Chihuahua cerró 2025 con 4 mil 338 personas ingresadas a los centros penitenciarios del estado. No es un dato menor. Lo coloca entre las entidades con mayor número de ingresos a prisión del país. Pero detrás de la cifra aparece una pregunta todavía más interesante y quizá más incómoda.
¿Por qué la inmensa mayoría de quienes delinquen son hombres?
Las estadísticas nacionales muestran que el 90.8 por ciento de las personas que ingresaron a prisión fueron hombres. Apenas el 9.2 por ciento fueron mujeres. Dicho de otra manera, por cada mujer que llegó a una cárcel, ingresaron casi diez hombres.
La diferencia es demasiado grande para ignorarla. Y antes de que alguien intente explicar el fenómeno mediante ideologías de moda, conviene observar los hechos. Los principales delitos cometidos por quienes ingresaron a prisión en Chihuahua fueron relacionados con armas y explosivos, homicidio y delitos contra la salud. No estamos hablando de faltas administrativas o infracciones menores. Estamos hablando de delitos graves.
Más preocupante aún resulta otro dato. El 67.5 por ciento de quienes ingresaron a prisión en Chihuahua eran personas sin antecedentes penales registrados.
Eso debería encender focos amarillos y rojos al mismo tiempo. Porque si la mayoría son personas que nunca habían estado en prisión, la pregunta deja de ser únicamente policial y se vuelve social. ¿Qué está ocurriendo para que miles de personas lleguen por primera vez al sistema penitenciario?
Y en una ciudad como Juárez, donde durante décadas hemos convivido con fenómenos de violencia, narcotráfico, pandillas, desintegración familiar, abandono escolar y adicciones, la pregunta adquiere todavía más relevancia.¿Por qué son hombres los que aparecen de manera tan abrumadora en estas estadísticas?
No parece ser una cuestión biológica. Tampoco basta culpar a la pobreza, porque millones de personas viven en condiciones difíciles sin cometer delitos.
Porque cuando casi diez de cada diez internos son hombres, estamos observando algo más profundo que un problema policiaco. Estamos observando una falla en los mecanismos de formación de miles de jóvenes antes de que lleguen a la edad adulta.
Mientras tanto, desde el gobierno federal se insiste en que la violencia disminuye. Y es posible que algunos indicadores le den la razón. Particularmente los homicidios muestran tendencias menos graves que en años anteriores.
Pero esa es solamente una parte de la realidad. La misma información oficial revela que durante 2025 los ingresos al sistema penitenciario aumentaron 19.2 por ciento respecto al año previo.
¿Significa eso que aumentó el crimen? No necesariamente. Podría reflejar más detenciones o mayor eficacia institucional.
Sin embargo, tampoco permite afirmar que el problema esté resuelto. Como todos los gobiernos, el actual suele destacar los datos que respaldan su narrativa y minimizar aquellos que la complican. Lo hicieron los gobiernos anteriores y lo hace el presente.
Por eso conviene observar el tablero completo. Porque la realidad no se reduce a los indicadores que aparecen en una conferencia mañanera. Y porque detrás de cada estadística penitenciaria existe una pregunta que todavía espera respuesta:
¿Por qué tantos hombres siguen encontrando el camino hacia la cárcel y tan pocos el camino hacia una vida productiva?
Fuera del Meollo.
Tren Interoceánico.
¡Milagro! ¡Milagro! ¡Está vivo! ¡Tiene vida propia! ¡Se movió!
Según la explicación oficial, el tren que sufrió el incidente simplemente "se movió". No se descarriló. No tuvo una falla. No ocurrió un accidente. Se movió.
Habrá que reconocer que estamos frente a un prodigio de la ingeniería moderna y de la ciencia. Porque normalmente los trenes no desarrollan voluntad propia.
Quizá en comunicación se olvidó que los trenes no toman decisiones. Alguien los opera. Así, El Meollo del Asunto.