que en su reunión del cinco de noviembre baje tasas, relajando la política monetaria y depreciando el peso.
Por el otro, puede aumentar la tasa para frenar la inflación que va en tendencia alcista, pero con esa medida frenar la poca expansión económica que tuvo el país en el segundo trimestre de este año.
Una bajada en la tasa reduce el diferencial con las tasas de Estados Unidos, generar una salida de capitales para no exponerse a más riesgos y con ello, una devaluación del peso. Esto último traería más inflación por el aumento del costo de las importaciones y sería peor el remedio que la enfermedad.
Así que el Banco de México parece tener un único camino que es mantener las tasas como están y no exponerse a una devaluación, que algunos organismos como el banco JP Morgan califican, sería desordenada.
Eso llevaría al peso a 19.50 o más, según se vayan viendo las cosas.