Por si fuera poco, este 2 de abril el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump anunció una nueva partida de aranceles dirigidas principalmente hacia el sector extranjero automotriz. Hasta un 25% de tarifas a la producción fuera de los Estados Unidos, lo que tiene preocupados a todos los mercados del mundo, pero uno de los más afectados será de nueva cuenta su principal “socio” México. Y es que este país es el principal exportador de autos hacia el mercado estadounidense desde hace aproximadamente una década superando a los japoneses y alemanes, históricos fabricantes de autos a nivel mundial.
No hay que olvidar que esto es posible gracias al moribundo Tratado de Libre Comercio que permitió a través de la falta de aranceles entre México, Estados Unidos y Canadá aprovechar lo mejor de cada nación. En el caso mexicano siempre ha sido característica la mano de obra barata, pero sobre todo de calidad, lo que permitió abaratar los precios finales de los automóviles y aumentar los réditos de las grandes ensambladoras extranjeras que comenzaron a manufacturar en México, de esta manera transformando la economía y sociedad mexicana, el caso de Ciudad Juárez quizá el más notorio con su consolidación, en ocasiones dependencia de la industria maquiladora.
Qué simple será para estas empresas irse de nuestro país al no ser económicamente viable quedarse en virtud de los aranceles, dejar desprovistos a los mexicanos especialmente a los juarenses que ingenuamente depositaron en la maquila toda esperanza económica. Si bien esto es una posibilidad muy cercana y la histeria económica pueda comenzar a desbordarse es necesario señalar que en el caso hipotético se van las empresas, no el talento, no el ingenio ni la mano de obra mexicana y juarense que por muchos años ha enriquecido a externos, quizá este sea un momento para forzarnos a retirar el yugo extranjero y que lo hecho en México se quede, y por primera vez beneficie directamente a los mexicanos.
Precisamente, esta ha sido la táctica de quien ahora se constituye como el principal adversario económico de los Estados Unidos, China, quien es conocido como “la fábrica del mundo”. Basta observar que la columna vertebral de esta potencia mundial descansa en la manufactura, la cual si bien no era reconocida como de mucha calidad al principio poco a poco fue haciendo propios los procesos para posteriormente beneficiar a sus connacionales y tiempo después comenzar a exportarlos al mundo, es así como esta nación considerada pobre hace poco más de 50 años hoy en día está cerca de convertirse en la nación más poderosa del mundo.
Hay que reconocer que la manufactura es poderosa porque es la base material de cualquier nación, Trump lo sabe y por eso con el gran poder del Estado y los aranceles, hace regresar a las empresas norteamericanas a la fuerza y si estamos entrando en una dinámica de nula cooperación y que las fronteras sean más marcadas que nunca, quizá sea la hora de tomar la manufactura por mano propia, de capital mexicano y ganancias mexicanas, no buscar solo las migajas de la derrama económica sino tener un capital enriquecido dentro de la nación que lo manufactura, el beneficio al servicio de quien le da plusvalía.
Lo que parece utopía es más bien un capítulo de la historia mexicana, precisamente en el sector automotriz tenemos historia de marcas 100% mexicanas que por algunas décadas acompañaron y beneficiaron a los connacionales. Tal es el caso de Dinámica Industrial (DINA) o Ramírez, empresas que comenzaban a formar la identidad automotriz mexicana aprovechando el talento nacional y beneficiando a la sociedad mexicana. Cabe destacar que estas empresas fallaron en su permanencia y desarrollo precisamente por las políticas que encaminaron el Tratado de Libre Comercio (TLCAN), el que ahora el gobierno estadounidense quiere ignorar por completo.
Sin importar que pase en días posteriores en cuanto a si los aranceles si permanecen, se reducen o eliminan esta es una buena oportunidad para replantearnos la vulnerabilidad que existe en función de los capitales extranjeros, nada los liga a esta nación más que aumentar sus márgenes de ganancia y nada nos deben, sus intereses están fuera de esta ciudad y este país. Por ello debemos apostar por una base que beneficie a los nuestros, no en una práctica nacionalista en extremo, solo asegurar una plataforma mínima que permita desarrollarnos como sociedad con una soberanía auténtica, que la riqueza que México y Ciudad Juárez agregan a los productos con esfuerzo y dedicación se queden en mayor parte al beneficio de los mexicanos, que lo hecho en México, beneficie a México.