El Departamento de Estado de Estados Unidos ha causado un revuelo internacional al declarar oficialmente a ocho organizaciones criminales latinoamericanas –incluyendo seis cárteles de la droga mexicanos– como “organizaciones terroristas extranjeras”.

Ante esta designación, prometida por Donald Trump desde su campaña y prevista desde la semana pasada, el magnate Elon Musk, líder del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y asesor cercano del presidente de Estados Unidos, encendió la polémica al sugerir públicamente esta posibilidad a través de su red social X, afirmando que “los cárteles ahora son elegibles para ataques con drones”.

El estatus de terroristas fue anunciado por el secretario de Estado, Marco Rubio, e incluye a los cárteles mexicanos de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación, Cárteles Unidos, Cártel del Noreste, Cártel del Golfo y “La Nueva Familia Michoacana”, así como al “Tren de Aragua” de Venezuela y a la salvadoreña “Mara Salvatrucha” (MS-13).

Esta designación, que forma parte de una estrategia más amplia de la administración del presidente Donald Trump, abre la puerta a medidas inéditas y controvertidas, como el uso de drones para realizar ataques dirigidos contra estos grupos.

La designación de estas organizaciones como terroristas responde a la intención de combatir de manera más agresiva la inmigración irregular y el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, problemáticas que han sido prioridades clave para Trump desde el inicio de su mandato. La orden ejecutiva firmada en su primer día en el cargo sentó las bases para este paso, que busca justificar medidas más severas bajo la etiqueta de lucha contra el terrorismo.

El secretario Rubio defendió la designación, al argumentar que los cárteles tienen operaciones internacionales que los equiparan a grupos terroristas como Al Qaeda o el Estado Islámico. Según Rubio, su impacto no se limita al tráfico de drogas, sino que incluye actos violentos y operaciones que afectan la seguridad nacional de Estados Unidos.

Es negocio, no terrorismo: expertos

Aunque estos grupos cometen actos de violencia y explotación, expertos dicen que los cárteles están motivados por intereses comerciales, en lugar de los motivos políticos o ideológicos que suelen atribuirse a los grupos terroristas.

“Estados Unidos ya toma muchas medidas contra estos grupos. Los vigila, los sanciona y procesa a sus miembros en los tribunales. Por lo tanto, esta decisión no cambiará mucho en términos de las herramientas que tienen a su disposición”, dijo Stephanie Brewer, directora del programa de México en la Oficina de Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), un grupo de investigación con sede en Estados Unidos.

“Creo que es preocupante que esto ocurra en el contexto de la retórica que sale de la Casa Blanca, que confunde la migración con el crimen, las drogas y, ahora, el terrorismo”.

Will Freeman, investigador de estudios sobre América Latina en el Consejo de Relaciones Exteriores, dice que la administración podría utilizar ese hecho para argumentar que los inmigrantes están proporcionando apoyo material y financiero a las organizaciones terroristas.

“Se puede acusar a cualquiera –desde un migrante que paga a un contrabandista hasta una empresa mexicana que se ve obligada a pagar una ‘cuota de protección’– de ofrecer apoyo material o financiero a una organización terrorista”, dijo.

También señala que uno de los grupos criminales más poderosos de las Américas, el “Primer Comando Capital” de Brasil, no aparece en la lista.

“Me pregunto si la idea central aquí es que muchos de los grupos nombrados están involucrados en las rutas de inmigración”, dijo.

Ante la postura de Elon Musk de lanzar ataques con drones, Brewer y Freeman dicen que, si bien combatir a los grupos criminales que causan violencia y conflictos en las Américas es un objetivo que vale la pena, hacerlo requiere algo más que palabras duras y poder de fuego militar.

“Para perseguir a estos grupos, hay que perseguir sus finanzas, sus suministros de armas, sus asociaciones corruptas con las autoridades gubernamentales”, dijo Freeman. “Y si uno busca peleas con los gobiernos de toda América Latina, eso parecería ir en contra de esos esfuerzos”.

La postura de México: soberanía en juego

El anuncio no fue bien recibido en México. La presidenta Claudia Sheinbaum respondió categóricamente que su país no aceptará violaciones a su soberanía. “Todos queremos luchar contra los cárteles de drogas. Ellos en su territorio, nosotros en nuestro territorio”, declaró Sheinbaum, subrayando que cualquier acción extraterritorial por parte de Estados Unidos sería inaceptable.

El Gobierno mexicano ya había mostrado disposición a cooperar en investigaciones conjuntas de lavado de dinero y en el combate al crimen organizado dentro de sus fronteras. Sin embargo, Sheinbaum advirtió que cualquier intervención directa en suelo mexicano podría ser interpretada como un acto de guerra.

En un intento por reducir tensiones, Trump y Sheinbaum acordaron suspender temporalmente la implementación de aranceles a productos mexicanos mientras 10 mil soldados mexicanos se despliegan en la frontera para reforzar los esfuerzos contra el crimen organizado. A pesar de este acuerdo, la posibilidad de ataques con drones sigue generando incertidumbre y especulación.

El precedente de ataques en suelo extranjero

La propuesta de Musk de emplear drones no es completamente nueva en la esfera política estadounidense. Según reveló el ex secretario de Defensa Mark Esper en su libro A Sacred Oath, Trump consideró durante su primer mandato la posibilidad de lanzar misiles contra laboratorios de drogas en México, aunque finalmente desistió tras recibir consejos en contra.

A diferencia de operaciones militares contra grupos terroristas en países como Afganistán o Irak, un ataque en territorio mexicano sería un movimiento extremadamente arriesgado, con implicaciones diplomáticas y legales complejas. Aunque la etiqueta de “organización terrorista” permite este tipo de acciones bajo el derecho estadounidense, la reacción de la comunidad internacional y de México podría convertirla en un detonante de crisis.

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