La región fronteriza de El Paso y Ciudad Juárez se convirtió nuevamente en punto de encuentro para el conocimiento y la inspiración con la celebración del Festival de Ciencias, un evento binacional de dos días que reúne a decenas de instituciones educativas, científicas y comunitarias para acercar la ciencia a las familias.
En su tercera edición, el festival no solo ofrece exhibiciones interactivas, talleres y demostraciones en áreas STEM —ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas—, sino que también destaca por la participación de figuras que encarnan el poder transformador de la educación. Entre ellas, el astronauta mexicoamericano José M. Hernández, quien se convirtió en uno de los principales atractivos del evento.
Vestido con su característico traje azul de astronauta, Hernández convivió con decenas de niños, jóvenes y familias.
El científico, cuya vida fue llevada al cine en la película “A Million Miles Away”, compartió su historia de vida y motivando a las nuevas generaciones a perseguir sus sueños.
En entrevista con El Diario de El Paso, expresó su conexión especial con la ciudad fronteriza: «Siempre es un encanto regresar a El Paso… me siento como si fuera mi segunda casa», comentó, al señalar que la comunidad le recuerda a su infancia en California, marcada por una vida bicultural.
Luego de la inauguración del evento, al que asistieron cientos de familias, el ingeniero y empresario —quien participó en una misión espacial en 2009— destacó que el futuro de la exploración espacial está más cerca que nunca. Aseguró que en el corto plazo la humanidad regresará a la Luna y que, en aproximadamente 15 años, podría concretarse una misión tripulada a Marte con la participación de astronautas de diversas naciones y numerosas empresas del sector privado.
“Creo que se va a crear una economía lunar donde muchas empresas y gobiernos van a tener intereses e inversiones en el esfuerzo de crear una base lunar para todos”, afirmó.
Tras una charla con estudiantes del Colegio de la Comunidad de El Paso, en Valle Verde, Hernández resaltó los avances del programa Artemis II como parte del camino hacia una presencia humana sostenida fuera de la Tierra.
“No hubo alunizaje, pero le dimos la vuelta a la Luna. Los astronautas estaban tan lejos que vieron toda la Luna redonda y bonita; incluso presenciaron un eclipse de Sol. Pudieron estudiar la corona solar y luego identificar dos nuevos cráteres en el lado oscuro de la Luna. Fue un viaje muy interesante para ellos”, expresó.
Añadió que pronto se regresará a la Luna, dado que se cuenta con la tecnología avanzada para desarrollar una base de larga duración y utilizarla como campo de pruebas de cara a una eventual misión a Marte.
El astronauta también evocó su experiencia en el espacio, donde orbitó la Tierra durante 14 días a bordo de la Estación Espacial Internacional, una vivencia que —dijo— le dejó recuerdos imborrables y reafirmó su vocación por inspirar a otros.
Vocación motivadora
«Para mí es un gran honor estar aquí, porque es importante que los niños, especialmente los latinos, vean ejemplos a seguir que se parezcan a ellos», afirmó Hernández. «Yo vengo de un entorno con muchos retos, y si yo pude, ¿por qué no ellos?», añadió, enfatizando el papel de la educación y la disciplina como motores de cambio.
La historia de Hernández está marcada por una vocación que nació desde la infancia. Fue al ver por televisión la histórica misión del Apolo 17 cuando decidió que algún día llegaría al espacio, una meta que parecía lejana para el hijo de trabajadores agrícolas migrantes.
Durante su formación académica se apoyó en programas como MESA, enfocados en impulsar a estudiantes con desventajas educativas hacia carreras en ingeniería. Ese respaldo fue clave para que completara su licenciatura en Ingeniería Eléctrica en la Universidad del Pacífico en 1984 y, posteriormente, una maestría en Ingeniería Eléctrica y Computación en la Universidad de California en Santa Bárbara en 1986.
Su carrera profesional comenzó en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, donde trabajó durante más de una década en proyectos de investigación avanzada, incluyendo desarrollos tecnológicos aplicados a la imagen médica y al sector espacial.
En 2001 dio un paso decisivo al integrarse al Centro Espacial Johnson, acercándose cada vez más a su objetivo de convertirse en astronauta.
El camino no fue sencillo. Hernández solicitó ingresar al cuerpo de astronautas en múltiples ocasiones y fue rechazado repetidamente antes de ser finalmente seleccionado en 2004. Su perseverancia —respaldada por su preparación técnica, su experiencia como piloto y su entrenamiento como aquanauta en misiones análogas— se convirtió en uno de los rasgos más representativos de su trayectoria.
Histórico mensaje en español
Su momento llegó con la misión STS-128 a bordo del transbordador Discovery en 2009, donde se desempeñó como especialista de misión durante casi dos semanas en órbita. Durante ese viaje, además de sus labores técnicas, destacó por comunicarse en español desde el espacio, enviando un poderoso mensaje de representación a la comunidad latina.
Tras su retiro de la NASA en 2011, Hernández ha continuado ligado al ámbito científico y educativo. Ha impulsado proyectos empresariales, participa activamente como conferencista y promotor de la educación STEM, y forma parte del consejo directivo de la Universidad de California. Su historia incluso llegó al cine con la película A Million Miles Away, ampliando el alcance de su mensaje de perseverancia y superación.
El festival, impulsado por organizaciones locales y educativas, busca precisamente eso: despertar la curiosidad y el pensamiento científico en la comunidad. Juan Ferret, director del Instituto de Sistemas Filosóficos de El Paso y uno de los fundadores del evento, subrayó que se trata de un espacio cultural donde la ciencia se vive de manera accesible.
«La ciencia está en todos lados, nace de nuestras preguntas más básicas. Aquí reunimos a universidades, colegios y organizaciones para compartir ese conocimiento con la comunidad», explicó.
Ferret destacó además el valor simbólico del evento en una región fronteriza. «La ciencia es una forma positiva de traspasar fronteras. Nos recuerda que, aunque exista una línea divisoria, somos una misma comunidad», afirmó.
Por su parte, el cónsul de México en El Paso, Mauricio Ibarra Ponce de León, resaltó la importancia del festival como espacio de integración y formación. “Es un foro clave para acercar a niños y jóvenes a las áreas STEM. Esta región tiene un enorme potencial y necesitaremos profesionales altamente capacitados”, señaló.
El diplomático también reconoció el impacto de la historia de Hernández como ejemplo de superación. “Es una historia de perseverancia que todos deben conocer. Demuestra que, con dedicación, cualquier meta es alcanzable”, expresó, al tiempo que invitó a la comunidad a participar en las actividades gratuitas del festival y a visitar el módulo informativo del consulado mexicano para resolver dudas sobre servicios consulares.
A lo largo de dos días, el Festival de Ciencias reafirmó una vez más su papel como puente entre culturas, conocimiento e innovación: un espacio donde la curiosidad no tiene fronteras y donde, como lo demostró Hernández, los sueños pueden despegar hasta las estrellas.