La oposición vecinal contra el proyecto de expansión de la Interestatal 10 (I-10) en el área del Centro de El Paso volvió a escucharse con fuerza durante una conferencia de prensa realizada este martes, en la que residentes, líderes comunitarios y representantes locales denunciaron que la obra amenaza con profundizar desigualdades históricas y deteriorar la calidad de vida de miles de familias.

Vecinos de distintos barrios afectados aseguraron que no buscan opciones para “mejorar” el plan de TxDOT, sino detenerlo de raíz. “Lo que pedimos es claro: que se enfoquen en reparar la carretera, no en agrandarla”, expresó Rebeca León, de la asociación Francisco Javier, quien alertó que el proyecto impactará directamente a 25 comunidades donde la mayoría de los residentes son adultos mayores con problemas de salud como asma, enfermedades cardíacas y cáncer.

El proyecto de ampliación de la Interestatal 10, con un valor de 1,300 millones de dólares, sigue generando intensas posturas encontradas entre los habitantes de El Paso.

La propuesta conocida como “I-10 Revisada” contempla la adición de un carril y una vía de servicio en ambos sentidos, desde Executive Center hasta Copia Street, con inicio de construcción proyectado para 2027.

Aunque TxDOT asegura que el plan solucionará problemas de infraestructura y movilidad, una coalición de residentes teme que la expansión traiga consigo pérdidas irreparables.

Heridas históricas

Durante la audiencia comunitaria organizada por el Departamento de Transporte de Texas (TxDOT) en el Centro de Convenciones, se escucharon voces tanto a favor como en contra de la iniciativa que promete modernizar la principal arteria vial de la ciudad. Al finalizar, los opositores ofrecieron una conferencia de prensa para fijar su postura.

La abogada Verónica Carvajal, quien representa legalmente a los opositores, recordó que la construcción de la I-10 en los años cincuenta y sesenta separó a comunidades afroamericanas y mexicoamericanas, generando un legado de segregación, contaminación y pobreza.

“Estas colonias son las que más sufren de calor extremo, de inundaciones y de aire contaminado. Con esta expansión, ese sufrimiento se prolongará por décadas”, advirtió.

Carvajal agregó que TxDOT incumplió promesas de hace más de 30 años cuando se comprometió a fomentar transporte público y reducir el uso del automóvil. “Vimos inversiones en Houston y Dallas, pero no aquí. En El Paso seguimos apostando por más concreto, más camiones y más contaminación”, lamentó.

Daños sin reparar

Entre los testimonios, vecinos recordaron que la obra del proyecto I-10 Connect ya dejó daños visibles en viviendas y espacios comunitarios. “Afectaron calles y hasta la iglesia del sector, prometieron arreglar y nunca cumplieron”, señaló León.

Otros habitantes denunciaron que la ampliación significa la demolición de departamentos para familias de bajos recursos, centros culturales y negocios locales. “Ya lo vivimos con la escuela Zavala, cuando la carretera quedó más cerca y los niños empezaron a enfermarse de los pulmones”, recordó un residente.

La coalición Eastside Central, junto con organizaciones como Sembrando Esperanzas, hizo hincapié en el trasfondo histórico. “En los cincuenta nos dijeron que teníamos que vivir al sur. Primero vino el ferrocarril, luego la carretera, y cada paso fue una manera de dividirnos y borrar nuestras economías locales”, explicó uno de sus miembros.

Apoyo político

Los comisionados David Stout y Chris Canales se han sumado a la voz de los vecinos, exigiendo que TxDOT reconsidere el plan. “No podemos seguir repitiendo errores del pasado”, declaró Stout.

En contraste, TxDOT insiste en que la expansión traerá beneficios en movilidad y seguridad. Sin embargo, los opositores rechazan esa narrativa.

Testimonios de impacto personal

“Regresé aquí después de 45 años y descubrí que se estaban expandiendo y, nuevamente, me molestó considerablemente porque no quería ver el patrimonio y la historia de El Paso destruidos por esta expansión”, expresó Michael Davis, de la Coalición Central del Este.

Vecinos insistieron en que la ampliación podría provocar la demolición de viviendas, escuelas y espacios culturales. “Ese monstruo de la I-10 devora todo a su paso”, dijo otro residente.

Kathy Stout, integrante de la Coalición Comunidad Primero, también alertó sobre consecuencias para la salud. “Más carriles significan más tráfico, más camiones y más contaminación. Eso se traduce en más problemas respiratorios para la gente que ya vive en zonas afectadas”.

Voces a favor

No obstante, también hubo voces que defendieron la obra. Matthew Guzmán, habitante de Sunset Heights, pidió que el proyecto incluya accesos peatonales seguros. “Espero que también consideren el acceso peatonal desde Sunset Heights y las áreas adyacentes de UTEP y hospitales para garantizar que no perdamos la zona peatonal que todos buscamos”, declaró.

Otros asistentes señalaron que la ampliación podría aliviar los congestionamientos en el Centro de la ciudad y abrir la puerta a proyectos como el parque elevado Downtown Deck Plaza.

Defensa oficial

La vocera de TxDOT, Lauren Macías-Cervantes, reconoció los retos, pero defendió la necesidad de la obra. “Cualquiera que conduzca por esta zona puede ver claramente que hay parches en el pavimento. Este proyecto solucionaría eso”, afirmó, detallando que el plan incluye la elevación de puentes, la optimización de rampas y la adición de vías de servicio continuas.

Agregó que la autorización ambiental se espera para 2026 y que el inicio formal de construcción sería en 2028. “Hemos trabajado para minimizar el impacto en la comunidad”, aseguró.

Más allá de la infraestructura

Los manifestantes insisten en que esta no es una disputa técnica, sino social. “Este proyecto compromete a El Paso a un futuro de calor, inundaciones y contaminación”, concluyó Carvajal.

La audiencia pública evidenció la división entre quienes ven en la obra una modernización necesaria y quienes la perciben como una amenaza a su salud, su historia y su derecho a vivir en comunidades seguras.

“Tenemos que empezar a imaginar un mundo con menos contaminación, con menos desigualdad. Lo que propone TxDOT es exactamente lo contrario: condenarnos a un futuro peor”, señaló Carvajal.

Para los opositores, la disputa por la I-10 revive una vieja herida: la del progreso impuesto a costa de quienes menos pueden defenderse. No se trata solo de tráfico o infraestructura, sino de dignidad, salud y memoria colectiva.

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