Durante las campañas electorales, es muy fácil caer en la tentación de los argumentos “de cajón” que, en el caso de los Estados Unidos son los migrantes, la frontera y la relación con México. Después de ver el anuncio de Kamala Harris al respecto, debemos plantearnos un análisis profundo de lo que está pasando y que iniciarían con la interrogante, ¿Tútambién Kamala? Parafraseando las últimas palabras de Julio Cesar antes de caer víctima de quien creía su amigo y aliado.

La relación bilateral entre México y Estados Unidos tiene mucho que ver con la relación geográfica, económica y social; sin que una tenga más peso que las otras. Esto significa que no se pueden aislar los tres componentes, ni se pueden emprender medidas que consideren parcialidades y mucho menos medidas unilaterales sin que se vea afectado el intercambio entre ambas naciones.

Debemos entender que la mayor parte de las decisiones que tienen que ver con la mencionada relación bilateral tienen origen en la ventaja competitiva que tiene la situación geográfica y el intercambio económico de nuestro país con el vecino del norte.

 Según el Wilson Center y la Cámara de Comercio de los Estados Unidos, Durante el 2023 México superó a China y Canadá, convirtiéndose en el socio comercial más importante de los norteamericanos; Esto se debe a que el intercambio entre las dos naciones, según los datos de la Secretaría de Economía, ya está sobrepasando los 721 mil millones de dólares.

Este dato del intercambio comercial no es un fenómeno aislado, por el contrario, viene aparejado del movimiento económico en ambos países, lo que de sí tiene un impacto social importante, basta decir que aproximadamente 5 millones de empleos en Estados Unidos, dependen directamente del comercio con México, esto nos convierte en una fuente de competitividad para muchas empresas en ambos lados de la frontera.

La combinación geográfica y económica hacen que el flujo migratorio sea, en términos prácticos, un hecho cotidiano que ha provocado un fenómeno social importante a través de las remesas, con datos del Wilson Center y de la Secretaría de Economía de México, se han estimado 60 mil millones de dólares en 2023, con lo que nuestro país se convierte en uno de los mayores captadores de divisas del mundo.

Estos datos y la dinámica política en Estados Unidos han puesto la relación con México como un eje de discusión durante las campañas que se están llevando a cabo en el vecino país. Es evidente que, fiel a su estilo y fanfarronería habitual, Donald Trump utilice el tema de los migrantes y la frontera como una herramienta de confrontación que en ocasiones anteriores le ha rendido dividendos importantes en el campo electoral.

En este proceso que Trump ha iniciado para llegar nuevamente a la presidencia, ha sacado el mismo “arsenal” de ataques en contra de la relación que tiene su país con el nuestro; aunque ahora viene aderezado con una candidatura a la vicepresidencia de J. D. Vance, un antiguo critico de Trump que se ha convertido en uno de los más visibles promotores del MAGA, Make America Great Again por sus siglas en inglés.

Tal vez por eso, Kamala Harris y con el afán de atraer parte de los votantes, ha difundido un promocional de su campaña hablando de la frontera y comparando sus propuestas contra lo que realizó Trump en su periodo presidencial. Al revisar el comercial, podemos advertir que, desde la visión que muestra Kamala Harris, México y su frontera son el problema que debe combatirse con más tecnología y con más dinero.

Es de llamar la atención que tanto Trump como Harris tienen una visión similar con respecto a México y, por lo tanto, tienen la misma idea de cómo “atacar el problema”. Es un hecho indiscutible que si Estados Unidos no cambia la concepción del combate a las drogas y al narcotráfico. Las acciones que pretende tomar Kamala Harris hablan de perseguir criminalmente a las bandas de narcotraficantes más allá del territorio estadounidense y de reforzar la vigilancia fronteriza para evitar el tráfico de drogas y de personas.

Es importante que, si de verdad se pretende solucionar el problema de drogas, Estados Unidos tenga una mirada de autocrítica y se implementen medidas internas que tengan que ver con la atención al consumo, que consideren a México su aliado en el combate a las drogas y que se tomen medidas integrales para allanar el camino a acciones que van más allá de las armas y la tecnología.