Este primero de mayo conmemoramos el día del trabajador, y más allá de ser un día de asueto para la mayor parte de trabajadores en Juárez y en México vale la pena recordar que esta detrás de la presente fecha conmemorativa. Esta tiene su origen a finales del siglo XIX cuando movimientos obreros se manifestaron en diversas partes del mundo para grabar en piedra derechos que son vigentes hoy en día, salarios mínimos, seguridad laboral, seguridad social, prohibición del trabajo infantil entre otras cosas.

Y es que en todas partes del mundo ser un trabajador siempre implica una situación de vulnerabilidad, pues en gran medida se encuentran a merced de las necesidades del patrón, no en vano los sistemas jurídicos del mundo reconocen a los empleados como parte del derecho social, donde el Estado intercede ante la evidente disparidad con el patrón y por ello debe tener un marco de protección más amplio hacia los trabajadores.

La historia nos ha demostrado que si el Estado no interviene como un órgano regulador de los derechos de trabajadores siempre habrá una situación desigual, y no hay que remontarnos a los escenarios de Río Blanco y Cananea que son hitos en la lucha de los trabajadores que a su vez fueron pie de la Revolución Mexicana, cosas simples como el no respetar el turno de 8 horas o pagar correctamente el tiempo extra poco a poco han minado los derechos que se supone están escritos en piedra en la Constitución y diversas leyes federales.

Los sindicatos precisamente que nacieron como una figura para evitar este tipo de atropellos y no tener que incurrir directamente a las juntas de conciliación y arbitraje últimamente se ha convertido en una figura erosionada, donde si no carecen de eficiencia ante los intereses de los trabajadores, en otras ocasiones se convierte en un tema tabú en el lugar de trabajo, donde las empresas al detectar intenciones de formar alguno encuentran en ello razón suficiente para despedir a dichos empleados.

Este problema existe por que la ciudadanía así lo permite, es común ver como alguien que exige sus derechos laborales siempre es tachado negativamente, “llorón, huevón y hasta izquierdoso” siendo estos adjetivos de lo más comunes, pero ¿Quién gana con esta situación? Hay que pensar que los derechos están ahí por una razón, tienden a intereses básicos de la vida humana y al no respetarse en aras de “ponerse la camiseta”, solo se logra el detrimento de la calidad de vida de quien exige sus derechos y de quien lo critica.

La situación actual demanda que los trabajadores vuelvan a entablar esos caminos de comunicación fructífera, hacer valer sus derechos de asociacionismo y hacer respetar sus derechos laborales, aquellos que son tan mínimos, pero a su vez tan importantes para sostener una vida digna y que por eso están consagrados en la Constitución y leyes federales, esto también para hacer frente a los nuevos retos que avecinan, como el outsourcing, el uso de la inteligencia artificial entre otros. En conclusión, se debe buscar más beneficio para el trabajador juarense, no por una ideología o por una simpatía política sino simplemente porque el trabajador lo ha ganado con su esfuerzo.