En un acto cargado de simbolismo y reconocimiento binacional, Óscar Domínguez Lucero fue distinguido con la Presea “Painani”, un galardón que honra trayectorias que han dejado una huella profunda en el desarrollo económico, humano y cultural de la región fronteriza entre El Paso y Ciudad Juárez.
La iniciativa fue impulsada por líderes comunitarios y amigos cercanos, entre ellos Mario Porras, representante en Asuntos Internacionales de El Paso Community Foundation; Juan Acereto, representante del Gobierno municipal de Ciudad Juárez en El Paso; y la Fundación Pedro Francisco Escultor, quienes coincidieron en que la vida y obra de Domínguez Lucero reflejan los valores que busca destacar esta distinción.
La ceremonia se llevó a cabo en un restaurante de la avenida Doniphan, donde empresarios, artistas, colaboradores y amistades del homenajeado compartieron un encuentro cercano, marcado por la camaradería y la gratitud.
La presea toma su nombre de los painani, mensajeros del mundo mexica que, gracias a su fortaleza física y mental, mantenían comunicados los vastos territorios del imperio. Para el escultor Pedro Francisco Rodríguez y Delgado, director de la fundación que lleva su nombre, el concepto trasciende lo histórico.
“Hoy los painani simbolizan a quienes transmiten valores, inspiran y generan bienestar. Buscamos reconocer a empresarios con visión humanista y compromiso con el arte y la comunidad”, expresó.
Rodríguez y Delgado explicó que este es el primero de una serie de reconocimientos que se entregarán de manera periódica, y que Domínguez Lucero inaugura la lista por su ejemplo de liderazgo fronterizo, al generar empleo y apoyar causas sociales y culturales en ambos lados de la línea divisoria.
Con más de 50 años de trayectoria, Domínguez Lucero dirige empresas clave en el ámbito del comercio internacional, como El Wala Importaciones y Exportaciones y Wera Agencia Aduanal, en Ciudad Juárez y El Paso, firmas que realizan cerca de dos mil cruces diarios de carga entre Juárez y El Paso. Actualmente, sus compañías emplean a cientos de trabajadores y atienden a más del 40 por ciento de la industria maquiladora de Ciudad Juárez.
El empresario atribuyó el crecimiento de su proyecto al trabajo honesto, al conocimiento de la ley aduanera y, especialmente, al respaldo de su familia. Reconoció el apoyo de su esposa Armida López, de sus hijos Óscar Andrés y Marco Miguel Domínguez López, así como de su hermano José Luis, quien colabora en la operación administrativa en El Paso. También recordó con emoción a su padre, Enrique Domínguez Iglesias, de quien aprendió el oficio desde los ocho años, cuando lo ayudaba en un negocio de refacciones.
Además de su faceta empresarial, Domínguez Lucero es reconocido por su vocación social y cultural. Amante del arte, particularmente de la escultura en bronce y la pintura, ha respaldado a creadores locales y a organizaciones como Esperanza Azteca, la comunidad salesiana en Ciudad Juárez y asociaciones dedicadas a la salud infantil. En sus oficinas centrales en Paseo Triunfo de la República, en Ciudad Juárez, una escultura de niños liberando una paloma permanece desde hace más de dos décadas como símbolo de esperanza.
Al recibir la Presea “Painani”, el homenajeado se mostró agradecido y humilde. “Siempre he creído que hacer bien mi trabajo es una obligación. Si a mis clientes les va bien, a nosotros también”, señaló, al tiempo que envió un mensaje a las nuevas generaciones de empresarios: amar su labor, actuar con legalidad, cuidar a los clientes y conducirse con ética.
“Cada galardón incluye una placa grabada con un palíndromo personalizado, que resalta las cualidades humanas, profesionales y sociales de cada homenajeado”, expresó el escultor Pedro Francisco.
Por su parte, Juan Acereto destacó que este reconocimiento busca visibilizar a quienes ejercen un liderazgo discreto pero transformador. “Son personas que han cambiado realidades desde el trabajo constante y silencioso. Creemos que a quienes aportan a la comunidad hay que reconocerlos en vida”, afirmó.
Con esta entrega, la Presea “Painani” inicia un camino destinado a resaltar lo mejor del espíritu fronterizo: esfuerzo, solidaridad, cultura y compromiso social, valores que hoy encuentran en Óscar Domínguez Lucero, un referente claro y vigente.
Los painani: mensajeros del imperio azteca
En la época prehispánica, los painani desempeñaron un papel fundamental en la comunicación del imperio azteca. Su nombre proviene del dios Paynal, deidad asociada con la rapidez y la agilidad, cualidades que distinguían a estos corredores de élite.
Los painani eran jóvenes pertenecientes a la nobleza, seleccionados por su extraordinaria condición física y entrenados desde temprana edad en el telpochcalli. Ahí recibían una formación integral que incluía resistencia, habilidades militares y conocimientos religiosos. Capaces de correr a gran velocidad, se organizaban en relevos para transmitir mensajes con precisión, recorriendo distancias que podían superar los 250 kilómetros en un solo día.
Ser painani no sólo implicaba fuerza y velocidad, sino también disciplina y honor, ya que su labor era clave para mantener unido y bien comunicado al vasto territorio azteca.