La gran cantidad de problemas y alteraciones graves que sufrió la cadena de suministro mundial, como efecto de la pandemia por Covid-19, derivó en un cambio drástico en la estrategia de negocios de las empresas en general, particularmente de las que se dedican a la manufactura y distribución de productos diversos ya que, ante la reactivación del comercio mundial, enfrentaron un serio problema de desabasto de insumos y de inventarios para la venta.
Es por ello por lo que, a mediados de 2021 surge lo que se conoció como “nearshoring” o relocalización de plantas manufactureras y centros de logística internacional, es decir una especie de retroceso o freno a la globalización en esa materia.
Las empresas se volcaron a una estrategia más regionalizada para la producción y distribución de sus productos, con el fin de ubicarse más cerca de los centros de consumo y, de este modo, evitar o prevenir lo que ocurrió durante la pandemia por el coronavirus, asegurando así que un nuevo evento de esa naturaleza (o de cualquiera otra) no pudiera volver a afectar sus ventas.
Desde los inicios de esta nueva estrategia, por nuestra posición geográfica, México se colocó en el centro de atención de casi todos los grandes corporativos industriales del mundo, principalmente asiáticos y europeos, ya que uno de los mercados más grandes del planeta, Estados Unidos, tiene una frontera de poco más de 3 mil 150 kilómetros con nuestro país, además de ser socios comerciales, junto con Canadá, a través del T-MEC.
Por supuesto que estos drásticos cambios en la estrategia de producción y de logística en las empresas industriales y de todo tipo, avizoró desde un principio grandes oportunidades para nuestro país, ya que la llegada de más inversión extranjera significaba también más empleos, así como una serie de consecuencias todas positivas para la economía nacional.
Así que, durante todo 2022 y 2023 todo marchó en ese sentido, anuncios de la llegada de más corporativos industriales a nuestro país, por ahí de inicios del año pasado, escribí en este mismo espacio sobre un “boom” inmobiliario de parques o naves industriales que se presentó en Juárez, y en general una buena estabilidad en ese sentido.
En ese momento, no había naves disponibles en esta frontera y se construyeron al menos una decena de nuevas naves industriales, ya con contrato de ocupación y compromiso de inversión importante.
En ese punto fue donde se empezaron a complicar algunas cosas, porque entre los requerimientos más importantes de las industrias que pretenden llegar están al abasto suficiente de agua y de energía eléctrica, los principales entre otros, pero ahí es donde se empezó a atorar o frenar el tema.
El caso es que, desde mediados del año pasado a abril de este año, el empleo en la industria maquiladora ha caído en poco más de 54 mil plazas laborales, lo que no deja de ser una cifra inquietante y preocupante ya que, contrario a lo que se esperaba, no solo no ha crecido el número de empleos en ese sector, sino que muestra una caída importante en poco tiempo, equivalente al 17 por ciento.
En opinión de algunos líderes empresariales de la industria de la transformación, como Thor Salayandía, a quien tuve la oportunidad de entrevistar recientemente, el “nearshoring” ya se nos fue, ya se perdió la oportunidad, debido, entre otras razones, a falta de infraestructura logística adecuada (vialidades, carreteras, etcétera), ausencia total de políticas públicas enfocadas al desarrollo de pequeñas y medianas empresas, falta de una Ley de proveeduría, tan solo por mencionar algunas de las causas que enumera el ex presidente de Canacintra Juárez.
Thor también señala que las recientes medidas adoptadas en materia laboral como el aumento al doble del salario mínimo, el aumento de días de vacaciones y al aguinaldo de los trabajadores, sin abordar el tema de una mayor productividad, son factores que restan competitividad a las empresas fronterizas, haciendo menos atractiva su estancia aquí.
Para Salayandía, el fenómeno alcanzó ya a toda la frontera mexicana con los Estados Unidos, porque de acuerdo con datos del INEGI, la caída del empleo en ese sector llega ya a 101 mil 501 plazas de trabajo en 18 meses, lo que representa una caída del 10 por ciento.
Aunque a nivel nacional también se reporta una caída en el empleo de la industria de la transformación, esta es menor que en la zona fronteriza, ya que solo se han perdido 77 mil 992 puestos laborales que representan un 3 por ciento.
Algunos analistas económicos y financieros también consideran que la inestabilidad y volatilidad de los mercados nacionales e internacionales, así como la volatilidad en el tipo de cambio, derivados de la reciente elección en México, son factores que, sin duda alguna han contribuido a frenar el avance del llamado “nearshoring”, porque la reforma judicial anunciada por el presidente López Obrador es un factor que genera mucha inquietud entre los inversionistas y empresarios, al dejarlos sin defensa legal ante posibles conflictos judiciales en nuestro país.
Sin embargo, en Juárez también hay otros liderazgos empresariales con una visión menos pesimista de la realidad, como Gabriel Flores Viramontes desarrollador inmobiliario con gran presencia en la frontera y otras ciudades, quien sigue percibiendo las enormes oportunidades del “nearshoring” atribuyéndole a la coyuntura política y económica del momento lo que ocurre.
Para Flores Viramontes, que en los recientes meses ha construido y desarrollado naves industriales como nunca antes, sigue existiendo un gran interés de parte de muchos corporativos por nuestra ciudad, debido a la enorme ventaja que les representa la cercanía con los Estados Unidos y la gran tradición de esa industria en Juárez, lo que les asegura una mano de obra muy calificada.
También señala que, en cuanto al déficit de agua y energía eléctrica, el problema en realidad no es que se carezca de estos recursos, más bien lo que no tenemos es una adecuada infraestructura hidráulica, moderna y eficiente, para obtenerla y distribuirla adecuadamente, lo mismo ocurre en cuanto a la energía eléctrica, en ambos casos lo que falta son inversiones importantes de las dependencias y gobiernos respectivos para resolver el problema.
Flores Viramontes explica que la caída en el empleo del sector maquilador obedece, entre otras causas, a un reajuste de pedidos y el uso de nuevas tecnologías en la producción, lo que llevará a que haya cada vez menos gente en las plantas industriales, pero que eso significa también empleos de mayor calidad, mejor pagados, por su alta especialización al operar máquinas o herramientas totalmente computarizadas o incluso de inteligencia artificial.
Lo cierto es que, sea una visión o la otra, estamos en momentos críticos de definición para nuestro país, para el estado y para nuestra ciudad por supuesto, en los que nos jugamos el futuro en materia económica y de bienestar para los siguientes 50 años sin exagerar.
Se hace necesario, por tanto, que los responsables de las políticas públicas en esta materia, tanto del gobierno federal como del estatal, consideren todas las variables que modifican estos escenarios a nuestro favor, y que se tomen las acciones necesarias para que eso ocurra, es su responsabilidad y están obligados a ello.
Lo ideal sería que se coordinaran para el diseño de planes y programas de fomento y desarrollo industrial y económico para México, para Chihuahua, para Juárez, que se puedan armonizar adecuadamente con las políticas fiscales, pero si esa coordinación no es posible, por las diferencias ideológicas o partidistas de los gobiernos, al menos que esos planes y programas puedan ser complementarios en lo federal, en lo estatal y en lo municipal.
El escenario es incierto, esa es una realidad inocultable, indefinido, por ello la necesidad de llamar la atención sobre el tema para que todos los liderazgos, políticos y sociales, asuman sus respectivas responsabilidades y tomen las acciones que correspondan a la coyuntura en que nos encontramos. Más nos vale que lo hagan, y, en ese tema, el sector empresarial jugará un papel determinante para la sociedad en general.