Un 28 de enero de 1917 una joven de diecisiete años marcó con valentía la historia de nuestra frontera: Carmelita Torres. Lamentablemente su nombre no es muy común para quienes habitamos las ciudades hermanas, a pesar de haber sido la líder de una revuelta contra las políticas racistas y eugenésicas por parte de los Estados Unidos. Permítame ahondar más sobre la huella que dicha adolescente juarense dejó y merece ser recordada.
Usted conocerá muy bien el puente Santa Fe, pues bien, antes de 1917 cruzar de un lado a otro suponía una sencillez donde la ausencia de un pasaporte era la norma. La frontera se vivía y cruzaba de una manera diferente a la de hoy. Todo cambió con la entrada de los gringos a la Primera Guerra Mundial donde la frontera se volvió un lugar rígido con el motivo de evitar la entrada de influencias germanas por ese lado, además del patriotismo por la guerra.
Asimismo, las políticas sanitarias estadounidenses fueron implacables contra los extranjeros. Es así que muchas paisanas y paisanos se tuvieron que someter a un trato inhumano donde se les desnudaba y rociaba con químicos, como gasolina, al mismo tiempo que su ropa se “desinfectaba” en grandes secadoras. Las mujeres sufrieron abusos sexuales y humillaciones por parte de los agentes aduanales, quienes incluso les tomaban fotografías que después eran compartidas en las cantinas.
Esa era la realidad de todas aquellas personas que cruzaban diariamente para trabajar, como Carmelita Torres quien era una trabajadora en hogares paseños, por lo que su transitar en esos campos de desinfección era habitual. Fue la mañana de un domingo al bajar del tranvía que decidió resistirse a las políticas xenófobas y empezar a protestar contra el cruel procedimiento, incentivando a sus compañeras de vagón a que hicieran lo mismo. Según el historiador David Dorado Romo para las ocho y media de la mañana ya eran doscientas mujeres obstruyendo el tráfico y al medio día eran unas cuantas miles de mujeres unidas contra las injusticias y maltrato.
Las valientes mujeres motivaron a sus compañeras que se encontraban en el campo de desinfección para unirse al levantamiento. Los agentes aduanales trataron de controlar la multitud, sin embargo, las mujeres se defendieron con botellas y piedras. Incluso se apostaron sobre las vías de los tranvías para obstruir la circulación. El levantamiento duró tres días y respondía a las violaciones de derechos humanos a las que eran sometidas diariamente. Pensar en el espíritu valiente de aquellas mujeres que se alzaron ante una de las naciones más poderosas del mundo detona la pregunta si realmente esas políticas han cambiado demasiado.
A este acontecimiento se le ha descrito como el “Motín de los baños”, no obstante, no fue un hecho aislado. Un año antes en la cárcel de El Paso también se aplicaron “medidas sanitarias” rociando a las personas privadas de su libertad con gasolina, en su mayoría mexicanos. Como consecuencia de un cerillo encendido comenzó un incendio donde murieron veintisiete personas. A este suceso se le conoció como “El Holocausto en la cárcel de El Paso” y no hubo justicia.
Carmelita Torres fue descrita como pelirroja, lo cual nos da una pista para imaginar a aquella joven de gran espíritu que no sucumbió ante las medidas impuestas desde el odio al otro. De esa manera, espero que después de conocer esta historia pueda pasarla de voz en voz para reconocer a todas esas mujeres que detuvieron la frontera ante la perversión e injusticia impuestas por los Estados Unidos de América hace 108 años.
En definitiva, un gran ejemplo de lucha encontramos en dichas mujeres. Así que cuando pase por aquel puente Santa Fe recuerde a Carmelita Torres y a todas aquellas mujeres que siguen alzándose por un mundo mejor. Para saber más lea el libro “Historias desconocidas de la Revolución Mexicana en El Paso y Ciudad Juárez” de David Dorado Romo. Le escribo en una próxima exhibición de “Museo Fronterizo”. H.H.