Desde enero de 2025 a la fecha, he dado 240 mil pasos por las tierras de Chihuahua. Lo digo con orgullo y con convicción: no hay atajo para caminar, tocar puertas, mirar a las personas a los ojos y escuchar sus voces. En este tiempo he visitado más de 60 colonias, en los municipios de Juárez, Chihuahua, Delicias, Camargo, Parral, Cuauhtémoc, Julimes, entre otros. Son miles de historias, rostros, problemas, soluciones y, sobre todo, una constante: la esperanza.

Caminar el territorio no es sólo una tarea política; es una convicción que nace de un principio ético: con el pueblo todo, sin el pueblo nada. Así nos enseñó el fundador de nuestro movimiento, Andrés Manuel López Obrador, y así lo seguimos quienes realmente compartimos los valores de la Cuarta Transformación. Desde que llegué al Senado, he sostenido que la frase “más territorio y menos escritorio” no es un eslogan, es una manera de vivir y disfrutar el servicio público. Por ello, cada fin de semana me traslado al estado grande.

Las calles son la mejor oficina que puede tener una persona servidora pública. Allí están los verdaderos diagnósticos, allí nacen las mejores propuestas. Cuando visito una colonia, recorro un mercado, saludo a una jefa de familia o platico con un joven que busca una oportunidad, no sólo recojo demandas: me lleno de claridad, de compromiso y de energía para seguir trabajando en beneficio de las y los chihuahuenses.

Muchos me preguntan por qué caminar tanto; cuestionan por qué no basta con recibir los informes de los asesores legislativos o los reportes técnicos. Les respondo con algo que aprendí desde hace muchos años: nada sustituye la palabra sabia del pueblo. En cada recorrido recojo inquietudes que después se traducen en propuestas legislativas. Las leyes no pueden hacerse desde el aire acondicionado de una oficina en la capital; deben forjarse en el calor del territorio, en el polvo de las calles, en el corazón de las comunidades.

Así, las palabras de las personas se convierten en insumos para la ley. Escuchar a una madre que no sabe cómo inscribir a su hijo en una beca; a un adulto mayor que aún no recibe su pensión; a un joven que quiere emprender, pero no sabe por dónde empezar… Todo eso nutre y da sentido al trabajo parlamentario.

Uno de los ejes fundamentales de mis recorridos ha sido llevar información clara sobre los resultados que hemos dado en el Senado para pavimentar el segundo piso de la Cuarta Transformación; también le explicamos a las personas que los programas de Bienestar no son una concesión, sino un derecho. Gracias a la 4T, muchas de estas políticas sociales han sido elevadas a rango constitucional. Las pensiones para personas adultas mayores, las becas para estudiantes, el apoyo a personas con discapacidad, ya no dependen del humor de un gobierno: están en la ley.

En mis caminatas, me aseguro de que nadie se quede fuera. También comenzaremos a explicar la decisión histórica que tendrá el pueblo de México el 1 de junio para transformar se raíz la procuración de justicia.

Uno de los espacios donde más disfruto estar es en los mercados; ahí se percibe la economía real. En la Central de Abastos de Ciudad Juárez, en el mercado Hidalgo, en los tianguis que florecen cada fin de semana en diversas colonias, he conversado con quienes sostienen a sus familias desde el pequeño comercio. Sé que muchas de esas familias están encabezadas por mujeres valientes, que combinan trabajo, maternidad y liderazgo comunitario.

A todas ellas les he compartido los avances que ha dado la presidenta de México, Dra. Claudia Sheinbaum, en su visión por alcanzar la igualdad sustantiva y por cerrar las brechas de género. No se trata sólo de reconocer el esfuerzo de las mujeres: se trata de construir condiciones estructurales para que puedan vivir con dignidad, autonomía y derechos plenos.

He caminado por colonias con historia profunda como la Chaveña, Bellavista o la Hidalgo, y también por fraccionamientos nuevos como Praderas de los Álamos o Valle Verde. En cada lugar, la necesidad es distinta, pero el espíritu es el mismo: la gente quiere ser escuchada, quiere participar; quiere transformar su entorno.

En la colonia División del Norte, una vecina me dijo: “Aquí no queremos promesas, queremos que vengan a ver cómo vivimos”. Y tenía toda la razón. Por eso reitero: aquí es donde verdaderamente se hace política. No detrás de un escritorio, no en redes sociales, no en actos masivos. La política real se hace con el oído en la tierra, con el corazón abierto, con el compromiso de regresar siempre.

Cada conversación que tengo en estos recorridos no es sólo un acto simbólico, es una herramienta de gobierno. Cuando escuchamos de verdad, cuando tomamos nota y volvemos con resultados, se fortalece la democracia. Uno de los principios más firmes de la Cuarta Transformación es que el pueblo manda. La participación ciudadana no debe ser esporádica, debe ser permanente.

Por eso digo que caminar también es un ejercicio de rendición de cuentas. Porque cuando uno vuelve a las colonias, a los mercados, a las plazas, la gente recuerda lo que dijiste, lo que prometiste, lo que hiciste. Y eso nos obliga a ser honestos, consistentes y eficaces.

En estos meses me he planteado como meta seguir recorriendo cada rincón de Chihuahua. No sólo por convicción, sino por responsabilidad. En tiempos de cambio profundo, la cercanía con el pueblo es el mejor instrumento para gobernar bien. Así lo han demostrado tanto el expresidente Andrés Manuel López Obrador, como nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, quienes nos han enseñado que amor con amor se paga.

Este año seguiré recorriendo las calles; creo en la política de territorio. Creo en la fuerza transformadora de la escucha y creo, sobre todo, en el pueblo de Chihuahua, que merece ser escuchado, atendido y representado con dignidad.