Entre 2017 y 2022, los temblores inducidos en la Cuenca Delaware, que se extiende entre Texas y Nuevo México, aumentaron un alarmante 1,750%, según geólogos de la Universidad de Texas (UT).

El martes por la mañana, se reportaron, además, tres sismos en la zona cercana a Carlsbad, Nuevo México. El más fuerte, de magnitud 4.6, ocurrió a las 5:18 am (hora local), a unos 36 millas (58 km) al Sur de Whites City, Nuevo México.

Dos temblores adicionales de magnitudes 3.4 y 2.5 se registraron en las horas previas. Estos movimientos sísmicos fueron sentidos en varias localidades de Nuevo México, como Carlsbad, Alamogordo y Roswell, así como en El Paso, Texas.

De acuerdo con el estudio titulado “Papel de la inyección de fluidos profundos en la sismicidad inducida en la Cuenca Delaware, Oeste de Texas y Sureste de Nuevo México”, que se publicó en junio de 2024 en la revista científica Agu Advances, este incremento coincide con el auge de la producción de petróleo y gas y la reinyección de aguas residuales en capas subterráneas.

El fenómeno ha generado preocupación no sólo por el impacto en la estabilidad de la región, sino también por los efectos percibidos en áreas como Carlsbad, Nuevo México, y ciudades cercanas como El Paso, Texas.

En 2017, la región registró apenas 10 temblores anuales con magnitudes locales (ML) de 3.0 o superiores.

Sin embargo, para 2022, esa cifra superó los 185 sismos al año. Eventos de magnitudes mayores, de hasta 5.4 ML, han sacudido fallas geológicas que se extienden por formaciones sobre el subsuelo, que han recibido más de 4 mil millones de barriles de aguas residuales inyectadas. Estas actividades han causado un aumento de hasta un 10% en la presión porosa en ciertos puntos, lo que desestabiliza las fallas subterráneas, altamente sensibles a cambios mínimos en el estrés efectivo.

Relación ‘fracking’ - sismicidad

Geólogos han identificado una conexión clara entre la reinyección de aguas residuales, el aumento en la presión porosa y los sismos inducidos. En el caso de la Cuenca Delaware, las inyecciones profundas se realizan en carbonatos dolomitizados con baja porosidad de matriz y una permeabilidad incrementada por fracturas. Este tipo de formaciones son susceptibles a alteraciones de presión incluso a distancias de hasta 30 km de los pozos de inyección.

Un modelo geológico tridimensional elaborado por expertos muestra que los cambios en la presión porosa alcanzaron hasta 5 MPa entre 1983 y 2023, lo que incrementó significativamente el riesgo de actividad sísmica. Según el estudio, muchas de las fallas en esta región tienen una baja estabilidad friccional, lo que significa que pequeños aumentos en la presión pueden desencadenar deslizamientos y sismos.

Impacto regional y contexto geológico

La Cuenca Delaware forma parte de la Cuenca Pérmica, una de las regiones más productivas en hidrocarburos de Estados Unidos, que abarca partes de 37 condados entre Texas y Nuevo México. Entre 2012 y 2022, los pozos verticales convencionales disminuyeron en un 75%, pero la perforación horizontal y el uso del ‘fracking’ aumentaron más de un 300%.

Más de 20,000 pozos horizontales han sido perforados, con un auge en los años 2018-2019 y 2022, alcanzando tasas de 3,000 pozos anuales. En total, se han producido más de 5 mil millones de barriles de petróleo y 17 billones de pies cúbicos de gas en esta cuenca.

El aumento en la actividad sísmica coincide con la inyección de aguas residuales en formaciones pre-pérmicas y paleozoicas de origen carbonatado. Estas inyecciones, en capas sobre el subsuelo cristalino, generan presión que se transfiere a fallas subyacentes, muchas de las cuales son estructuras profundamente arraigadas con una orientación óptima para deslizamientos.

Advertencia y futuro

Los geólogos enfatizan que este fenómeno es un claro ejemplo de cómo las actividades humanas pueden desencadenar riesgos geológicos significativos. Los sismos inducidos en la Cuenca Delaware no sólo representan un riesgo directo para la infraestructura y las comunidades locales, sino que también subrayan la necesidad de regular las prácticas de inyección profunda y perforación horizontal.

Las autoridades locales y los expertos han recomendado un monitoreo más riguroso de la actividad sísmica y la presión porosa en áreas de alta actividad de ‘fracking’. Además, instan a la industria a implementar medidas de mitigación para minimizar los impactos en las fallas geológicas y reducir el riesgo de sismos de magnitud significativa en el futuro.

En conclusión, el alarmante aumento del 1,750% en los temblores inducidos en la Cuenca Delaware resalta la importancia de un enfoque más responsable hacia la explotación de recursos naturales y su impacto en la estabilidad geológica de la región.