Alguna vez escribimos en este espacio que las extorsiones telefónicas se incrementan en el mes de diciembre, cuando las personas gozan de un dinero extra, producto de las comepensaciones de su trabajo a lo largo del año.

Hay que corregir ese dato: las extorsiones ya no tienen ni fecha y, mucho menos, un estrato social determinado. Las llamadas telefónicas cada vez son más agresivas y los métodos de los criminales, más sofisticados.

Las autoridades locales han advertido a la población abierta, que las llamadas telefónicas con fines de engaño, se han incrementado en las últimas semanas, identificando números principalmente de Reino Unido, pero no se descartan de otras naciones.

La policía cibernética en el estado puso a disposición de la ciudadanía varios teléfonos para denunciar estos intentos de extorsión que, en algunos casos, llegan a concretarse, dejando sin dinero a quienes caen en el engaño.

No es un tema privativo de nuestra entidad: durante las últimas semanas, los medios de comunicación en todo el país, con la información de las autoridades, han alertado sobre la proliferación de llamadas telefónicas mediante las cuales se intenta despojar de dinero a muchísima gente que es víctima de extorsiones.

De todos es conocido el modus operandi: se recibe una llamada telefónica de algún número que no está registrado en tus contactos y, al responder, te dicen que alguien de tu familia, algún compañero de trabajo, el jefe de tu oficina o un amigo cercano necesita en ese momento dinero y que debes buscarlo en determinado lugar de la empresa o de su casa.

Después, sin colgar, van guiando a las personas que creyeron en la farsa, para que acudan a una tienda de conveniencia a hacer el depósito respectivo a un número de cuenta que, invariablemente, va a desaparecer en cuestión de días.

Hay más: un sinnúmero de llamadas que se reciben y cuyos autores te hacen creer que se trata de ejecutivos del banco en el que tienes tu cuenta, son para obtener la información indispensable para vaciar sus ahorros en cuestión de minutos.

Ahora, de acuerdo a la información de la policía cibernética, los criminales le ofrecen a las personas que responden a sus llamadas, empleos tan bien remunerados, que no falta quien crea tal cosa.

Hay llamadas en que la agresividad y violencia verbal son tan crueles, que llegan a intimidar al más preparado hasta hacerlo caer en el engaño de que tienen secuestrado a un hijo, a la esposa o a la nieta y con tal de no provocar a los delincuentes, se hacen depósitos que en muchas ocasiones es todo lo que se tenía o en ahorros, o hasta vaciar el total de una tarjeta de crédito o débito.

Si agregamos que se ha incrementado en el estado la clonación de redes sociales, estamos frente a una red de operadores del engaño tan profesionales, que difícilmente se les puede ubicar de inmediato. Se necesita de la colaboración de quienes, en ese tome to, pueden ser víctimas potenciales.

Y de ninguna manera somos ni inocentes ni incautos. Lo que pasa es que se trata de expertos y profesionales del engaño, gente que ha dedicado gran parte de su vida a capacitarse en la estafa, esos delincuentes que invaden nuestra intimidad electrónica para obtener de manera fácil el dinero que tanto cuesta con el trabajo diario.

Se trata de voces del otro lado de la línea son tan convincentes, que realmente creemos que se trata de ejecutivos del banco que te dicen que tu tarjeta fue clorada y que para “desbloquear” tu cuenta, necesita tu NIP y los famosos últimos cuatro números de tu tarjeta para que ya no tengas problemas.

Ahora que los legisladores están inmersos en una discusión en el tema de las telecomunicaciones, valdría la pena saber si, de entrada, tienen contemplado, cuando menos, aumentar las penas en los casos de extorsión, secuestro “express”, o, de plano, una idea de cómo fortalecer la investigación cibernética para evitar que miles de llamadas cada hora se detecten con celeridad.

Ya hemos dicho que las instituciones bancarias invierten algo de recursos en campañas para alertar a la población sobre estos engaños; las autoridades policiacas o las agencias de investigación nos dicen qué pasos seguir para evitar ser estafados.

Lo que nadie detiene, son a esos criminales cuyas voces, del otro lado de la línea, hacen creer a muchísimas personas de un secuestro o de un empleo en alguna parte del mundo, espejitos que se siguen vendiendo porque no se ha logrado o no se ha querido detener a la delincuencia que instala edificios enteros con el equipo más sofisticado para engañar.

Pero no está de más el consejo que nos dan todas las autoridades: primero, si no conoce ese número, no conteste. Si es una llamada con número local y debe responder, hágalo, pero si le están pidiendo un número de identificación, o un código que le acaban de enviar a su teléfono, cuelgue. Si le están diciendo que tienen secuestrado a un familiar, aunque esté usted en pánico, cuelgue. Le aseguro que todo es una farsa. Al tiempo.