De un tiempo a la fecha, han llamado mi atención diversos espacios que observo en mi transitar cotidiano cuando acudo a mi trabajo, o me dirijo a casa, o llevo a mis hijos a su escuela. Espacios grandes, medianos o pequeños, pero todos con una característica común: son espacios públicos. Espacios que deberíamos disfrutar los juarenses ya sea mediante su uso o incluso, solo en su apreciación.
Calles, pequeños parques, camellones, edificios… pero todos insisto, lugares que nos pertenecen a todos.
Hoy me centraré en 3 de ellos, ubicados al norte de nuestra ciudad. Tres edificaciones en las que se invirtieron fuertes sumas de dinero y que actualmente tienen un evidente deterioro.
El primero de es un edificio inacabado que se ubica a escasos 500 metros del puente internacional Córdova-Américas y aproximadamente a 130 metros de nuestra frontera con la ciudad de El Paso.
Son 2500 metros cuadrados de una propiedad federal en los que, según archivos periodísticos, se edificaría un complejo habitacional para personal de la Policía Fiscal Federal. La construcción se inició en el año 2005, pero en el cambio de administración, tras las elecciones presidenciales del 2006, el proyecto se dejó inconcluso.
Han transcurrido 2 décadas y quienes circulamos por la avenida Rafael Pérez Serna, vemos todos los días un cascarón deteriorado y en el que se gastaron alrededor de 60 millones de pesos, que fue el monto aproximado que se ejerció, sin que el proyecto se concluyera.
Hoy, no solo representa recursos públicos tirados a la basura, sino una pésima fotografía que se muestra a nuestros vecinos norteamericanos, y una deplorable imagen urbana que nos toca ver a los juarenses.
El segundo espacio, es la torre de rappel del Parque Extremo de Ciudad Juárez; obra de la primera administración del ex alcalde Héctor Murguía Lardizábal (QEPD), inaugurada en el año 2006.
El Parque Extremo inyectó vitalidad y dinamismo a la zona de los hoyos de El Chamizal; se fue convirtiendo en un espacio dominado por los jóvenes, sitio de múltiples competencias deportivas y eventos de convivencia familiar.
En sus pistas y rampas para patinetas, bicicrós, tirolesa y torre de rappel, se invirtieron 15 millones de pesos.
Hoy en día, también a 2 décadas de distancia, la torre para practicar rappel se encuentra en completo abandono y sus muros lo hacen evidente. Además del deterioro estructural que presenta la edificación por la falta de mantenimiento, daña el entorno urbano y propicia una sensación de vulnerabilidad para los jóvenes y familias que aún siguen frecuentando la zona.
El tercer y último espacio lo vamos a ubicar también al norte de la ciudad, pero a 1 década de distancia.
Cuando Ciudad Juárez recibió la visita del Papa Francisco, se erigió el altar en el área conocida como El Punto. De acuerdo a notas periodísticas, la construcción tuvo un costo cercano a los 9 millones de pesos, sin contar el valor comercial del diseño desarrollado por arquitectos suizos y que se estimó en 1 millón de dólares.
Hoy, el altar edificado en El Punto se ve deteriorado por cualquier ángulo que se aprecie. El gran muro que acoge el altar muestra su estructura con orificios, bloques de materiales caídos, huecos y en general, daños en el inmueble.
En estos 3 edificios hay historias, tiempo y recursos económicos de los juarenses que han sido de alguna forma tirados a la basura, no por el propósito y uso que tuvieron en su proyección, sino por el descuido de los gobiernos subsecuentes para dar mantenimiento y para conservar el patrimonio de nuestra ciudad.
La razón podría ser cualquiera: la inexistencia de un plan de mantenimiento, la falta de presupuesto posterior, la ineficiencia en su ejecución, o en el peor de los casos, la mezquindad de los titulares de las administraciones subsecuentes.
Son casi 85 millones de pesos que debieron haberse cuidado.
Los juarenses merecemos que los pocos espacios de servicio y uso público que tenemos, sean conservados. Los recursos económicos de nuestra ciudad son siempre escasos y las necesidades abundantes, pero nada justifica que un espacio en construcción o ya edificado se deje al olvido y no se garantice el presupuesto mínimo para su mantenimiento.
Hoy solo hablé de 3 muy grandes y visibles, pero ¿cuántos espacios públicos ve usted todos los días, en sus diversos trayectos, cerca de su casa, dentro de su colonia, que no han sido adecuadamente cuidados y no han recibido el mantenimiento debido?
Quizá esta demanda se puede sintetizar en una frase muy simple que pronunciaba mi abuela y se grabó en mi memoria desde que era una niña “una casa hermosa no es la que más se barre, sino la que más se cuida”, en franca alusión a que la prevención es la mejor manera de conservarlo todo.