El miedo volvió a marcar la vida de Albis del Carmen Silva, una migrante venezolana que, pese a contar con parole humanitario otorgado durante la Administración Biden, optó por huir de Estados Unidos tras la detención repentina de su hijo y su esposo por agentes de ICE, luego de casi dos años de residir en El Paso de manera legal.

Silva relata que el 27 de diciembre tomó la decisión más difícil: cruzar a México y refugiarse en Ciudad Juárez, acompañada de su nieta y su nuera, ante el temor de ser detenida y separada definitivamente de su familia. “Preferí huir antes de que vinieran por mí. No quería que se llevaran primero a mi hijo y luego a mi esposo... ya no veía otra alternativa”, dijo entre lágrimas.

La historia de Silva se inscribe en un clima de temor creciente generado por recientes operativos de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que –según organizaciones y testimonios– están empujando a familias migrantes a la autodeportación, incluso cuando se encuentran en procesos legales vigentes.

La familia llegó a El Paso el 14 de agosto de 2023, tras esperar casi un año en Ciudad Juárez. Ingresaron legalmente por un puente internacional mediante CBP One, obtuvieron formularios I-94, permisos de trabajo, números de Seguro Social y una audiencia migratoria programada para febrero de 2026.

Sin embargo, el 22 de noviembre, más de 15 agentes federales –algunos con el rostro cubierto y armas largas– acudieron al domicilio familiar en la avenida Alameda, en el Valle Bajo. Solicitaron que Yonaiker Alfredo Torrealba Silva, de 19 años, los acompañara para “revisar su trámite”. Nunca regresó. Fue trasladado al Centro de Detención de Otero, en Nuevo México, pese a no contar con antecedentes penales.

Días después, los agentes regresaron y detuvieron al esposo de Silva, Johan Alberto Morales, quien hoy permanece recluido en un centro de detención en El Paso, sobre la avenida Montana. Ambos portaban brazaletes electrónicos y cumplían con sus citas migratorias.

“Llegaron como si fuéramos delincuentes. Rodearon la casa, sacaron armas y se los llevaron sin explicaciones claras”, denunció Silva, quien asegura que no se respetó su proceso migratorio.

Prefirió incertidumbre al terror

Hoy, Silva pide la liberación de su hijo y su esposo, no para quedarse en Estados Unidos, sino para salir voluntariamente del país y reunirse en Ciudad Juárez. “No queremos quedarnos aquí. Queremos irnos juntos”, declaró. “Prefiero la incertidumbre en México que vivir bajo este terror constante”.

Silva, su nieta y su nuera Griselda viven en condiciones precarias en Ciudad Juárez. Agradecen el apoyo de un hombre que les brindó alojamiento en un cuarto donde apenas cuentan con un colchón inflable y una cobija. Dejaron todas sus pertenencias en El Paso, salieron “sólo con lo que traían puesto” y hoy piden apoyo de la comunidad con ropa, alimentos, muebles y artículos básicos.

El impacto en la familia es profundo. Griselda, esposa de Yonaiker, asegura que viven con miedo constante. “No dormimos”, dijo. La pequeña Jeysbel Valentina, de siete años, sufrió una crisis emocional tras presenciar las detenciones: dejó de comer, no quiere ir a la escuela y muestra signos de depresión.

“Yo le pedí a Santa Claus que suelte a mi papi y a mi abuelito”, dijo la niña, abrazando a su abuela. La Navidad, que esperaban celebrar juntos, se convirtió en “una Navidad de tristeza, dolor y desesperación”.

De Venezuela a EP, y de regreso a México

Silva afirma ser una de los más de 10 millones de venezolanos que han huido de su país. Recuerda que en Venezuela su esposo tenía un taller de carrocería y fue víctima de extorsiones; estuvo a punto de perder la vida tras un secuestro. “Denunciar no es fácil. Allá los colectivos eran la ley”, sostuvo.

Desde Caracas, familiares les informan que tras la acción militar de Estados Unidos y la captura de Nicolás Maduro, la ciudad permanece prácticamente sitiada, con patrullajes intensificados. “Desde las 12 de la noche hay soldados en las calles y la gente tiene miedo de lo que pueda ocurrir”, relató Silva. Aun así, dice celebrar la intervención y considera que “falta que caiga todo el grupo” para que Venezuela alcance la paz.

Silva no descarta regresar a Venezuela cuando existan condiciones de seguridad y estabilidad con los gobernantes que –afirma– ganaron las pasadas elecciones. “Hay esperanza de volver a nuestro país”, dice. “Ojalá se termine lo que empezó y Venezuela sea libre”, esto al referirse a las acciones implementadas por el Gobierno de Estados Unidos que terminaron con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Un futuro incierto

Mientras tanto, su deseo inmediato es la liberación de su hijo y su esposo, poder trabajar y recomenzar en Ciudad Juárez junto a su familia, lejos del miedo. “No somos delincuentes. Somos una familia trabajadora que buscó protección”, concluyó tras solicitar la ayuda de la comunidad. Las personas que deseen ofrecer un donativo a la familia Silva pueden llamar al teléfono: (915) 626-7470.

A su lado, la pequeña Valentina espera que su deseo se cumpla pronto: volver a abrazar a su padre y a su abuelo, en este año que apenas comienza.