En el audio que retraemos este domingo y que podemos escuchar nuevamente en versión digital de El Diario queda claro sin lugar a equívoco ni tampoco a interpretación que
Javier Corral Jurado mangoneó como le pegó la gana al
Poder Judicial de Chihuahua.
Daba órdenes a sus magistrados igual como usaba a sus escoltas de la policía ministerial para cargar asadores, pelotas de tenis y pasear a sus perros mientras él raqueteaba placenteramente (de todo fueron publicadas fotos en su momento).
Ese que habla en el audio con una magistrada estatal es el Corral sin tapujos, el que como gobernador mantuvo cooptados a jueces y magistrados, a los que no permitía respirar un solo gramo de independencia, de autonomía, menos de imparcialidad.
Es aquél el auténtico Corral Jurado, mismos nombres, mismos apellidos, misma persona. No es el que ahora dicta en el canal 11 oficialista y en redes sociales pseudo cátedra de indispensable castidad y decencia judicial.
Hay que conocerlo para no comprarlo; o en el caso de la
Cuarta Transformación, lo compró porque lo conoce. Sabe que se presta a chicanas e inescrúpulos.
Hoy defiende con descaro y el desenfado propio de quienes carecen de vergüenza la reforma al Poder Judicial impulsada por el presidente de la República,
Andrés Manuel López Obrador, y seguida a pie juntillas por todo el sistema nacional de la Cuarta Transformación.
Es aceptada como genuina la postura de AMLO y su virtual relevo en
Palacio Nacional. Nunca han engañado a nadie sobre lo que piensan del régimen judicial; y no solo lo que piensan, también lo que quieren hacer... pero ¿Javier Corral? Éste hijo de las dos varas y la incongruencia se cuece a aparte. Veamos con los pelos de la burra en la mano:
Sus actuales tronadores golpes de pecho, su actitud y su conducta presentes demonizando en general a los hombres y mujeres encargados de la impartición de la justicia, son por completo lo opuesto a sus hechos cuando fue gobernador, cuando se sirvió de ellos con la cuchara predilecta de los insaciables, la cuchara sopera.
Corral cuestiona a quienes han tenido el infeliz atrevimiento de señalar la reforma. Aduce en redes que las críticas vienen de quienes aún no se reponen de los resultados electorales y que debe ser enfrentada una realidad “que es imbatible: después de los policías, la sociedad percibe a los jueces como los servidores públicos más corruptos... son incapaces de asumir con objetividad las vastas zonas del deterioro ético, político y jurídico tanto en el poder judicial federal (sic, con minúsculas) como en las entidades”.
Hay se dan entre Nicolás Maduro, Hugo Chávez, Daniel Ortega y Corral. Su única diferencia entre los ciclónicos grados demagógicos es que ellos fueron presidentes (o son) y éste únicamente ha sido gobernador; por fortuna para los mexicanos, por desgracia para los chihuahuenses que debieron soportar cinco años íntegros de flojera, corrupción ilimitada, ineptitud sin parangón e intolerancia enfermiza.
Una vez que Corral intensificó sus ataques contra el
Poder Judicial, El Diario publicó, en su edición del 20 de junio, un resumen de sus autoritarias correrías por juzgados, magistraturas y Consejo de la Judicatura del
Tribunal Superior de Justicia (TSJ).
En esa publicación quedó transcrita la filtración de las órdenes que dio telefónicamente el exgobernador a la magistrada, Adela Alicia Jiménez, el 5 de abril del 2018 para desatorar la elección de presidente del Tribunal.
“... Lo importante es que ya no se realice ninguna consulta porque, lo que va a suceder, es que vamos a perder muchos días. Lo que hay que provocar en todo caso es un receso... La propuesta que vi ahorita en WhatsApp es que hagamos una propuesta de unidad, para que esto pueda salir de una manera mucho mejor”.
“Yo me comprometo a pedirle al licenciado (Julio César Jiménez Castro) pues que ya concluyamos las cosas porque va a ser mucho desgaste para él mismo”.
-“Sí señor”, le contestó dócilmente la
magistrada Adela. Conocía la imposibilidad de contestar en sentido negativo. O pavor o conveniencia, no dignidad.
La Suprema Corte de Justicia había invalidado una reforma judicial en Chihuahua impulsada por el exgobernador para destituir al entonces presidente del Tribunal, Gabriel Sepúlveda Reyes, cuyo pecado capital fue haber sido electo en el período de
César Duarte como titular del Poder Ejecutivo.
Corral impuso a Jiménez Castro cuya mansedumbre insoportable ni a él convenció, así que fue sacudido cuando intentó retener la presidencia mediante el nuevo proceso ordenado por la Corte.
La famosa consulta a la que se refería el exmandatario había “permitido” la inclusión de varios magistrados candidatos a presidente. El engrudo hecho bolas se había sumado al desatino de imponer ilegalmente a Jiménez Castro.
De nuevo recurrió Corral Jurado al autoritarismo y encaminó hacia la presidencia al “menos malo” de sus peones, Pablo Héctor González, uno de los magistrados con mayor preparación profesional, filósofo, con grado de doctor, pero consciente de su origen en el cargo. Sabía que le esperaba tragar sapos sin hacer gestos. Sus propios compañeros y compañeras le llamaron el presidente carnal.
En adelante no hubo más dueño del Poder Judicial chihuahuense que el hoy falso Robespierre, defensor de la limpieza judicial total en la Federación y los estados por impúdico mercenarismo, pero ejecutor hasta sus cimientos del mismo órgano jurisdiccional en el estado que desgobernó.
Una precisión indispensable no fue Corral el único dueño del TSJ, desde su arribo a la gubernatura deshizo las pretensiones de sus antecesores por cuajar el Consejo de la Judicatura del propio Tribunal de Justicia; así ordenó la famosa reforma judicial e integró a su modo dicho Consejo en mayo del 2017.
Ni la burla perdonaba. Dijo en una de las dos ceremonias que presidió para instalar el Consejo: “Nunca más el Poder Judicial maniatado a los caprichos del jefe del Ejecutivo”. Nunca más fuera de su control, quiso decir. Su auditorio estaba conformado exclusivamente por jueces, magistrados y personal administrativo. Todos en su puño. O cooperaban, o cuello.
En 2018 fue electo Pablo Héctor, pero desde 2017 Corral había incrustado ilegalmente a Luz Estela Castro Rodríguez como integrante de la Judicatura. Una hoja no se movía en el órgano judicial si no tenía la obligada luz verde de la otrora respetada derechohumanista. Les cayó de peso el poder, pero lo digirieron con todo y retortijones.
Lo que vino después fue paso de marranos salvajes sobre plantación de maíz tierno. Entre Corral, Pablo Héctor y Lucha Castro, impusieron como magistrados a Angélica Lorena Jurado Luna, Pedro Valdez Aguirre, Alejandro Legarda Carreón, Andrea Margarita Cárdenas Valenzuela (por cierto, hasta ahora sigue operando resoluciones en favor de los intereses de Corral), Olga Cano Moya, Yasel Iradiel Villanueva Pérez y Norma Angélica Godínez Chávez.
Paralelamente, se impusieron la “necesidad” de depurar a los juzgados de todo el estado. Fue llamado el “cochinero judicial” por la corrupción comprobada en la aplicación de los exámenes respectivos.
Así se despacharon con 35 jueces y juezas: Omar Enrique Meléndez Renova, Manuel Arturo Quintana Ramírez, Luis Eduardo Valdés Barrón, Salvador Mario García de la Cadena Lamelas, Erik Salvador Nevárez Estrada, Rosy Isela Gutiérrez Beltrán, Ana Violeta Estrada Domínguez, Zulema Sandoval Chacón, Gabriel Gerardo Reyes Zúñiga, Catalina Uranga Mendoza.
También Víctor Iván Rodríguez Trejo, Refugio Ernesto Jáuregui Venegas, Luis Javier Ortiz Beltrán, María Fernanda Díaz Rojas, Rigoberto Isaías Flores Gómez, Luis Hernández Zúñiga, Dirceu Ismael Solís Mendoza, Juan Alonso Martínez Grajales, Raquel Carlos Ávila, Monserrat Robles Ramírez, Erick Israel Robles Chávez, Fernando Corral Soto.
Y Nancy Cristina Reyes Esquivel, Luis Alfredo Cruz Ramos, Víctor Manuel Flores Domínguez, Juan Daniel Delgadillo Martínez, Rufina Maldonado Robles, Abigail Sosa Rivera, Sylvia Padilla Chávez, Fabián Rodolfo Sáenz Gómez, Hortencia García Rodríguez, Samuel Uriel Mendoza Rodríguez, Humberto Chávez Allende, Luis Carlos Reyes Romero y Edgar Oswaldo Torres Sandoval.
De hecho, la historia de ese cochinero no ha concluido, sigue en proceso amparo y en posibilidad de ser judicializadas las denuncias que puso al respecto el exconsejero de la Judicatura, Joaquín Mesta Sotelo.
Esos botones de muestra y muchos otros a lo largo de los cinco años que fue gobernador Corral, desde luego también la hiel y la patología que dedicó para procesar a decenas de duartistas, forman parte de lo que realmente hizo el gobernador con el Poder Judicial.
No le queda la falsa retórica de la honestidad y menos de la ética. Si sus servicios han sido comprados por la Cuarta Transformación, serán para violar esos principios, no para honrarlos. A las pruebas estamos remitidos.