Durante las últimas semanas, Ciudad Juárez ha sido azotada por el llamado monzón mexicano que, en sentido positivo, ha venido a refrescar a los juarenses tras severas olas de calor; pero también, ha vuelto a poner en jaque a la Junta Municipal de Agua y Saneamiento, pues con 35 mm de precipitación acumulada que dejaron las pasadas lluvias, la infraestructura hidrosanitaria colapsó, dejando al descubierto la falta de mantenimiento y prevención.
Según los reportes de la propia JMAS Juárez, fueron al menos 35 los hundimientos reportados tras tormentas que el Sistema Meteorológico Nacional, venía anunciando con antelación y a pesar de ello, las medidas de prevención brillaron por su ausencia. Uno de los casos de mayor envergadura se presentó en el colector del boulevard Cuatro Siglos, considerado como una arteria vial indispensable para la movilidad de los juarenses pues conecta diariamente a trabajadores, estudiantes y transporte de carga entre el poniente, el oriente y el sur de Juárez. El cierre parcial de dicha arteria no solo paralizó el tráfico, evidencia, además, la falta de planeación que se tiene sobre la calidad de vida en la frontera atentando contra un derecho humano como lo es el de la movilidad.
La problemática juarense en materia de drenaje, es una deuda eterna que la JMAS mantiene con nuestra comunidad y pareciera que el problema “no tiene solución”, al final de cuentas los juarenses somos resilientes, por ende, pareciera que existe una gran resignación y la explicación más sencilla fue referir que la tubería llegó al fin de su vida útil. Conviene recordar que hace algunos años esto ya se había vaticinado; incluso se llegó al absurdo de pintar de rojo los sectores críticos (prácticamente toda la ciudad), como una supuesta medida de prevención para que los guiadores no circularan por avenidas en las que la tubería tenía riesgo inminente de colapso, en lugar de sustituir con urgencia el drenaje dañado, es decir, la respuesta fue indicar la existencia de una amenaza y dejar la carga del riesgo a la ciudadanía.
La pregunta obligada es: ¿cuál fue la razón por la que esto no se atendió en su momento?, y ¿por qué, a pesar de que hemos evolucionado como urbe, la autoridad encargada del sistema de alcantarillado y drenaje sigue actuando de manera netamente reactiva?
Es un secreto a voces que Juárez no cuenta con un sistema de drenaje pluvial independiente y al canalizarse las aguas de lluvia a la red sanitaria, la capacidad de las mismas colapsa provocando el famoso brote de aguas negras ya sea por alcantarillas o por coladeras y sanitarios, fenómeno que llega a generar una gran cantidad de molestias e incluso enfermedades, cambiando la molestia de las inundaciones por un problema de salud pública dados los focos de infección que llegan a generarse y que afectan, principalmente a niños, niñas y adultos mayores.
Considero paradójico el hecho de que, una ciudad con vocación altamente industrial y que, incluso, es señalada como referente internacional de manufactura, siga adoleciendo de servicios básicos que continúan generando gastos importantes como la constante repavimentación, esa que termina destruyéndose con cada tormenta, y que, puede durar años para volver a ser reparada, supeditando a Juárez a parches temporales sin explicación y que inflan los presupuestos de servicios públicos.
Como juarenses comprometidos, hagamos un llamado a nuestras autoridades, máxime ahora que nos encontramos (aunque no legalmente) en tiempos electorales, ya sea levantando la voz, señalando, y buscando el acercamiento como los futuros actores políticos, incitándolos a voltear a esta ciudad que tanto aporta a nuestro estado y porque no decirlo, a la federación misma.
Estado y federación, están en deuda con los juarenses y es tiempo de que se realicen los ajustes necesarios en los diferentes presupuestos para sacar a Juárez del hundimiento en el que la política mexicana lo tiene sumergido.