Existe un proverbio africano que popularizó el expresidente estadounidense Barack Obama: “Si queremos ir rápido, vayamos solos. Si queremos ir lejos, vayamos juntos”. En esta frase podemos resumir el reto que enfrentamos en el estado de Chihuahua rumbo al 2027, donde los problemas sociales se han vuelto más complejos y requieren de mayor colaboración para salir adelante. La inseguridad, el fenómeno migratorio y el bienestar social son solo algunos de los temas a los que debemos hacer frente, en medio de discursos confrontativos, pero también en un contexto donde debemos recuperar el sentido de comunidad y colaboración entre los distintos ámbitos gubernamentales y la sociedad civil. También es cierto que estamos ante una oportunidad histórica para construir consensos que se conviertan en una herramienta real de transformación social.

Chihuahua es un estado con enorme potencial económico, humano y cultural, pero sería un grave error negar que ha atravesado por dinámicas violentas, profundas desigualdades y arraigados problemas derivados de la falta de atención social. Además, las condiciones geográficas y el desarrollo de una vocación industrial han convertido al estado en un territorio fértil para la migración, lo cual ha puesto a prueba la capacidad de las instituciones para dar respuesta a las necesidades humanitarias propias de este fenómeno.

Ante la naturaleza y magnitud de estos desafíos, es evidente que ningún actor social puede ofrecer soluciones definitivas; es necesaria la participación decidida de las esferas gubernamentales —municipales, estatales y federales—, así como de la iniciativa privada y de la sociedad civil organizada. Si queremos acciones que realmente den respuesta a los problemas que vivimos, requerimos un trabajo coordinado y una visión a largo plazo para cambiar el rumbo.

Aunque hemos dado pasos importantes con el esfuerzo realizado por el gobierno federal, encabezado por la presidenta Sheinbaum, al aplicar una estrategia centrada en la inteligencia, el fortalecimiento de las capacidades locales y la coordinación interinstitucional, también es cierto que es necesario que converjan el resto de los sectores sociales. A diferencia de esfuerzos anteriores —donde se priorizaban únicamente acciones de reacción inmediata y despliegue masivo de fuerzas— hoy se apuesta por el trabajo con información y datos, promoviendo la profesionalización de los cuerpos policiacos y el uso de la tecnología. Los resultados son alentadores; pero, como sociedad y gobierno, debemos mantener la unidad social para obtener resultados sostenibles en el largo plazo.

En cuanto a la migración, el estado de Chihuahua es un punto estratégico en las rutas migratorias hacia el vecino país del norte, lo que conlleva la gestación de potenciales crisis humanitarias. Bajo las condiciones actuales de la relación entre Estados Unidos y México, es frecuente ver que miles de personas se quedan varadas en Juárez, lo que hace necesaria una respuesta institucional coordinada que solo puede ser efectiva si se definen políticas locales, regionales, estatales y nacionales que, además de dignificar el trato al migrante, también otorguen certidumbre a las comunidades que los reciben. Este tema no tiene margen para ser explotado políticamente; por el contrario, todos los involucrados debemos actuar con seriedad y responsabilidad.

Tal vez el desafío más estructural sea el del bienestar social de los más vulnerables. No debemos regatear los avances obtenidos en los últimos años, pero sí procurar que el impacto de los programas sociales sea de largo plazo, garantizando su continuidad independientemente del partido político que tenga la responsabilidad de gobernar. El consenso debe construirse a partir de una verdad fundamental: un crecimiento económico sin justicia social solo generará una brecha más amplia entre los más ricos y los más pobres. Para cambiar esa dinámica, es necesaria la coordinación entre los distintos niveles de gobierno, la inversión económica con sentido social y la participación de una ciudadanía activa.

Ahora bien, cuando hablamos de consensos no significa que debamos esconder los desacuerdos o las diferencias de pensamiento; por el contrario, implica reconocer la riqueza social que representa la diversidad de ideas, y a partir de ahí, construir sobre los acuerdos mínimos en favor de las mayorías. Esta forma de pensar requiere madurez política, una ciudadanía activa y un esquema social que exija resultados que superen cualquier polarización.

La frase con la que inicié esta colaboración —“Si queremos ir rápido, vayamos solos. Si queremos llegar lejos, vayamos juntos”— se convierte en un eje para la vida pública cuando buscamos avances sólidos y trabajo conjunto. En Chihuahua tenemos todo para llegar lejos, pero es obligación de todos los que tenemos responsabilidades sociales otorgadas por el servicio público imponer una voluntad de diálogo que vaya más allá de las ideologías partidistas.